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Pequeñas granjas forestales en Filipinas

Comparación de dos programas de crédito

E.L. Hyman

E.L. HYMAN, experto en planificación del ambiente, presta servicios en la Oficina de Evaluación de Tecnología del Congreso de los Estados Unidos. Este artículo resume su labor en Filipinas, subvencionada por el Instituto de Política y Ambiente del Centro Oriente-Occidente de Honolulú Hawaii. El autor agradece especialmente la asistencia de E. Seggay, B. Bareng, R. Joves y C. Sarsadias, del Banco de Fomento de Filipinas.

La importancia cada vez mayor de la silvicultura para el bienestar económico, social y ambiental de los países en desarrollo ha obligado a los organismos de asistencia internacional y a los gobiernos a buscar nuevas formas de estimular el cultivo de árboles. Una de ellas es eliminar las restricciones financieras que impiden a los pequeños propietarios privados establecer granjas forestales, incluso cuando las ganancias potenciales son cuantiosas. Conjuntamente con el Banco de Fomento de Filipinas (DBP), el Banco Mundial eligió este método orientado hacia el mercado para aplicarlo a dos proyectos agrosilvícolas. Este artículo se basa en el análisis de un estudio por muestreo de participantes en los proyectos, y en entrevistas a los funcionarios de los proyectos.

El primer proyecto comprende la concesión de préstamos a los pequeños propietarios de tierras aledañas a la fábrica de la Empresa de Industrias Papeleras de Filipinas (PICOP), para la producción de madera para pasta. El segundo proyecto trata de reducir la escasez de leña que afecta a los pequeños productores de tabaco de otra región del país. Los otros componentes del segundo proyecto, localizados en distintas partes del país y que aquí no se analizan, son: madera para carbón vegetal de uso industrial, hojas para forraje y financiamiento constante del cultivo de árboles destinados a la producción de madera para pasta con arreglo al proyecto de la PICOP. El segundo proyecto amplía el número de posibles beneficiarios e incluye a los «kaingineros», campesinos sin tierras que practican la corta y quema.

Los países u organismos de asistencia interesados en aplicar este método deben conocer la experiencia adquirida con estos proyectos, y los diferentes factores concretos que influyeron en su éxito parcial, en un caso, y en su fracaso, en el otro. Esta comparación destaca los posibles peligros que plantea aplicar un modelo de desarrollo, útil en una cierta región, a las condiciones distintas de otra, incluso en un mismo país. Otra cuestión clave es si este método puede mejorar la condición de los kaingineros, quienes se diferencian de los pequeños propietarios tanto en lo económico como en lo social y cultural.

I. El proyecto de la PICOP

La PICOP es la única productora nacional de papel de periódico, y una importante productora de papel en Filipinas. Es una de las pocas empresas productoras de pasta y papel que emplea frondosas tropicales de fibra corta como materia prima principal. Tras agotar la madera «roja» para pasta (Shorea negrosensis y Eucalyptus deglupta) de la concesión que recibió del Gobierno filipino, la PICOP comenzó en 1968 a persuadir a pequeños propietarios vecinos para que cultivasen árboles, garantizándoles asistencia técnica y un precio de compra mínimo para una especie «blanca» de crecimiento rápido (Albizzia falcataria). El programa sólo cobró impulso desde 1972, cuando la PICOP concertó un acuerdo con el Banco de Fomento de Filipinas para la concesión de préstamos a los participantes en el proyecto. El programa se amplió en 1974, cuando el Banco Mundial concedió un préstamo de 2 millones de $EE.UU. para su financiamiento. Se ofrecieron préstamos a los silvicultores para cubrir el 75% de los gastos de desarrollo y mantenimiento de las granjas forestales (excluidos los gastos de adquisición de tierras o los costos de la cosecha); el otro 25% lo aportarían los silvicultores en forma de mano de obra familiar.

El objetivo fundamental del proyecto del Banco Mundial es suministrar 284000 m3 de madera para pasta a la fábrica de la PICOP en 1985, aproximadamente el 44% de su demanda Para ello se requieren unas 10430 ha de nuevas plantaciones de árboles.

El proyecto PICOP

Aspectos positivos

Existe un mercado seguro.

Hay buena asistencia técnica.

Se fomenta la adhesión de participantes, mediante una amplia propaganda.

Ya existe una infraestructura básica para el suministro de plantines, y para el cultivo de árboles en general.
Los pequeños propietarios pueden producir madera para pasta a bajo costo.

La tierra se destina a una utilización de mayor valor.

Aspectos negativos

Los costos de la cosecha no se incluyen en el financiamiento.

No se prevén los períodos críticos.

El control de los precios por parte del Gobierno limita el precio de la madera para pasta al pie de fábrica.

Se seleccionó una especie propensa a sufrir daños durante los tifones.

Debido a la inflación, la cuantía de los prestamos concedidas no puede cubrir el costo de las actividades del cultivo de árboles prescritas en las condiciones de los préstamos. anual.

El segundo objetivo es que los pequeños propietarios de tierras obtengan ingresos adicionales.

El tercer objetivo es proporcionar trabajo asalariado a un buen número de kaingineros que habitan en la zona del proyecto. No obstante, el proyecto de la PICOP no prevé la concesión de préstamos para el desarrollo forestal a quienes no poseen tierras.

El cuarto objetivo es mejorar la calidad del ambiente impidiendo el agotamiento de los bosques y manteniendo la cubierta forestal en tierras privadas supuestamente marginales o submarginales para la agricultura.

El proyecto se concibió como un sistema permanente de ordenación agrosilvícola basado en el control de la zona. Según el plan original, los pequeños propietarios debían: i) sembrar el 80% del lugar con A. falcataria en un período de cuatro años, ii) mantener un espaciamiento de 4 × 4 m; iii) aplicar fertilizantes dos veces al año durante el primero y segundo años, iv) escardar tres veces al año durante los dos primeros años y eliminar las malezas en años posteriores; y v) cosechar cada año la octava parte de la superficie plantada a partir del noveno año hasta el decimoquinto.

El acuerdo de préstamos creó un mercado seguro para la madera, puesto que la PICOP convino en comprar toda la madera para pasta producida en las tierras financiadas (de árboles de ocho años o más) a un dado precio mínimo de madera en pie. La PICOP se encarga de proporcionar los plantines y la asistencia técnica a los participantes, así como de parte de la construcción de caminos y de la lucha contra los insectos en la zona del proyecto. También paga un pequeño subsidio para la carga de los troncos y los gastos de transporte desde tierras situadas hasta 70 km de distancia de la fábrica.

El área del proyecto abarca un radio de 100 km desde la fábrica de Bislig Bay en la isla de Mindanao. Para el otorgamiento de créditos, se considera que una granja forestal económicamente viable debe tener una extensión mínima de 5 ha. Los solicitantes deben poseer el título de propiedad de las tierras, o demostrar que son sus ocupantes legales. Los préstamos devengan un interés del 12% si se ofrece el terreno como garantía, y del 14% en los demás casos. Las tierras sujetas a arrendamientos de patente libre o familiar no se aceptaron como garantía de préstamos hasta 1975, cuando se revocó esta política dado que limitaba la participación en el proyecto. Hay un período de gracia de ocho años para reembolsar el préstamo. La PICOP deduce el monto del reembolso de la suma pagada a los silvicultores por la cosecha.

Participantes. De los 3805 silvicultores incorporados por la PICOP en enero de 1981, 1159 (más del 30%) recibieron financiamiento del Banco de Fomento de Filipinas. Más del 62% de las granjas forestales financiadas tenían 10 ha o menos, mientras que apenas el 9% sobrepasaba las 26 ha, la extensión promedio era de 11 ha. Prácticamente todos los prestatarios poseían ya la tierra de sus granjas, lo que eliminó el problema de los litigios por la tenencia de tierras, pero impidió que el proyecto alcanzara a los pobres sin tierras. Aunque pocos de los prestatarios son ricos, los ingresos promedio declarados por los participantes en el muestreo (8700 pesos; 1$EE.UU. = 9,4 pesos en diciembre de 1982), exceden el promedio nacional de 3179 pesos, y por lo general los entrevistados en una encuesta reconocen ingresos inferiores a los reales. Las plantaciones se encuentran a una distancia media de 1,3 km de las vías de transporte, y a 58 km de la fábrica de la PICOP. La mayor parte de la fuerza de trabajo para la plantación y la recolección proviene de las familias propietarias de la tierra, aunque se contrata alguna mano de obra en los períodos críticos.

En orden descendente, las tierras seleccionadas para el estudio se habían utilizado antes para el cultivo de productos alimenticios, productos no alimenticios, árboles frutales, leña, madera para construcciones, y madera para pasta. Sólo el 25% de las tierras habían sido baldías o estaban cubiertas de especies herbáceas de poca importancia económica (Imperata cylindrica). El empleo de estas tierras para el cultivo de árboles es, pues, oportuno. En su mayor parte, el proyecto contribuyó a aumentar el valor de uso de la tierra, más que a ampliar la superficie cultivada.

Cambios del proyecto durante su ejecución. Durante la ejecución, se cambiaron algunos aspectos del proyecto, en lo relativo al período de plantación de los árboles, al método agrosilvícola, a la frecuencia de fertilización y escardadura, y al programa de cosecha.

El programa escalonado de siembra demostró ser poco práctico. La mayoría de los silvicultores sembraron toda la superficie a la vez, por buenas razones: menores necesidades de mano de obra y de capital para el desmonte, la siembra y el cuidado de árboles coetáneos.

El método agrosilvícola previsto nunca se aplicó en realidad. Debido a la política del Banco de Fomento de Filipinas, contrario a mezclar los propósitos de los préstamos, no se concedió el 20% correspondiente al financiamiento de otros cultivos o de ganado. Los participantes interesados en desarrollar otras fuentes agropecuarias deben solicitar otros créditos. La administración de la PICOP y algunos silvicultores manifestaron que es mejor dedicar más recursos al cultivo de árboles, porque es más lucrativo y requiere menos mano de obra.

Prácticamente ninguno de los silvicultores aplicó fertilizantes adicionales a sus tierras, y pocos las escardaron con la frecuencia recomendada porque, a su juicio, no era necesario; no sorprende que varias de las granjas forestales inspeccionadas resultaran mal mantenidas en cuanto a escardadura y eliminación de malezas.

El problema más grave del diseño del proyecto fue el ciclo de tala, que provocó crisis en el período de la cosecha. Como los silvicultores sembraron toda la superficie a la vez, cosecharon a los ocho años para recuperar sus inversiones lo más pronto y sencillamente posible. Los silvicultores no veían razón alguna para dejar que los árboles crecieran más, puesto que la PICOP no ofrece primas por árboles de más edad, aunque los troncos de catorce años son más valiosos porque se pueden exportar.

Trozas de ocho años de edad para ea fabricación de papel de periódico - gracias a la PICOP, un amplio mercado es garantía de ventas

Producción agregada. De haberse alcanzado todas las metas, las tierras financiadas habrían producido 3137700 m3 sólidos de madera para pasta con un rendimiento de 250 m3/ha, o 2510200 m3 con un rendimiento de 200 m3/ha. Aunque el informe de evaluación del proyecto (Banco Mundial, 1974) supone el menor de los dos rendimientos, la PICOP declara que se puede esperar el rendimiento mayor si los árboles no sufren daños. Estas granjas financiadas debían producir el 58% de la madera que la PICOP obtiene de los pequeños productores. Debido al tifón de 1982, la producción real será menor que la prevista.

Resulta difícil estimar cuánta tierra se habría destinado al cultivo de árboles, de no existir los préstamos. Como una parte considerable de los silvicultores no solicitaron créditos al Banco de Fomento de Filipinas, no pudo haber sido éste el único factor que influyó en la incorporación al proyecto. Empero, para algunos silvicultores de ingresos medios habría sido difícil sufragar gastos superiores a 10000 pesos por cinco hectáreas plantadas.

Los beneficios económicos netos del proyecto dependen de: i) si los cultivadores siguen las prácticas prescritas para el cultivo de árboles, o fertilizan y escardan de manera más tradicional; ii) el rendimiento previsto; iii) los índices de mortalidad. Siguiendo las prácticas típicas de cultivo de árboles, el rendimiento interno sería del 31% con alto rendimiento (250 m3 sólidos por hectárea), o del 22% con bajos rendimientos (200 m3 sólidos por hectárea). Estas cifras descienden a 18% y 10% respectivamente si se siguen las prácticas de cultivo recomendadas. Incluso cuando los rendimientos son menores debido a una menor actividad de mantenimiento, el ahorro en mano de obra compensa las pérdidas si se valora la ayuda familiar según los salarios de mercado. Cuando la mano de obra se calcula a un precio de cuenta para estimar los costos sociales que implican los trabajadores subempleados, las prácticas recomendadas parecen más eficaces en función de los costos. Todos estos cálculos suponen un índice de mortalidad del 20% de los plantines durante el primer año, que se vuelven a sembrar el segundo año, y no suponen mortalidad posterior de los árboles. Como las estimaciones se basan también en la supuesta submarginalidad de las tierras agrícolas, debe descontarse cualquier ingreso derivado de la utilización anterior de las tierras.

Por supuesto, los beneficios económicos del cultivo de árboles son muy sensibles a los precios al pie de fábrica, que en agosto de 1981 eran de 77,25 pesos por m3 sólido, incluido el subsidio de carga. Muchos cultivadores afirmaron que eran precios demasiado bajos en relación con los costos de la cosecha. No obstante, la PICOP declaró que no podía aumentar el precio debido a los controles gubernamentales sobre los precios del papel de periódico producido con la madera para pasta. Si un tercero ofrece precios más altos, los cultivadores de árboles no están obligados a vender a la PICOP, pero deben notificarlo de antemano. Dugan (1982) señala otros posibles mercados para A. falcataria en Taiwan (China), Japón, la República Democrática Popular de Corea, y la República de Corea, para productos diversos del papel, aproximadamente al triple del precio que ofrece la PICOP. En la actualidad, los cultivadores no tienen acceso a un mercado opcional organizado en la región. Como los cultivadores de árboles que deciden vender a la PICOP deben obtener de ella permisos de cosecha, desean mantener buenas relaciones con la empresa.

Unos de los más graves problemas del proyecto han sido los costos y períodos críticos de la cosecha. Los contratistas de cosecha escasean, porque el lucrativo lavado de oro en el río Agusan atrae a los posibles trabajadores, y los gastos en equipos de cosecha son elevados. Además, como el financiamiento no incluye los costos de cosecha, los cultivadores de árboles que tienen problemas de flujo de fondos están a merced de contratistas que acepten pagos diferidos a cambio de una amplia participación en el valor excedente. Es usual asignar a los contratos de cosecha el 45% del precio de la madera para pasta al pie de fábrica. Este problema no se previó en el plan original del proyecto, porque se esperaba que la mano de obra familiar cosechara la octava parte de las tierras todos los años durante ocho años. Muchos cultivadores también se quejaron de las demoras en el acarreo; se requieren mejores arreglos con el sector privado para la cosecha y el acarreo

Plantines de ipil-ipil gigante en el vivero del proyecto de Ilocos - especie de crecimiento rápido cuya madera se aprovecha como leña

En segundo lugar, muchos cultivadores de árboles consideraban que otros cultivos, en particular el café, la palma de aceite, el caucho y otro árbol, Leucaena leucocephala, serían más lucrativos. Por esta causa, sólo el 38% de los cultivadores de árboles entrelistados en 1981 declararon que continuarían cultivando A. falcataria después de la cosecha. Otro 12% dijo que esto dependería de aspectos específicos del acuerdo o de sus propias circunstancias individuales. Quienes deseaban participar de nuevo en el proyecto apreciaban la poca atención que requiere A. falcataria («cultivo de haraganes»). Muchos de ellos vivían a cierta distancia de sus granjas.

Otro factor crítico, aunque no relacionado con el diseño del proyecto, fue el tifón de 1982 en la zona de Bislig. A. falcataria es un árbol frágil que no soporta los vientos fuertes, y la zona del proyecto se consideraba situada fuera del cinturón de tifones, y caracterizada por precipitaciones uniformes durante todo el año, a diferencia de la mayor parte de Filipinas. Esta tormenta provocó daños por valor de 200 millones de pesos en los cultivos de árboles tanto de los pequeños propietarios como de la concesión de la PICOP. Un total de 1,6 millones de m3 de madera sufrió daños, y pudo recuperarse 1,2 millones de m3. La PICOP prevé aceptar solo 342000 m3 de la madera recuperada por los pequeños propietarios, y utilizar 679500 m3 de su propia concesión. Como resultado de ello, muchos cultivadores de árboles tendrán dificultades para reembolsar los créditos, y ya se vislumbran conflictos políticos locales (Pérez, 1982). Los agricultores saben que los tifones son raros en la zona del proyecto, por lo que el clima en sí no constituirá un obstáculo para su participación futura en el cultivo de árboles; empero, los posibles participantes tal vez consideren que la compañía no defenderá sus intereses en caso de calamidad, y los participantes actuales pueden ser desalentados por la magnitud de sus pérdidas.

Con respecto a otros factores naturales de riesgo, sólo el 8% de los entrevistados señalaron problemas de plagas o enfermedades, pero el 64% tuvo dificultades para proteger sus árboles del pastoreo animal.

Una de las razones principales del buen desarrollo de los árboles (antes del tifón), fue la eficaz asistencia técnica y supervisión que la PICOP prestó a los agricultores, incluyendo la contratación de un funcionario sectorial por cada 173 cultivadores que visitó las granjas, sostuvo reuniones mensuales con las asociaciones de cultivadores de árboles, y matuvo un programa radial diario.

En segundo lugar, la existencia de un mercado seguro promovió el cultivo de árboles. La garantía de un precio mínimo no bastaba por sí misma, debido a la inflación, más importante era la disposición a ajustar sistemáticamente el precio y el monto de los préstamos para compensar la inflación. En tercer lugar, el proyecto del Banco Mundial aprovechó la experiencia anterior del Banco de Fomento de Filipinas y de la PICOP en la zona. La infraestructura básica para el suministro de plantines y el cultivo de los árboles ya existía en la zona del proyecto, y se disponía de datos fidedignos sobre costos y rendimientos de las tierras sembradas de A. falcataria.

Para la PICOP, el proyecto fue un éxito: redujo la incertidumbre en el suministro de insumos esenciales para el funcionamiento continuo de la fábrica, y resultó una forma poco costosa de acceso a la madera para pasta, con pocos gastos generales fijos y de mano de obra. Antes del conflicto motivado por el tifón, el proyecto sirvió también para mejorar las relaciones públicas de la compañía, lo que tiene importancia especial dada la frecuente presencia de agitadores del «Nuevo Ejército Popular» en la zona del proyecto.

Desde el punto de vista de los participantes, el proyecto fue un éxito relativo, principalmente debido al tifón, al bajo precio de compra y a los gastos de la cosecha. Si estos problemas pudieran resolverse en beneficio de los cultivadores, el proyecto podría continuar en el futuro, y beneficiaría a los pequeños propietarios y a la compañía por igual.

II. El proyecto Ilocos

El proyecto Ilocos es parte de un préstamo de 4,4 millones de $EE.UU. concedido por el Banco Mundial al Banco de Fomento de Filipinas en 1978. Conforme a una variante del modelo de la PICOP, el préstamo se financia 8000 ha de árboles cuya madera se destina a combustible en la región de (locos, Luzón septentrional, así como otras 20600 ha con diversos fines en otras partes del país, que no se analizan en este artículo.

La región de Ilocos es el centro de producción del tabaco filipino tipo Virginia, cuyo proceso de cura consume grandes cantidades de leña. El veguero tipo posee menos de 0,75 ha y cura personalmente su tabaco antes de venderlo a empresas privadas o públicas. Los hogares también encaran una creciente escasez de leña para las necesidades domésticas. (locos es una de las regiones más deforestadas del país (Centro de Ordenación de Recursos Naturales de Filipinas, 1977).

El objetivo principal del proyecto Ilocos es el abastecimiento anual de 360000 m3 sólidos de madera para combustible, empleando métodos de rendimiento sostenido. Un segundo objetivo es proporcionar ingresos netos adicionales y empleo a los pobres de las zonas rurales. En tercer lugar, el proyecto se propone mejorar la calidad del ambiente, logrando que las tierras ociosas o cubiertas de cogón recobren su productividad. En cuarto lugar, un objetivo de equidad limita los cultivos a un máximo de 50 ha, con no más del 25% de la zona financiada en plantaciones mayores de 25 ha. Al contrario del proyecto PICOP, los kaingineros sin tierras pueden participar en este programa de préstamos si poseen permisos de ocupación de tierras públicas concedidas por la Oficina de Desarrollo Forestal. En 1975, el decreto presidencial 705 eliminó la amenaza de proceso judicial a los kaingineros ocupantes de tierras, si obtenían permisos para permanecer en ellas y cumplían el código de ordenación de la ocupación de montes. En 1982, en virtud del nuevo «Programa de subsistencia» del Gobierno, se empezó a prestar mayor atención a la «ayuda en el lugar» de los kaingineros, en vez de tratar de reubicarlos.

El proyecto financia el 90% de los costos de desarrollo del cultivo (pero no la adquisición de tierras ni las cosechas) de un árbol leguminoso de crecimiento rápido, el ipil-ipil gigante (Leucaena leucocephala). El período de gracia para el reembolso del crédito es de cuatro años. Los préstamos devengaban los mismos intereses que en el proyecto de la PICOP hasta fines de 1981, cuando el interés de los préstamos garantizados se elevó al 15%. A partir de 1979, se aceptaron créditos mobiliarios en lugar de tierras como garantía colateral para la producción futura de leña, y así los kaingineros pudieron optar por el tipo de interés de los préstamos garantizados, que era más bajo.

Aspectos positivos

Hay demanda de leña tanto para las familias como para las pequeñas industrias.

Los pobres sin tierras pueden participar en el proyecto.

Como producto secundario se fija el nitrógeno.

Se seleccionó una especie que fija el nitrógeno.

Aspectos negativos

No toma en cuenta la actitud cultural local en cuanto a contraer deudas.

A causa de una publicidad inadecuada, las personas que más necesitan del proyecto no saben que pueden participar en él.

La mano de obra contratada no se supervisa adecuadamente.

Los participantes no están familiarizados con el cultivo de árboles, y no cuentan con asistencia técnica ni servicios de extensión.

Las condiciones del suelo no son favorables, y no se realizan análisis de los suelos.

Es difícil controlarlos animales que pastan.

Las envidias y rivalidades políticas dan origen a incendios premeditados.

La dispersión del mercado de leña da por resultado altos costos comercialización.

El plan de cultivo de árboles se basa en «rotaciones de monte bajo». En otras palabras, los árboles se cortan a los cuatro años, a una altura de treinta centímetros, y se los deja retoñar durante ciclos de corte de tres o cuatro años. La Oficina de Desarrollo Forestal suministra los plantines, que se plantan a intervalos reducidos de 1 × 2 m. Se supone que las tierras son submarginales para la agricultura; por tanto, los cultivadores emplearán fertilizantes durante los dos primeros años. En los tres primeros años será preciso desherbar y ralear. La Oficina de Industrias de Plantas (BPI) suministra a los cultivadores servicios de fertilización y extensión, a cambio de cupones del Banco de Fomento de Filipinas (Banco Mundial, 1977). A diferencia del proyecto de la PICOP, los cultivadores de árboles de (locos no están vinculados con un comprador dado, ni reciben asistencia del Banco de Fomento de Filipinas para la comercialización.

Los participantes de la región de (locos son propietarios de tierras. Aunque los kaingineros podían también solicitar crédito, ninguno lo hizo. El 80% de los participantes declaran ingresos familiares anuales de más de 6000 pesos, y el 65%, más de 10000 pesos. Aunque no son ricos, superan los ingresos medios de la región y del país. La extensión media de las tierras financiadas es de 12,5 ha, mientras que la media general es de 8 ha.

Los terrenos dedicados al cultivo de árboles suelen estar en mesetas distantes de los centros de cultivo de tabaco situados a lo largo de la llanura costera, a menudo lejos de los lugares de residencia de los participantes en el proyecto. Antes de sembrar ipil-ipil, sólo el 5% de las tierras eran baldías. En orden descendente, las tierras habían servido para pastoreo, explotación de árboles silvestres para leña, postes y cultivo de arroz o de árboles frutales.

Cambios del proyecto durante su ejecución. El cambio principal aportado al proyecto ha sido la necesidad de ampliar la zona inicial de su implantación a todo el país, debido al bajo índice de participación en la región del proyecto.

Algunos cultivadores eliminaron etapas de cultivo, y prefirieron la siembra directa en lugar del trasplante de plantines, pero en general no lograron plantaciones viables. Pocos cultivadores realizaron la fertilización y el deshierbe como se había recomendado. El sistema de cupones para los servicios de fertilización y extensión, previsto en el plan del proyecto, de hecho nunca se aplicó, a pesar del memorando de acuerdo suscrito por el Banco de Fomento de Filipinas y la Oficina de Industrias de Plantas.

En abril de 1981, sólo 36 participantes se habían integrado al proyecto, que abarcaba un total de 442 ha; poco más del 30% de esta superficie corresponde a terrenos de más de 25 ha. Desde el punto de vista económico, las plantaciones estatales hubieran sido mejores para suministrar a la industria tabacalera y a los hogares la madera necesaria, pero no hubieran servido para lograr los objetivos sociales del proyecto.

El bajo índice de participación en el proyecto se debió a la actitud de los cultivadores ante las deudas, la insuficiente propaganda, la competencia de otros programas gubernamentales de cultivo de árboles, los criterios acerca de los requisitos de tierras en garantía, y las restricciones de la dimensión de las granjas.

Los granjeros propietarios de tierras de Ilokano prefieren no pedir créditos bancarios. En lugar de ello, recurren a sus propios ahorros, relativamente elevados, y al capital de sus parientes. En algunos casos, cuando los miembros de la generación joven están dispuestos a pedir créditos, no lo están los más ancianos de la familia, que tienen los títulos de las tierras.

Además, los kaingineros son agricultores de subsistencia y no están acostumbrados a una economía monetaria; no es de extrañar que recelen de créditos que pueden atarlos al gobierno y llevarlos a la cárcel si no los reembolsan. Aparte de cubrir los costos materiales y de mano de obra que supone el cultivo de árboles, tienen que satisfacer además sus necesidades diarias de alimentos, y no poseen ahorros que les permitan correr riesgos.

Uno de los solicitantes, un periodista, atribuyó a la poca propaganda el bajo índice de participación en el proyecto. La mayoría de los solicitantes supieron del proyecto por boca de otros participantes o amigos y parientes, y no por anuncios radiofónicos, artículos periodísticos, o reuniones públicas. Tal vez una campaña más amplia hubiese despertado el interés de más personas y no solamente el del grupo privilegiado. Tampoco hubo un programa especial para los kaingineros que viven en zonas apartadas y no cuentan con muchos medios de difusión. Es preciso llegar a los kaingineros mediante la comunicación directa con personas que hayan sabido ganarse su confianza con el tiempo.

Parte de la demanda del cultivo de árboles en la región ha confluido en otros programas gubernamentales. Por ejemplo, la Oficina de Desarrollo Forestal arrienda un pequeño número de parcelas públicas de una hectárea para la agrosilvicultura, pero no concede préstamos.

La opinión pública sobre los requisitos de tierras como garantía puede haber constituido una barrera, pese a que la política de garantías de este proyecto es mucho más liberal que la del proyecto de la PICOP. El Banco de Fomento de Filipinas trató de ayudar a concertar arriendos de tierras públicas para los posibles participantes, pero la Oficina de Desarrollo Forestal (BFD) no estaba interesada en arrendamientos individuales pequeños, que definió como los de menos de 1000 ha, y deseaba que los cultivadores de árboles hipotecaran el 20% de la superficie arrendada como garantía.

Las restricciones en cuanto a la dimensión máxima de los cultivos dificultaron el cumplimiento de las metas de siembra de árboles. Malliari (1981) observa que muchos filipinos imitaron los ejemplos de los grandes terratenientes: éste fue el criterio de varios participantes, que mencionaron un gran cultivador de árboles como fuente de información para el proyecto. Como los pequeños propietarios son reacios a los riesgos y poseen un capital limitado, desean estar seguros de que la empresa sea económicamente válida.

El análisis económico de este proyecto está muy ligado al pronóstico de su rendimiento (Hyman, en prensa [a]). Los cuadros estándar muestran un rendimiento base de 123 m3 sólidos por hectárea para el ipil-ipil gigante en el lugar clase 13 en Filipinas (Bonita, 1981). El «rendimiento medio» supone un 100% de sustitución de plantines muertos. El «rendimiento bajo» estima una mortalidad neta de plantines del 30%. El análisis económico refleja también el índice salarial, ya que la mayor parte de los costos corresponden a la mano de obra. Hay algunas variaciones en los salarios pagados por trabajos ocasionales o diarios; los salarios comunes oscilaron entre 13 y 18 pesos diarios por persona, incluido un subsidio para alimentos. Con el «rendimiento medio», el índice de rentabilidad interna de los cultivadores de árboles sobrepasa el 18% de ambos índices salariales. Con el «rendimiento bajo», que se aproxima más a la realidad, el índice de rentabilidad sobrepasa el 14%. Ahora bien, de estas cifras se deben deducir los costos de oportunidad que supone transformar la tierra para el cultivo de árboles.

La mortalidad de los árboles de los participantes en el proyecto de (locos ha sido bastante elevada: aproximadamente la mitad de los agricultores estimaron la mortalidad en más de un 40%, debido sobre todo a las condiciones naturales desfavorables, la falta de conocimientos sobre el cultivo de árboles, las malas relaciones laborales entre los trabajadores agrícolas y los dueños ausentistas, el pastoreo de animales, la dispersión del mercado de la leña, y el subdesarrollo infraestructural.

En general, los suelos de la región de (locos son pobres, rocosos y ácidos. Aunque se sabe que un pH bajo del suelo generalmente retarda el crecimiento del ipil-ipil, todos los programas forestales de Filipinas han mostrado un optimismo excesivo (Hyman, en prensa [b]). No se analizan los suelos antes de conceder los préstamos, y las repetidas aplicaciones de cal para elevar el pH resultarían muy costosas debido a la falta de fuentes comerciales en la región y a la mano de obra adicional necesaria.

El clima ha sido también un problema. En la región de (locos la temporada de sequía es muy larga, de siete a ocho meses, seguida de un período de intensos monzones y tifones destructivos.

La mayor parte de los participantes no tenían experiencia forestal previa, y las dos terceras partes nunca fueron visitados por un silvicultor o por un funcionario de extensión que los asesorara sobre el cultivo de árboles; en este sentido los organismos gubernamentales responsables fueron negligentes.

Muchos de los participantes viven en zonas urbanas distantes de sus tierras y confiaron la administración a otra persona. En algunos casos la medida dio resultado, pero con frecuencia condujo a una supervisión inadecuada de trabajadores con escasa motivación y bajo salario.

Casi el 44% de los participantes ha tenido dificultades para proteger los árboles de los animales de pastoreo (carabaos, cabras y vacas), o de los roedores.

En el mercado local existe sin duda demanda para la producción, pero algunas de las plantaciones se encuentran en lugares remotos y los precios de venta a pequeños cultivadores de tabaco y a familias serían elevados. La localización de pequeños compradores podría resultar inconveniente para los cultivadores de árboles. Además, la madera es un producto voluminoso y su transporte es costoso.

Cinco parcelas cultivadas fueron destruidas totalmente por incendios. En estos casos se sospechó que el fuego pudiera haber sido intencional, a causa de envidia por razones económicas, o por conflictos políticos o sociales.

Un 17% de los cultivadores de árboles criticaron a los funcionarios de la filial del Banco de Fomento de Filipinas, calificándolos de «nada cooperativos» y de «poco serviciales», y deploraron la rigidez de los requisitos de garantía, la restricción de los programas de ayuda o las exigencias excesivas para conceder los préstamos, y además la disposición a cancelar con demasiada prontitud concesiones de préstamos o a declarar morosos a los prestatarios y obligarlos a un reembolso inmediato. La mayor parte de estas críticas al Banco de Fomento de Filipinas provenían de participantes que no se beneficiaron con el proyecto.

III. Financiamiento de las pequeñas granjas forestales

De estos dos proyectos pueden deducirse algunas pautas generales para el financiamiento de las pequeñas granjas forestales.

En condiciones adecuadas, el crédito puede ser un incentivo útil para fomentar el cultivo eficaz de árboles por parte de pequeños propietarios. Sin embargo, es necesario prestar especial atención a los factores culturales locales y a los insumos y servicios complementarios que se proporcionan a los prestatarios; de otro modo, un proyecto de esta índole sería afectado inexorablemente por una escasa participación o por altos índices de fracaso o morosidad. Es improbable que préstamos con intereses elevados, aun si subsidiados, puedan constituir un incentivo suficiente para agricultores pobres y sin tierras que no pueden correr riesgos.

Una de las condiciones importantes para el éxito del cultivo de árboles por parte de pequeños propietarios, es la presencia de una institución de cooperación que participe activamente en el apoyo del proyecto y la comercialización de la producción. En algunos países puede requerirse una empresa responsabilizada que tenga un interés económico directo en el éxito de los cultivos; sin embargo, un organismo gubernamental activo con recursos suficientes puede dar excelentes resultados, como demuestran las experiencias en la República de Corea (Gregersen, 1982) y en Gujarat, India (Khanchandani, 1981). En la península escandinava, algunas compañías papeleras funcionan mediante cooperativas de cultivadores de árboles que los agricultores organizan para protegerse económicamente y mejorar su desempeño. El éxito de las cooperativas depende de los valores culturales locales, y de su aceptabilidad política. Las cooperativas han tenido poco éxito en Filipinas, dada su tradicional orientación hacia la familia. La asistencia técnica es un factor crítico, porque el cultivo de árboles es una actividad nueva para la mayor parte de los participantes.

Para estimular la participación, las políticas de fijación de precios de la madera deben ser justas. Si la infraestructura disponible es escasa, o si el sector privado es explotador, se deben hacer arreglos para la cosecha y el transporte de la madera. Será necesario desarrollar amplias campañas publicitarias para asegurar la participación, campañas que deben llegar directamente a los pobres de las zonas rurales que viven en lugares apartados. El diseño del proyecto deberá ser más flexible si se desea incorporar a las personas sin tierra y no sólo a los residentes educados y más acomodados de las aldeas y las ciudades de provincia.

Los factores naturales pueden limitar el cultivo de árboles, aunque sus efectos pueden reducirse al mínimo mediante la siembra de árboles adecuados a los requisitos de cada terreno: no existe un «árbol milagroso» único para todos los propósitos. Por último, una protección contra los animales de pastoreo y los incendios eficaz en función del costo, puede ser de importancia crítica para garantizar el éxito de este tipo de programas.

Referencias

BANCO MUNDIAL. 1974 Philippines: appraisal of a smallholder treefarming project, loan 998-PH, Banco Mundial; Wáshington, D.C.

BANCO MUNDIAL. 1977 Philippines: appraisal of a smallholder treefarming project, loan 1506-PH, Banco Mundial; Wáshington, D.C.

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DUGAN, P. 1982 (Experto silvícola, Agencia para el Desarrollo Internacional, Manila), comunicación personal.

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HYMAN, E. Forestry administration and policies in the Philippines, Environmental Management. [En prensa (b)]

KHANCHANDANI, M. Establishment of forest 1981 energy resource base in Gujarat. The Indian Forester, 107: 777-784.

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PEREZ, R. 1982 Falcata growers urge PICOP to buy damaged trees. Philippine Daily Express (11 de mayo de 1982): 10.


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