Una reunión de altos funcionarios agrícolas de 13 países del Cercano Oriente se pronunció a favor de acciones dirigidas a incrementar la productividad del agua en la agricultura y a fortalecer los sistemas de protección fitosanitaria. Reunidos en Sana en marzo, delegados de la Comisión de Agricultura y Aprovechamiento de Tierras y Aguas para el Cercano Oriente examinaron informes sobre la menguante disponibilidad de agua para la agricultura y la necesidad de actualizar las normas fitosanitarias, tanto para proteger la producción de cada país como para garantizar el acceso de las exportaciones agrícolas al mercado.
El Cercano Oriente, que se extiende desde Mauritania hasta Afganistán, es predominantemente árido o semiárido y apenas el 4,5% de su superficie total es cultivable. Casi toda la agricultura es de secano, y las fluctuaciones extremas en la precipitación pluvial suelen reducir la producción de alimentos hasta un 30%. La región tiene una población de casi 700 millones de personas, con un crecimiento entre los más acelerados del mundo. Se prevé que para 2015 tendrá 900 millones de habitantes. En el Cercano Oriente hoy padecen hambre y desnutrición 100 millones de personas y si persisten las tendencias actuales, esta cifra podría aumentar a más de 130 millones para 2015.
"Una mayor demanda de alimentos y fibras significa que la agricultura debe rendir más con una dotación limitada de tierras cultivadas y con menos agua", afirma Mohamed Bazza, oficial superior de recursos hídricos de la oficina regional de la FAO para el Cercano Oriente, en El Cairo. "Casi en toda la región es imposible ampliar las zonas cultivadas, y el aumento del rendimiento tendrá que ser producto de la intensificación."
Aguas fósiles. El incremento de la producción agrícola en el Cercano Oriente dependerá sobre todo de un mejor aprovechamiento de los recursos hídricos de hoy, en especial en las tierras de regadío. Se estima que 280 000 km2 (un tercio de la superficie agrícola de la región) están bajo riego, y en muchos países la agricultura de regadío utiliza más del 80 por ciento de los recursos hídricos disponibles, a la vez que los centros urbanos exigen una mayor cantidad de estos recursos. Los países están consumiendo la mayor parte de sus recursos hídricos renovables y utilizan cada vez más aguas desalinizadas o aguas residuales tratadas, además de extraer las "aguas fósiles" almacenadas en los acuíferos.
Una de las "vías" propuestas por la FAO para incrementar la productividad del agua es la transferencia de la gestión del riego, que a menudo supone devolver la responsabilidad del mismo del Estado a los agricultores. En otras regiones, la experiencia ha demostrado que asignar a los usuarios del agua la responsabilidad del funcionamiento y el mantenimiento de la infraestructura de irrigación aligera la carga del presupuesto público y puede propiciar un uso más productivo del agua.
En el Cercano Oriente se ha adoptado este enfoque de manera muy notable en Turquía, donde sólo en tres años la responsabilidad de redes de canales que abarcan 1 100 millones de hectáreas de tierras de regadío se puso en manos de las asociaciones de usuarios del agua (AUA). En Egipto se explora actualmente una alternativa mixta de regulación pública y gestión de los usuarios, en la que las AUA se ocupan de los canales terciarios, y se están formando federaciones de AUA que se harán cargo de la gestión de los canales secundarios.
Un informe de la FAO presentado ante la Comisión advierte, sin embargo, que los países del Cercano Oriente "deben tener una idea precisa de lo que supone y de los beneficios de tratar de transferir la gestión del agua, en especial en los lugares donde este recurso se considera gratuito y es inaceptable pagar por ella."
Tasas de agua. Otra opción menos "rígida" para incrementar la productividad del agua es crear capacidad: no sólo impartir capacitación técnica para el uso de la infraestructura, sino ayudar a crear instituciones y organizaciones fuertes capaces de fomentar con eficacia la irrigación. Recuperar los costos de los servicios hídricos es otra posibilidad de acción prometedora. Aunque en el Cercano Oriente se sigue tratando el agua como un "bien público", y los gobiernos son reacios a introducir aranceles que reflejen los costos reales, la escasez de agua, una mayor demanda y la necesidad de fondos para mantener las obras de riego están impulsando el cambio.
El problema consiste en determinar el mejor sistema de recuperación de costos. En el informe de la FAO se señala que, con pocas excepciones, en muchos países las tasas que se cobran por el agua no cubren los costos de operación y de mantenimiento. Uno de los problemas son los gastos de cobranza, que suponen medir y registrar volúmenes de agua relativamente reducidos suministrados a numerosos pequeños agricultores, y un sistema para elaborar y entregar las facturas.
El informe señala que, desde luego, cobrar por el agua no es una "panacea" para todos los problemas, sino que debería formar parte de una serie más amplia de medidas destinadas a promover un círculo virtuoso, en el que los agricultores estuvieran dispuestos a pagar por un buen servicio y las ganancias se invirtieran en mejorarlo.
Las soluciones menos drásticas para mejorar la productividad de los recursos hídricos del Cercano Oriente (principalmente reformas institucionales y financieras) no deben relegar a segundo término la necesidad de mejorar las técnicas en la irrigación. En el informe se afirma que "la modernización requiere reconsiderar la posibilidad de que las nuevas instituciones determinen la tecnología que necesitan, o tal vez al revés". Aunque se están promoviendo nuevas técnicas como el riego por aspersor y el riego por goteo para sustituir la irrigación de superficie, esta última sigue siendo el método más utilizado y se emplea en el 93% de las tierras de regadío del Cercano Oriente.
Quizá no sea necesario un cambio de fondo en la tecnología, sino mejorar considerablemente la capacidad de los agricultores para administrar el agua en las explotaciones agrícolas, así como la capacidad de los servicios que los apoyan. Esto podría mejorar los calendarios de riego e introducir sistemas orientados por la demanda, que respondan con rapidez a los requisitos de las explotaciones agrícolas.
Por último, la comisión tomó en cuenta las posibilidades de usar agua desalinizada en la agricultura. La desalinización del agua es una técnica bien conocida en el Cercano Oriente y constituye la principal fuente de agua potable en los países del Golfo. Pero un informe de la FAO presentado ante la Comisión señala que utilizar agua desalinizada en la agricultura "es por lo general poco rentable... y mucho más costoso que reutilizar aguas residuales tratadas..." Actualmente los costos de la desalinización por medio de la tecnología de ósmosis inversa filtración oscilan entre unos 0,50 dólares EE.UU. por cada 1.000 litros de agua salobre y más de 1,50 dólares EE.UU. para el agua de mar. Aunque se prefiere, la reutilización de aguas residuales tratadas plantea posibles riesgos para la salud y el medio ambiente; por lo tanto, en la agricultura urbana y periurbana se puede recurrir a soluciones mixtas, por ejemplo, combinar aguas residuales con aguas desalinizadas.
Sin embargo, las nuevas oportunidades comerciales llevan aparejadas estrictas normas fitosanitarias internacionales que pueden convertirse en importantes barreras no arancelarias para los productos agropecuarios. Un informe de la FAO presentado ante la Comisión señala que "competir en los mercados regionales e internacionales se vuelve más difícil si no se cumplen los requisitos sanitarios y fitosanitarios de los países importadores representa un problema de competencia. El incremento del comercio y de los viajes también ha aumentado enormemente las posibilidades de que se introduzcan en la región nuevas plagas de plantas."
La introducción de plagas, enfermedades y malezas no sólo ocasionan daños a los cultivos principales y obliga a los agricultores a aplicar costosas medidas de contención, sino que puede hacer peligrar el acceso a los mercados de exportación. Por ejemplo, a últimas fechas se ha informado de infestaciones de la mosca del melocotón proveniente de Asia sudoriental en seis países del Medio Oriente. De llegar a propagarse a otros países de la región, los daños directos y los costos en los que se incurriría (por el uso de insecticidas, aplicación de cuarentenas y la pérdida de mercados de exportación) podrían elevarse a cientos de millones de dólares. El virus de la tristeza de los cítricos, cuyo principal vector transmisor, el áfido pardo de los cítricos, fue descubierto hace poco en Portugal, también podría representar una amenaza para la industria de cítricos del Cercano Oriente.
La FAO menciona que si bien varios países han actualizado su legislación sobre cuarentena fitosanitaria para cumplir con los requisitos comerciales internacionales, aún queda mucho por hacer. Para obtener la confianza de sus socios comerciales, los países del Cercano Oriente deberán revisar sus listas de plagas de cuarentena, examinar sus medidas fitosanitarias y garantizar la aplicación de las leyes. Tendrán asimismo que profundizar en la armonización regional de reglamentos fitosanitarios y hallar sinergias en el sector de inocuidad de los alimentos, y en el de sanidad animal y vegetal.
Obtenga la documentación del 4o período de sesiones de la Comisión de Agricultura y Aprovechamiento de Tierras y Aguas para el Cercano Oriente de la FAO Más información sobre Recursos hídricos en el Cercano Oriente en AQUASTAT Más información sobre las Organizaciones Nacionales de Protección Fitosanitaria en el Cercano Oriente de la CIPF Publicado en marzo de 2006