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Discursos

Curriculum vitae del Dr Jacques Diouf

 


Discurso con ocasión de la Cumbre Mundial sobre la Alimentación
FAO, Roma, Italia, 13-17 de noviembre de 1996

 

Excelentísimo Señor Presidente de la República Italiana,
Excelentísimos Señoras y Señores Jefes de Estado y de Gobierno,
Excelentísimo Señor Secretario General de las Naciones Unidas,
Excelentísimos Señoras y Señores Jefes de Delegación,
Excelentísimos Señoras y Señores:

Henos aquí reunidos en esta ciudad eterna de la latinidad, en la que, desde los remotos tiempos de César, convergen todos los caminos de los grandes movimientos panhumanos.

No es una casualidad que, al igual que antaño en el Foro de Trajano, los pueblos del mundo, unidos por una voluntad común de solidaridad, fraternicen hoy frente a las ruinas del Palatino envueltas en un halo de majestad imperial.

Nuestro encuentro se celebra, pues, bajo los auspicios de la Historia, el Arte, la Filosofía y la Cultura, que son la esencia del Humanismo.

En efecto, sería imposible captar el sentido profundo de la Cumbre Mundial sobre la Alimentación si se la contemplara solamente a través del prisma deformador de la técnica, la economía y la política.

¿Qué es lo que justifica el desplazamiento de las más altas autoridades de la Comunidad Internacional?

Ante todo, la pertenencia a un mismo género humano, formado por seres con iguales derechos y obligaciones, dentro del cual, en palabras del escritor argentino Jorge Luis Borges, "un hombre cualquiera es todos los hombres".

En segundo lugar, el hecho de que los 5 700 millones de hombres y mujeres de todas las edades vivan ahora, gracias a los progresos de las comunicaciones, en una aldea que ha adquirido una dimensión planetaria.

Y, sobre todo, el hecho de que el ideal platónico de la "ciudad justa" haya arraigado profundamente en el corazón de todos los seres humanos, ya que, como enseña Confucio, "el hombre de bien coloca la justicia por encima de todo".

Así pues, la "Declaración de Roma", que se somete a vuestra aprobación, recuerda principios universales que se asientan sobre fundamentos éticos.

La Declaración reafirma "el derecho de toda persona a tener acceso a alimentos sanos y nutritivos".

Considera "intolerable que más de 800 millones de personas de todo el mundo, y en particular de los países en desarrollo, no dispongande alimentos suficientes para satisfacer sus necesidades nutricionales básicas".

Proclama "la voluntad política y la dedicación común y nacional a conseguir la seguridad alimentaria para todos con el objetivo inmediato de reducir el número de personas desnutridas a la mitad de su nivel actual no más tarde del año 2015".

También precisa que "los alimentos no deberían utilizarse como instrumento de presión política y económica".

Pero, una ética que no tenga el respaldo de una "praxis" conduce al formalismo y la abstracción estériles de la Escolástica.

Era indispensable que los principios morales se complementaran con un plan de acción concreto.

Fue así como se negociaron siete compromisos para permitir "el acceso físico y económico de todos en todo momento a alimentos suficientes y adecuados".

Para ello, será necesario:

  • garantizar un entorno económico y social propicio;
  • aplicar políticas para erradicar la pobreza y la desigualdad;
  • adoptar prácticas participativas y sostenibles de desarrollo;
  • favorecer un sistema de comercio mundial leal y orientado al mercado;
  • prevenir las catástrofes naturales y las emergencias;
  • promover la asignación y utilización óptimas de las inversiones públicas y privadas; y, por último,
  • aplicar, vigilar y dar seguimiento al Plan de Acción.

    Sin embargo, por generosas que sean estas decisiones internacionales, se corre el riesgo, de que, trascurridos varios años, a la hora de hacer un balance, quede el sabor amargo de las esperanzas fallidas, a menos que se adopten, desde este mismo momento, medidas para que tales decisiones se traduzcan en proyectos y programas a nivel nacional.

    Porque es en el plano nacional donde está el centro de las decisiones operacionales. Es en ese plano, y sólo en él, donde se pueden introducir los cambios cualitativos y cuantitativos capaces de hacer evolucionar los indicadores de la seguridad alimentaria en sentido positivo y de permitir la elección de vías de desarrollo que conserven unos recursos naturales ya explotados en exceso y garanticen la equidad social en la distribución de la riqueza generada por el crecimiento de la agricultura.

    Este es el motivo de que la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación vaya a colaborar con los Estados Miembros en la preparación del marco apropiado para esta acción concreta. La Organización ha comenzado además a construir, para el éxito de esta tarea colosal, los cimientos de unas estrechas relaciones con sus socios del sistema de las Naciones Unidas y de las instituciones financieras internacionales, los organismos bilaterales y multilaterales y las organizaciones no gubernamentales.

    El Programa especial para la seguridad alimentaria en los 82 países de bajos ingresos y con déficit de alimentos, aprobado por los Estados Miembros con objeto de convertirlo en el centro de gravedad de la lucha contra la pobreza rural, ya está en marcha en 15 países, y se prevé extenderlo pronto a otros países de ese grupo. Dicho programa debe permitir mejorar la productividad mediante la transferencia apropiada de tecnología y garantizar la producción gracias a la captación de agua y a pequeños sistemas de riego realizados en un marco de participación popular.

    Se trata de un punto de anclaje concreto para la puesta en práctica, sobre el terreno, de las políticas encaminadas a aumentar las disponibilidades en los países que no tienen recursos suficientes para adquirir en el mercado internacional los complementos necesarios para satisfacer sus necesidades de alimentos.

    El apoyo de varios países desarrollados y la participación de países en desarrollo avanzados, en el marco de la cooperación Sur-Sur, han dado ya un nuevo impulso y una mayor amplitud a este programa. A medida que aumenten las disponibilidades financieras, el programa rebasará progresivamente los aspectos participativos de la producción para ampliarse a las cuestiones técnicas y socioeconómicas del almacenamiento, la comercialización, la transformación, la propiedad de la tierra, el acceso a los insumos y los productos y, finalmente, el empleo.

    El programa de lucha preventiva contra las plagas y enfermedades transfronterizas de animales y plantas, que tiene como elementos prioritarios la lucha contra la peste bovina y la langosta del desierto, debe permitir conservar los frutos del arduo trabajo y el sudor de los productores. El programa de desarrollo sostenible contenido en el Programa 21 de la Cumbre para la Tierra constituye el último elemento de la trilogía ofensiva de carácter estratégico que busca invertir el curso del destino trágico de las víctimas del hambre, la malnutrición y la pobreza.

    Pero la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación debía mejorar y adaptarse a nuevas condiciones para estar a la altura de la confianza que los Estados Miembros han depositado en su capacidad para desempeñar una función impulsora determinante en la única batalla que merece la pena combatir, la que conduce a proteger la vida y consolidar las bases de la paz. Es lo que la Organización ha hecho en apenas tres años, con la ayuda de sus órganos rectores, cambiando sus prioridades, sus estructuras y su política.

    Dentro de pocos días se presentará un primer balance de este esfuerzo a un grupo de personalidades eminentes de distintas procedencias geográficas y culturales, para recabar su opinión con vistas a trasmitirla a los Estados Miembros. Así pues, es una Organización fortalecida y cambiada que va a afrontar, con vuestra colaboración, el desafío de la seguridad alimentaria mundial, en los albores de un tercer milenio que, si no se mantiene la vigilancia, podría ser el de las guerras por el agua y los alimentos.

    Cabría sin duda preguntarse por las posibilidades de éxito de nuestra iniciativa en un mundo en el que los gobiernos parecen aceptar, sin inmutarse, que se reduzca el presupuesto de la organización del sistema de las Naciones Unidas a la cual han confiado la tarea de acudir en ayuda de más de 800 millones de personas que sufren hambre y malnutrición. Y, sin embargo, este presupuesto es inferior al gasto en alimentos para perros y gatos en sólo seis días en nueve países desarrollados, y representa menos del 5 por ciento de lo que gastan anualmente los habitantes de un solo país desarrollado en productos para adelgazar, es decir para combatir la sobrealimentación.

    Es también indudable que el egoísmo, el escepticismo y el cinismo arrojan a veces sombras sobre los caminos luminosos de la esperanza, pero el fulgor de la generosidad, la confianza y la bondad acaba siempre por reflejarse en el esplendor y la claridad radiantes de los milagros de la conciencia, de la que el ensayista francés Alain decía que "opone siempre lo que es a lo que debería ser".

    Es también esta fe la que nos hace escrutar, bajo el azul del firmamento, el horizonte del futuro, ya que compartimos la certidumbre del filósofo alemán Kant quien, en su "Metafísica de las costumbres", recordaba que "todos los elogios del ideal de la Humanidad, considerada en su perfección moral, no podrían perder su realidad práctica, por poco que fuese, como consecuencia de ejemplos en contrario que muestren lo que sonactualmente los hombres, lo que han sido y lo que serán con toda probabilidad".

    En efecto, estamos convencidos de que dos años y medio de preparación de la Cumbre y de los documentos técnicos sobre los múltiples aspectos de la problemática alimentaria han propiciado una mejor información y una sensibilización adecuada de la opinión pública y de los responsables políticos.

    Por añadidura, el proceso participativo ha permitido que se entablara un diálogo entre los diferentes interlocutores, a saber:

  • Los Gobiernos, los ministerios técnicos que se ocupan de la agricultura, la pesca, la silvicultura y el agua, así como los ministerios de economía y finanzas, comercio, transporte, obras públicas e industria, que han preparado en cada país un documento nacional sobre la política alimentaria, y en cada zona una posición regional con miras a la negociación global.
  • Los parlamentarios, "Vox populi, vox dei", que a través de la Unión Interparlamentaria han realizado una preciosa contribución, y se reunirán además dentro de dos días para contribuir al esfuerzo de reflexión y a la búsqueda de soluciones.
  • El sector privado, productores y organizaciones profesionales, consumidores e intermediarios, principales actores del mercado de productos agrícolas, que han participado en todas las etapas de los debates y uno de cuyos sectores celebrará mañana una mesa redonda.
  • Las organizaciones no gubernamentales, que están en contacto con la realidad local y cuyas contribuciones desinteresadas y multiformes han culminado en la organización de una reunión que comenzó el pasado lunes.
  • Los jóvenes, porvenir de la humanidad, que tras haber participado en las escuelas en un concurso sobre el tema de la seguridad alimentaria, van a celebrar un foro a partir del viernes.

    Por último, todas estas actividades han sido objeto de amplias reseñas en los medios de información que, a través de poderosos instrumentos, han permitido llevar hasta los hogares ricos del mundo el drama del hambre de los pobres.

    Esta sensibilización y esta toma de conciencia constituyen el fundamento de nuestra convicción de que los Estados ricos acabarán por orientar su asistencia hacia las actividades preventivas, para limitar la magnitud de crisis costosas, como la que lamentablemente aflige hoy de nuevo a la región de los grandes lagos de Africa, y que muy a menudo habrían podido evitarse con programas adecuados de desarrollo.

    Tantos esfuerzos no pueden dejar de influir en las actitudes y comportamientos, en la percepción y la comprensión de la amplitud del drama de quienes, además de no tener pan, a menudo tampoco tienen voz.

    Tantos esfuerzos no pueden dejar de provocar una sacudida saludable y liberadora en beneficio de una amplia campaña mundial encaminada a conseguir "alimentos para todos".

    Por este motivo deseo en primer lugar rendir homenaje a ustedes que, con su presencia, han demostrado que la miseria de los desheredados y de los grupos vulnerables, sobre todo las mujeres y los niños, merecían el esfuerzo del desplazamiento y un poco del precioso tiempo de ustedes.

    Con ello han demostrado que "nada humano les es ajeno" y que la cuestión de saber cómo alimentar a 3000 millones de personas más para el año 2030 justificaba ampliamente una Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno, por vez primera en los cincuenta años de existencia de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación.

    Deseo también dar las gracias a Su Santidad el Papa Juan Pablo II por su mensaje de fe, tan necesario en un momento en que el mercado y el dinero parecen haberse convertido en los valores supremos de la generación actual.

    Vaya también mi agradecimiento al Gobierno de Italia, que no ha escatimado esfuerzos políticos, diplomáticos y materiales y cuya contribución ha sido determinante para el éxito de la Cumbre.

    Sin duda es infinito mi reconocimiento por la colaboración múltiple de los Estados Miembros y de los diferentes asociados en el sector del desarrollo, que nos han ofrecido su apoyo y su aliento en momentos a menudo difíciles.

    Deseo asimismo expresar el orgullo que siento por estar al frente de los funcionarios de la FAO que, de modo discreto y anónimo, han trabajado día y noche por el buen éxito de esta empresa. Sin su competencia, su eficacia, su entrega y su abnegación, nada de todo lo que ustedes están presenciando hoy aquí habría sido posible.

    Pero, sobre todo, quiero manifestar cuán grande es mi fortuna por estar rodeado del cálido afecto de mi esposa y mis hijos, sin cuyo amor y cuya paciencia no habría tenido nunca la fuerza y la serenidad indispensables para responder al desafío de la organización de una Cumbre mundial.

    Por último ustedes, Jefes de Delegación, se dignarán sin duda permitirme que les dirija un ferviente llamamiento a fin de que estudien desde ya posibles medidas para que la profesión de fe y los compromisos de esta Cumbre se traduzcan en actos.

    Al aprobar la "Declaración de Roma" y el Plan de Acción dos semanas antes de la Cumbre, el Comité de Seguridad Alimentaria Mundial de la FAO les ha dado, por primera vez en la historia de las Cumbres del Sistema de las Naciones Unidas, la ocasión de centrar su reflexión no en la búsqueda de un consenso, sino en la identificación de las acciones concretas que cada uno de ustedes prevé realizar para que se respeten los solemnes compromisos adquiridos ante la comunidad internacional.

    Confío en que esta Cumbre Mundial, la última del siglo y del milenio, les brinde la ocasión de hacer renacer en el corazón de los pueblos que sufren un poco de consuelo y muchas esperanzas.

    Confío en que ustedes, personas del poder, desmientan la tesis del filósofo Goethe, quien afirmaba en sus "Pensamientos" que "el hombre de acción carece siempre de conciencia; sólo la tiene el contemplativo".

    Al dar aquí en Roma, cuna de una de las más brillantes civilizaciones humanas, la prueba irrefutable de que son personas de corazón, habrán demostrado la actualidad de las palabras del filósofo griego Protágoras, quien, en sus "Discursos demoledores" decía que "el hombre es la medida de todas las cosas, de las que son en tanto que son y de las que no son en tanto que no son".

    Les doy las gracias por su amable atención.

 


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