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"El
Derecho a Alimentarse"
Curriculum
vitae del Dr Jacques Diouf
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Jacques
Diouf, Director General de la FAO
El
derecho a alimentarse es el más importante de
los derechos humanos. A lo largo de la historia, el
hambre crónica, provocada por las guerras, la
sequía, la miseria o las catástrofes
naturales, ha infligido enormes sufrimientos a la
humanidad, y su eliminación sigue siendo una
antigua aspiración todavía no realizada. Al
igual que la paz, el hambre es uno de los problemas
más cruciales por resolver.
Toda estrategia encaminada a erradicar el hambre debe
tener al menos dos componentes: el aumento de la
producción de alimentos para satisfacer a una
población mundial cada vez mayor; y la mejora de
las condiciones de vida a fin de que todos puedan
disponer del mínimo vital en materia de
alimentación.
La FAO se dedica a tratar de asegurar un aumento
sostenible de la producción y la productividad
agrarias. Las actividades de la Organización se
dirigen a ayudar a sus países miembros de bajos
ingresos y con déficit de alimentos para que
logren este objetivo. La mayoría de los pobres de
esos países dependen de la agricultura para su
trabajo y sus ingresos, por lo que el crecimiento de la
producción agraria a través del aumento
sostenible de la productividad contribuirá a
lograr dos de los principales componentes de la seguridad
alimentaria mundial.
El problema del hambre es vasto y sumamente complejo. Hay
en los países en desarrollo 800 millones de
personas que sufren de malnutrición
crónica, entre ellos 192 millones de niños
menores de cinco años con carencias agudas o
crónicas de proteínas y calorías.
Otros cientos de millones son víctimas de diversos
trastornos (retrasos del crecimiento, ceguera parcial o
total, bocio) porque faltan en su dieta vitaminas y
minerales esenciales.
Se han hecho algunos progresos, tanto en términos
absolutos como por habitante. Así, los 800
millones de personas malnutridas mencionados representan
un avance frente a los 893 millones de 1969-1971.
Según proyecciones, serán 730 millones en
2010, cifra que sigue representando un balance desolador
de sufrimiento y de potencial humano perdido.
Tenemos la capacidad y el deber de
hacer más, de otra manera, el déficit
alimentario de los países en desarrollo
seguirá aumentando y como grupo pasarán de
ser exportadores agrícolas para convertirse en
importadores. Son perspectivas sumamente alarmantes, si
se tienen en cuenta las dificultades de balanza de pagos
y el sombrío horizonte económico que tienen
delante muchos países en desarrollo.
Si no mejora considerablemente el rendimiento global de
esas economías rezagadas, insistiendo en un
reparto más equitativo de las riquezas,
será imposible resolver los problemas de
inseguridad alimentaria más acuciantes del
mundo.
Para estas economías, una
opción viable para mejorar de manera rápida
y sostenible la seguridad alimentaria es aumentar la
productividad y la producción de alimentos, y la
clave para conseguirlo consiste en aplicar una
tecnología eficaz a productos particularmente
rentables, teniendo en cuenta que debe ser una
tecnología que respete el medio ambiente y permita
lograr el desarrollo sostenible.
Los pueblos, los gobiernos y la comunidad internacional
no tienen más alternativa que tratar de alcanzar
la seguridad alimentaria. Pero se observan ciertas
tendencias que no inducen al optimismo. Los países
más amenazados por la seguridad alimentaria no
invierten lo suficiente en el sector agrario y rural, ni
tampoco en la reconsitución de sus recursos de
base. La ayuda para desarrollar la agricultura de los
países en desarrollo por parte de fuentes
bilaterales y multilaterales se reduce. Entre 1981 y
1992, el total pasó de 12 300 millones de
dólares a 8 500 millones (en dólares EE.UU.
de valor constante de 1980). En esos mismos años,
la parte de la asistencia total al desarrollo destinada
específicamente a la agricultura disminuyó
también del 25% al 17%.
Estimo
que es hora de sensibilizar al público y de
promover la participación política al
más alto nivel en una campaña mundial por
la seguridad alimentaria para todos. Con este objetivo,
en noviembre de 1996 la FAO celebrará una Cumbre
Mundial de la Alimentación. Sólo gracias a
un desarrollo rápido que reduzca la pobreza,
asociado a políticas públicas adecuadas,
tanto en el plano nacional como en el internacional, se
podrá en última instancia eliminar la
malnutrición de las poblaciones
desfavorecidas.
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