Discurso del Director General
de la FAO en Ocasion de la Inauguracion del Edificio de
la Oficina Regional de la FAO para America Latina y el
Caribe
Santiago de Chile, 27 de mayo de 1997
Excelentísimo Señor
Presidente,
Excelentísimo Señor Ministro de Relaciones
Exteriores,
Excelentísimo Señor Ministro de Obras
Públicas,
Excelentísimo Señor Ministro de
Agricultura,
Señor Patricio Aylwin, Ex-Presidente de la
República de Chile,
Señores Representantes del Congreso Nacional,
Señores Representantes del Cuerpo
Diplomático,
Señor Coodinador del PNUD para América
Latina y el Caribe,
Autoridades del Gobierno de Chile,
Señoras y Señores,
Es para mí un alto honor
dirigirme a ustedes, en nombre del sistema de las
Naciones Unidas, de mi Organización, la FAO, y en
el mío propio, para expresar nuestro más
profundo agradecimiento al Gobierno de Chile por la
entrega de este edificio que alberga las nuevas
dependencias de la Oficina Regional de la FAO para
América Latina y el Caribe y las del Programa de
las Naciones Unidas para el Desarrollo.
Debo ante todo destacar el profundo
significado que tiene, en el momentoactual, el que un
país en desarrollo haga una contribución
tan significativa a las Naciones Unidas, precisamente
cuando es necesario potenciar al máximo la
presencia del multilateralismo en un mundo tan marcado
por desigualdades profundas que es necesario remediar.
Este gesto generoso enaltece al
Gobierno de Chile, no sólo porque con ello muestra
que es un país que cumple con sus compromisos
internacionales, sino también porque estas nuevas
instalaciones beneficiarán al facilitar el trabajo
de la Organización, a todos los países de
América Latina y el Caribe.
Esta obra, que hace realidad un viejo
sueño, no se hubiera podido concretar sin la
intervención de múltiples personas y
organismos, a los que va nuestra profunda gratitud. En
primer lugar, deseo agradecer a Su Excelencia el
señor Presidente de la República, durante
cuyo mandato se ha concretado este edificio. Pero no
puedo dejar de señalar igualmente el rol
fundamental cumplido por el Ex Presidente de la
República, Don Patricio Aylwin, en cuyo Gobierno
se gestó la iniciativa de dotar a la FAO y al PNUD
con nuevas dependencias. También quiero subrayar
la importante labor cumplida en la concreción de
esta iniciativa por parte del los Ministros de Obras
Públicas, de Bienes Nacionales y de Agricultura,
así como por las autoridades de la Ilustre
Municipalidad de Vitacura, sin cuya eficiente
participación esta obra dificilmente se
habría materializado. En realidad, son tantos
quienes han colaborado en esta empresa que resulta
difícil nombrarlos a todos. Sin embargo, quiero
que sepan que las Naciones Unidas no les olvidarán
y estarán eternamente agradecidas por su valiosa
contribución.
Este edificio permitirá a
nuestra Organización desarrollar de la mejor
manera su misión de servicio a los países
miembros, en el marco de la nueva política de
descentralización que vengo impulsando firmemente
desde que asumí el cargo de Director General de la
FAO. Queremos que hoy más que nunca nuestra
Organización se acerque a las necesidades
más sentidas de los países del continente
americano. Este magnífico edificio hará
posible mejorar nuestros niveles de eficiencia, pues
podremos desde ya reforzar la capacidad de la Oficina
Regional con nuevos profesionales, que estarán
dedicados a las importantes labores de asesoría a
los gobiernos en materia de políticas agrarias y a
apoyar las operaciones de los proyectos. De este modo,
desde Santiago de Chile se dará seguimiento, apoyo
y supervisión a los más de cien proyectos
que la Organización está ejecutando en
favor de sus 33 países miembros de América
Latina y el Caribe.
Esta mayor presencia de la FAO en
América Latina y el Caribe, simbolizada en el
edificio que hoy inauguramos, cobra mayor importancia en
momentos en los cuales la comunidad de naciones se
dispone a ejecutar los compromisos aprobados en la
histórica Cumbre Mundial sobre la
Alimentación que reunió en Roma en
noviembre pasado. Los líderes de 186 naciones
afirmaron allí que no puede seguir existiendo
hambre en un mundo de abundancia, ni aumentando la
pobreza a la par que los avances científicos y
tecnológicos. La Declaración de Roma y el
Plan de Acción aprobados en la Cumbre
establecieron las bases para encaminarse de manera firme
y sostenida hacia la seguridad alimentaria universal,
poniéndose como primera meta el reducir a la
mitad, antes del año 2015, los 840 millones de
personas que hoy sufren hambre.
Precisamente para llevar a buen
término esos compromisos, hemos dado gran impulso
a la ejecución del Programa Especial de Seguridad
Alimentaria, que tiene por objeto dar asistencia
prioritaria a los países que no producen
suficientes alimentos y tampoco cuentan con recursos para
adquirir lo necesario en el mercado internacional. Si
bien es cierto que la mayoría de estos
países se encuentran en el continente africano, 9
de ellos pertenecen también a América
Latina y el Caribe.
Resolver el problema del hambre no es
sólo misión de los gobiernos de los
países miembros de la FAO: a esta misión
deben sumarse todos los representantes de la sociedad
civil de nuestros países. Con este fin, la FAO
está impulsando la realización de un gran
evento televisivo a nivelmundial para promover la
solidaridad internacional y recaudar donaciones para
financiar proyectos de seguridad alimentaria. Este
acontecimiento, el "TeleFood", se celebrará en
octubre próximo en ocasión del Día
Mundial de la Alimentación. En este contexto,
quisiera convocar a todos ustedes a sumarse a esta gran
tarea de solidaridad con la esperanza de alcanzar en el
más breve plazo posible la meta de vivir en un
mundo libre del flagelo del hambre.
Señor Presidente,
permítame finalizar estas
palabras reiterando la importancia fundamental que
reviste el sistema de las Naciones Unidas que un
país como Chile, cuyas políticas
multilaterales son ampliamente reconocidas en el
concierto internacional, apoye nuestra misión con
una contribución tan significativa como la
infraestructura que hoy inauguramos. Esto demuestra una
coherencia ejemplar digna de ser imitada por todos los
países que se reconocen en los principios
fundamentales de la Carta de las Naciones Unidas y en la
noble misión que encomendaron a la FAO sus padres
fundadores hace ya 51 años: lograr un mundo con
alimentos para todos.