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La inseguridad alimentaria y el SIDA: círculo vicioso

Los nexos entre VIH/SIDA, inseguridad alimentaria y pobreza son vigorosos y letales. La epidemia socava el avance logrado en los últimos 40 años de desarrollo agrícola y rural. Al mismo tiempo, una pobreza e inseguridad alimentaria cada vez mayores agudizan la vulnerabilidad de la población rural al sida.

Del SIDA a la inseguridad alimentaria y la pobreza

En las familias afectadas por el VIH/SIDA los problemas comienzan en cuanto enferma el primer adulto.

Los que sufren necesitan ayuda de sus parientes, de modo que la familia no sólo pierde la mano de obra del enfermo sino también de otros parientes. La situación empeora si contraen la enfermedad otros miembros de la familia. El presupuesto de ésta se exprime para pagar gastos médicos y, por último, de funerales. Pronto puede ya no quedar dinero para comprar semillas ni otros insumos, lo que obliga a la venta de ganado y otros bienes. Tampoco quedan fondos para contratar o sustituir la mano de obra.

En una comunidad agrícola de subsistencia, donde hay pocos tractores u otra maquinaria, la mano de obra es crítica. En África oriental, la escasez de mano de obra causada por el VIH/SIDA ha dado lugar a una serie de cambios agrícolas, comprendida la reducción de las tierras en cultivo, la disminución de los rendimientos agrícolas y el cambio de los cultivos comerciales a los de subsistencia. El conocimiento y las aptitudes agrícolas también se van perdiendo conforme muere la generación que los posee. Los niños, en particular las niñas, a menudo dejan de ir a la escuela para ayudar a la familia, tendencia con sombrías repercusiones para el futuro.

  • Según un estudio reciente de la FAO y ONUSIDA, la producción agrícola de los pequeños campesinos de algunas zonas de Zimbabwe puede haberse reducido hasta un 50 por ciento en los últimos cinco años, sobre todo a causa del sida. Más del 50 por ciento de las muertes en las zonas estudiadas se atribuyen al sida, el 78 por ciento de esa cifra son hombres.

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El VIH/SIDA es un peligro para la seguridad alimentaria de las familias. Al morir una persona suele disminuir el consumo de alimentos de los demás miembros de su familia, con malnutrición consecuente (Zambia/FAO/A.Conti)

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Fuente: ONUSIDA

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Con la muerte de tantos trabajadores los ingresos se limitan más todavía, lo que reduce la capacidad de las familias de producir o comprar alimentos y pone en mayor peligro la seguridad alimentaria general.

El sida además tiene consecuencias en la nutrición. El inicio y el avance de la enfermedad son más lentos entre las personas bien nutridas infectadas del VIH. Pero el acceso a una alimentación adecuada corre peligro para todos los miembros de las familias donde está presente la infección. Al morir un integrante de una familia, la incidencia de atrofia del crecimiento (poco peso respecto a la edad) aumenta entre los huérfanos, y el consumo de alimentos de todos los supervivientes de la familia a menudo disminuye, con malnutrición consecuente.

Un estudio realizado en Namibia muestra una extendida venta y matanza de ganado para apoyar a los enfermos y proporcionar alimentos a las personas que asisten a los funerales. La pérdida de bienes pone en peligro la nutrición a largo plazo de las familias, así como la sostenibilidad a largo plazo del desarrollo.

De la inseguridad alimentaria y la pobreza al SIDA
La pobreza expone cada vez más a la población al VIH/SIDA. Las familias que carecen de alimentos nutritivos son más vulnerables, ya que una nutrición deficiente se relaciona directamente con la falta de salud. Esto expone más a las personas a contraer el VIH y puede reducir el periodo de incubación de este virus, con lo que los síntomas aparecen antes. La situación es peor entre los pobres, que tienen menos acceso a la atención médica.

La pobreza también vuelve difícil impartir información sobre el SIDA, dado el bajo nivel de alfabetización de las personas pobres y su limitado acceso a los medios de comunicación, y a los servicios de salud y educación, sobre todo en las zonas rurales. Además, las personas que luchan a diario por sobrevivir tienden a preocuparse menos por las consecuencias a largo plazo de las enfermedades y, en consecuencia, es menos probable que tomen medidas de precaución.

La pobreza además incrementa la mano de obra migrante, la desintegración de las familias, la falta de tierras, el hacinamiento y la falta de techo, factores que favorecen tener distintas parejas sexuales.

Las mujeres pobres están en particular expuestas, tienden a estar mal informadas en materia de salud y tienen poco poder cuando se trata de relaciones sexuales, lo que se traduce en que corren muchos riesgos en caso de que sus esposos estén infectados.

 

  El estudio de la FAO/ONUSIDA "Desarrollo agrícola y rural sostenible y vulnerabilidad a la epidemia de sida" se puede obtener sin costo en ONUSIDA
VIH/SIDA y nutrición: ayuda a las familias y a las comunidades para afrontar el problema y en versión pdf (resumen en español al final del documento)