
La sequía, catástrofe insidiosa
que avanza lentamente, destruye cultivos alimentarios, mata a personas y animales
y tiene efectos duraderos sobre el medio ambiente. La sequía afecta de diferentes
modos a los distintos grupos de la población; para prevenir el hambre es importante
comprender y vigilar estas diferencias. Por ejemplo, la sequía puede ocasionar
un desplazamiento insólito a lugares lejanos, en busca de pastos, de rebaños
que entran así en contacto con nuevas enfermedades. Los sistemas de riego pueden
verse afectados, especialmente cuando escasean las lluvias durante varios años
sucesivos. El rendimiento de los cultivos disminuye cuando el agua de riego falta
o se saliniza. Los pozos poco profundos, los aguaderos y los pequeños embalses
se secan o se contaminan, lo cual afecta a la salud de los seres humanos y de los
animales. La tierra pierde la protección de la capa vegetal y queda expuesta
a la erosión del viento, y también a la del agua cuando vuelven por fin
las lluvias. La erosión causa a su vez una pérdida de fertilidad del suelo
que reduce el rendimiento futuro de los cultivos. El aumento de la escorrentía
en el suelo erosionado puede dar origen a inundaciones, a la colmatación de
presas y sistemas de riego y a una ulterior erosión.
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