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"He aprendido mucho del proyecto, sobre todo cómo preparar las tierras para cultivarlas -dice Canales- Desde hace tres años tengo bien organizada la finca, no como antes". Al principio, Canales y los otros campesinos quemaban, despejaban y sembraban de nuevo otras parcelas cada dos o tres años. Este método degradaba y secaba los suelos de las empinadas laderas de la zona de Lempira Sur. Pero hace tres años, Canales sustituyó el método de corta y quema por otro sostenible de agrosilvicultura con cultivos intercalados denominado Quezengual, en honor a una aldea cercana. Los campesinos locales elaboraron este sistema junto con el personal de extensión de Lempira Sur. Ahora Canales siembra todos los años en la misma parcela, pero como está cultivando en terrazas intercaladas con árboles, el suelo conserva la humedad, y así se reduce al mínimo el riesgo de erosión y deslaves. Cultiva árboles altos para obtener su madera y su fruta. Tras la fronda de los árboles altos hay otros más pequeños, cuyas ramas se utilizan como leña. Estos árboles se podan con regularidad y proporcionan elementos nutritivos al suelo. Canales cultiva maíz, porotos y café, y una vez recogida la cosecha, lleva a pastar ahí al ganado para que se coma lo que queda. Las cosechas de maíz y porotos de Canales han aumentado casi 50 por ciento, y la de café se ha duplicado. Estos incrementos agrícolas no son extraordinarios en Lempira Sur.
En la aldea de Olosingo, un grupo de mujeres que necesitaba financiamiento para poner en marcha una empresa de productos lácteos recibió un préstamo del banco de cooperación recientemente inaugurado. El grupo de mujeres ahora está elaborando crema y quesos. Es la segunda vez que Santos y las otras mujeres han tratado de producir lácteos. La primera vez no tuvieron éxito porque las vacas no producían leche suficiente durante la estación seca y era demasiado costoso comprarla en otras aldeas. Una vez identificados y analizados los problemas, las mujeres comenzaron a producir forrajes nutritivos para el ganado. Con esto se obtuvo la doble ventaja de que las mujeres venden los forrajes, lo que incrementa sus ingresos, y alimentan a sus vacas, lo que les permite producir leche todo el año. "Ahora estamos comenzando desde el principio -dice Santos-. Esperamos poder seguir trabajando y obtener mejores resultados". Los resultados ya están mejorando. El ganado está produciendo más leche y las mujeres tienen un excedente de crema y queso que vender en el mercado cercano, una buena forma de generar ingresos que les hacen tanta falta.
Margarita Castillo elabora tortillas, pero ya no está encerrada en un cuartito oscuro, preparándolas sobre el fuego directamente. Trasladó la cocina al exterior, bajo un techo, donde se ha construido una nueva estufa cerrada con chimenea para desalojar el humo. "Antes utilizábamos una estufa que producía mucho humo -afirma- Se ensuciaba mucho la cocina. Conocí a una muchacha del proyecto que estaba enseñando cómo construir este otro tipo de estufa, y vino a enseñarme", afirma la señora Castillo. La introducción de las estufas nuevas en casi mil hogares ha reducido el consumo de leña y la incidencia de problemas respiratorios.
María Amparo Meléndez es la presidenta de la asociación campesina local y una de las personas que participa en la construcción de los nuevos silos que se han introducido para almacenar las cosechas. Con el aumento de la producción de cereales en Lempira hizo falta un sitio seguro para almacenar las cosechas. Los granos tradicionalmente se guardaban en alto, en una buhardilla situada encima del hogar, en la cocina. Ahí, el humo ayudaba a defender al maíz y los porotos de las plagas. Pero este sistema no fue eficaz, porque todos los años, las ratas y otras plagas devoraban entre 20 y 40 por ciento de la cosecha. "Los silos son la gran cosa porque los granos se almacenan cubiertos &endash;explica María Amparo Meléndez&endash;. En la buhardilla, los ratones y los escarabajos podían comérselo. Hemos aprendido que en los silos los cereales se conservan mucho mejor y ya no perdemos tanto como antes". Todos los silos, de la altura de una persona, se producen en las comunidades con materiales que proporciona el proyecto y que se llevan de Guatemala. Pero la población local quiere ser independiente. "Estamos aprendiendo a hacerlo porque cuando se acabe el proyecto, dentro de uno o dos años, necesitamos organizarnos para comprar solos los materiales", explica la Meléndez.
Elmer Ramos es uno de los 100 empleados del proyecto de Lempira Sur. "Comencé a participar en el proyecto en marzo de 1997 -explica Ramos, del Departamento de Lempira- Nuestro trabajo consiste sobre todo en dar asistencia técnica a los campesinos de las zonas rurales. Lo que más me gusta es tratar a la gente, sentir que los ayudamos, ver los resultados". En el grupo de extensión hay agrónomos y expertos en desarrollo de la comunidad. Casi todos son de la región y conocen a la gente. Su trabajo consiste en asegurar que las familias, las comunidades y los municipios estén en el centro del proceso de desarrollo, lo que asegura la perdurabilidad de los cambios. La zona de Lempira Sur abarca casi dos mil kilómetros cuadrados, extensión que atienden Ramos y sus colegas. Las distancias entre las comunidades y la falta de carreteras y puentes representan un problema. El principal objetivo de Ramos y otros extensionistas es ser prescindibles. Quieren que los aldeanos tomen la plena responsabilidad de su propia organización y actividades. Cuando sea así, Ramos considerará poder irse a otras zonas a ayudar a más personas a participar en la construcción de un futuro sostenible.
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