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Más de 9 000 personas perecieron y casi 3 millones quedaron sin hogar cuando el huracán Mitch se abrió paso a través de América Central entre el 26 de octubre y el 1 de noviembre. Las riadas y avalanchas de barro arrasaron edificios y carreteras. Los campos de maíz, judías y sorgo quedaron destrozados. Honduras y Nicaragua sufrieron los mayores daños; Honduras perdió más de la mitad de la cosecha básica de maíz. Se estima que las pérdidas derivadas del café y otras cosechas para la exportación alcanzaron los 480 millones de dólares EE.UU. La región tuvo que enfrentarse al mismo tiempo a una inminente crisis humanitaria, y a una amenaza a largo plazo para la seguridad alimentaria. La comunidad internacional respondió con rapidez y eficacia. La Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCAH) de las Naciones Unidas aportó 150 millones de dólares EE.UU. para ayudas y labores de reconstrucción. Asimismo, el Programa Mundial de Alimentos (PMA) se apresuró a proporcionar ayudas alimentarias. La FAO, por su parte, organizó la distribución de semillas, fertilizantes y herramientas manuales para ayudar a los agricultores de las comunidades rurales más afectadas a producir alimentos para sus familias con la mayor brevedad posible.
Ya han comenzado las labores para volver a levantar el sector agrícola. Se están introduciendo técnicas agrícolas mejoradas, que reducirán la degradación del medio ambiente y su vulnerabilidad con vistas a evitar los desastres futuros. Aunque nada habría podido evitar el huracán Mitch, ciertos factores creados por el hombre incrementaron en gran medida su efecto destructivo. Las avalanchas de barro que se deslizaron por pendientes denudadas a causa de la deforestación y el cultivo de las tierras marginales fueron las que causaron los mayores daños. Las inundaciones se vieron agravadas por la deficiente gestión de las cuencas fluviales. Ante estos hechos, los países más afectados están tratando de abordar los problemas estructurales que contribuyeron al desastre; a este fin, se están examinando las prácticas de tenencia de terrenos, los programas de repoblación forestal están cobrando impulso, y se imparte formación sobre gestión de cuencas fluviales. Las instituciones financieras internacionales han subscrito compromisos para facilitar hasta 5 300 millones de dólares EE.UU. en los próximos cuatro años. Es probable que los problemas económicos más arraigados persistan, pero se espera que el programa de recuperación ayude a evitar que aumenten la inseguridad alimentaria y la vulnerabilidad en toda la región. Si bien en América Central se van recuperando las esperanzas, las graves inundaciones en varios países de Asia oriental y sudoriental, y la agostadora sequía que sufre el Cercano Oriente amenazan con entorpecer los recientes avances en pos de los objetivos de la Cumbre Mundial sobre la Alimentación. Se prevé que en toda la región del Cercano Oriente, la producción de cereales de 1999 será un 16 por ciento inferior a la última cosecha. Sin embargo, las pérdidas ocasionadas por la peor sequía de las últimas décadas serán mucho más elevadas en la República Islámica del Irán, Iraq, Jordania y la República Árabe Siria. Varios miles de agricultores, pastores de pequeños rebaños y habitantes rurales sin tierras que han perdido su medio de vida requerirán ayuda para salir del bache hasta el año próximo. Como en el caso de América Central, cabe pensar que estos contratiempos tendrán carácter transitorio tanto en Asia como en el Cercano Oriente.
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