La crisis financiera socava los avances de Asia

Al producirse el hundimiento de varios sistemas bancarios asiáticos en 1997, hubo quienes temieron que la pobreza y la inseguridad alimentaria alcanzarían mayores proporciones en Indonesia, Malasia, Filipinas, la República de Corea y Tailandia, y que las economías de los llamados «tigres» tardarían años en recuperarse. Estos países habían conseguido un extraordinario éxito económico, y también lograron reducir el nivel de pobreza de forma considerable en los últimos 20 años. Cuando los sistemas financieros se desmoronaron en toda la región, muchos de estos avances sufrieron un revés; numerosos negocios tuvieron que cerrar, y muchos de los que trabajaban en oficinas y tiendas perdieron sus empleos..

Sin embargo, las sacudidas económicas resultantes no llegaron a ser tan desastrosas como se temía. A comienzos de 1998, tras sufrir espectaculares caídas de las cotizaciones y el poder adquisitivo, la mayoría de los países afectados empezaron a mostrar signos de recuperación parcial. Aunque no cabe duda que la pobreza y el hambre se extendieron un tanto por la región, para la mayoría de estos países se trató de una crisis pasajera.

El caso de Indonesia ha sido excepcional; en sólo un año, el cuarto país más poblado del mundo vio cómo su moneda caía hasta llegar a un quinto de su valor previo. La tasa de inflación subió en un 50 por ciento y los precios de los alimentos se dispararon. Todo esto coincidió con la peor sequía de los últimos 50 años, seguida de lluvias torrenciales durante la estación seca. El mal tiempo y el uso restringido de fertilizantes y pesticidas importados dieron lugar a una caída repentina de la producción local de arroz. A pesar de que aumentaron las importaciones, no fue posible compensar el déficit.

La pérdida de empleos y la inflación se dejaron sentir con especial dureza entre los residentes urbanos. Los resultados de un estudio sobre economía doméstica llevado a cabo por el Banco Mundial y la Fundación Ford indicaron que en los hogares urbanos se gastó un 34 por ciento menos por persona en 1998 que en el año anterior. En los hogares rurales, el consumo se redujo en sólo un 13 por ciento. En más de un caso, ciertas familias que antes de la crisis vivían en la pobreza se beneficiaron del auge de la economía sumergida. Los que se quedaron sin trabajo, en cambio, tuvieron que vender sus bienes y agotar sus ahorros para salir del paso. Al recrudecerse la crisis, muchas familias afectadas acudieron a sus familiares del campo en busca de ayuda, en particular en Java. De este modo, los que aún conservaban trabajos y bienes se vieron sometidos a nuevas presiones, al tener que alimentar a un número creciente de familiares a su cargo.

El hundimiento económico no tardó en dejar sentir sus efectos en el estado nutricional. En la mayoría de los hogares se continuó consumiendo arroz en las cantidades habituales, pero hubo que privarse de alimentos más caros, como por ejemplo carne, pescado y huevos. Al consumirse menos alimentos ricos en proteínas y micronutrientes, aumentó el número de niños que sufrían emaciación, y el de madres anémicas.

Las estimaciones actuales indican que el porcentaje de población indonesia que sufre subnutrición probablemente se haya duplicado, pasando de un 6 por ciento en el período 1995/97, a un 12 por ciento en 1999. La cifra actual podría elevarse incluso a un 18 por ciento; esto supondría que la crisis económica habría añadido entre 10 y 20 millones más de personas a las filas de los que sufren de subnutrición, tan sólo en Indonesia.

Ya ha empezado el proceso de recuperación, pero Indonesia necesitará tiempo para crear las condiciones necesarias que permitan reducir la incidencia de la subnutrición a los niveles anteriores a la crisis, y continuar avanzando para alcanzar el objetivo de la Cumbre Mundial sobre la Alimentación. Debido a los sucesos ocurridos en Timor Oriental, esta tarea se ve complicada; miles de personas han sido expulsadas de sus hogares tras el referéndum sobre la independencia. La ayuda humanitaria se puso en marcha, pero si el conflicto agrava la situación de inestabilidad política y económica en Indonesia, existe un grave riesgo de que el nivel de seguridad alimentaria se deteriore aún más, antes de llegar a mejorar.

Factores que determinan el cambio
La guerra y las emergencias de carácter complejo ejercen una presión excesiva sobre los recursos de las ayudas
Las inundaciones y la sequía se cobran vidas y cosechas