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En un país que está apenas emergiendo de conflictos civiles que duraron décadas, los refugiados y personas desplazadas en el interior regresan ahora a los lugares que se vieron obligados a abandonar. Algunos de los que regresaron recibieron alimentos y otro tipo de asistencia. Sin embargo, muchos no recibieron ningún tipo de ayuda, encontraron sus casas destruidas y sus tierras ocupadas. Tuvieron que reconstruir sus bienes desde un principio y no consiguieron suficientes alimentos para satisfacer un mínimo diario.
La región a la que regresaron se caracteriza por la agricultura de corta y quema en pequeñas parcelas de tierra de una creciente sobreexplotación. La tenencia de la tierra es un problema fundamental y los servicios básicos son casi inexistentes. La productividad es baja, y a medida que la calidad de la tierra empobrece, va en descenso. Tanto quienes ya viven en la región como los que regresan a ella constituyen ahora un grupo muy vulnerable.
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