|
Es evidente que no existe un remedio único para combatir el hambre. Las políticas y estrategias que se han de emplear deberán abordar tanto las causas como los efectos de la inseguridad alimentaria, a fin de elaborar un marco apropiado para emprender acciones concretas. En una sociedad que vive en paz, la raíz del problema del hambre se encuentra en la pobreza y la marginación; allí donde no hay paz, la destrucción material y el desplazamiento forzoso de la población se convierten en causas adicionales.
No obstante, estas medidas por sí solas no serán suficientes. En un mundo en el que 4 400 millones de personas viven en países en desarrollo, y un tercio de la población sobrevive con menos de un dólar EE.UU. al día, hay también que atender a otras necesidades humanas básicas. Será necesario coordinar esfuerzos para garantizar que todo individuo tenga acceso a los servicios sanitarios y la educación, agua potable e instalaciones básicas de saneamiento, así como viviendas adecuadas. En países que presentan las circunstancias opuestas, y el porcentaje de personas subnutridas es ya bajo, el reto consiste en encontrar medios efectivos para beneficiar a los más desamparados. Por lo general se trata de personas que participan de modo marginal en la economía de mercado típica. Sólo puede llegarse a ellas mediante programas de alivio a la pobreza bien orientados, y que tengan como respaldo medidas de protección social prudentemente dosificadas. En cualquier caso, el objetivo principal de estos esfuerzos debe ser mejorar la salud y la nutrición de los niños. Es un hecho conocido que invertir en el bienestar de los niños con el tiempo produce los mejores frutos en términos económicos y humanitarios. En las familias que sufren de inseguridad alimentaria, con frecuencia son los niños quienes más hambre pasan. Si bien los recientes avances observados en Asia son alentadores, no hay que olvidar que en numerosos países africanos se ha producido un empeoramiento, y la desnutrición infantil sigue aumentando. Las medidas principales deben dirigirse a la población aquejada de hambre crónica y sectores vulnerables, pero también requieren asistencia humanitaria inmediata las personas cuya seguridad alimentaria y cuyo sustento básico se han visto afectados por conmociones debidas a desastres económicos, sociales o naturales, a fin de evitar que caigan en una situación de inseguridad alimentaria crónica. Hasta el momento, cada país ha abordado estos retos de diferentes maneras, unos con más éxito que otros. Lo que se precisa es fijar la atención en las experiencias prácticas de estas naciones, para analizar las razones que han llevado al éxito a algunas de ellas, y han hecho fracasar a otras, y extraer lecciones de dichos casos. Este informe hace hincapié en que numerosas estimaciones, a pesar de basarse en los datos más completos de los que se dispone, siguen siendo demasiado imprecisas para poder garantizar programas de medidas efectivos. Con objeto de orientar mejor las estrategias políticas y los recursos para favorecer a los hambrientos y a los miembros más vulnerables de la sociedad, se incita a los países y organizaciones nacionales a que empleen el Sistema de información y cartografía sobre la inseguridad y la vulnerabilidad alimentarias (SICIVA), de carácter interinstitucional, a fin de mejorar sus propios sistemas de recopilación y análisis de datos sobre seguridad alimentaria. Uno de los propósitos de esta primera edición de El estado de la inseguridad alimentaria en el mundo es fomentar el uso de instrumentos como el SICIVA. Con este informe se persigue también plantear a los dirigentes y creadores de opinión mundiales el problema de la subnutrición en los diferentes lugares del planeta, y estimular la elaboración de enfoques innovadores para combatirlo. Los instrumentos para alcanzar el objetivo fijado en la Cumbre Mundial sobre la Alimentación de reducir a la mitad el número de personas subnutridas llegado el año 2015 existen. La siguiente etapa consistirá en traducir este objetivo en actuaciones concretas a escala local, nacional y regional, que faciliten la intervención de los ciudadanos y los que los lideran. Siguiendo el espíritu del llamamiento realizado en la Cumbre para poner fin definitivamente a la inseguridad alimentaria en el mundo, no basta con alcanzar el objetivo numérico fijado basándose en los rápidos avances conseguidos en un puñado de países de gran extensión. Esto no haría justicia a los que viven en otros muchos países, y que tienen igual derecho a liberarse del dolor, la desazón y la prematura muerte que acarrea la inseguridad alimentaria. |