La función decisiva de la agricultura

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La mayoría de las personas pobres de los países en desarrollo viven en zonas rurales y dependen de la agricultura para obtener sus alimentos y sus ingresos. Desafortunadamente, muchos países en desarrollo han descuidado el sector rural, dando prioridad en cambio a las zonas urbanas y al impulso para la industrialización. La poca atención que ha recibido la agricultura se ha concentrado, casi siempre, en los cultivos comerciales de exportación más que en los cultivos básicos para consumo local.

En los últimos años el mundo desarrollado ha prestado más atención a ayudar a los países en desarrollo a incrementar su producción agrícola. Entre 1980 y 1990, la cuota de asistencia para el desarrollo dirigida a la agricultura se redujo del 20 al 14 por ciento. Con todo, en muchos casos la forma más eficaz de fotalecer la seguridad alimentaria y mejorar la vida de los pobres consiste en ayudar al sector agrícola. La producción agrícola incrementada puede elevar los ingresos de los campesinos y de los jornaleros agrícolas, proporcionándoles dinero para comprar insumos agrícolas, servicios y bienes de consumo. Esto, a su vez, aumenta las oportunidades de empleo en las zonas rurales y contribuye a reducir la emigración hacia los centros urbanos.

Los beneficios no se limitan al campo, más adelante llegan a los pobres urbanos conforme hay más alimentos disponibles en los mercados y los precios de los alimentos se estabilizan o disminuyen. Al mismo tiempo, una reducción de las importaciones de alimentos libera divisas para comprar bienes de capital y para invertir en infraestructura local, lo que estimula el crecimiento de una variedad de empresas productivas y proporciona un impulso adicional al empleo y al ingreso tanto en las zonas rurales como en las urbanas.