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Comunicación del Director General de la FAO Jacques Diouf
En los últimos años, la frecuencia y gravedad de sequías, inundaciones y tormentas de efectos devastadores han aumentado de modo considerable. Se han incrementado también los estragos y sufrimientos humanos causados por disturbios civiles y las situaciones de caos en los países asolados por lo que se conoce como «situaciones complejas de emergencia». El mundo ha sido testigo de 16 catástrofes importantes en el decenio de 1960, 29 en el de 1970 y 70 en el de 1980, y la tendencia ascendente continúa. Los expertos no acaban de entender o de ponerse de
acuerdo sobre los motivos por los que se ha acelerado el
ritmo de las catástrofes y emergencias. Algunos
científicos, basándose en modelos de
computadora, apuntan a un cambio climático y al
calentamiento mundial como explicación del hecho de
que las tormentas sean ahora más violentas y las
precipitaciones más irregulares, mientras que otros
lo atribuyen a ciclos en las condiciones
atmosféricas, y no a un cambio drástico. Entre
los factores sociales y políticos que se mencionan
con frecuencia figuran el final de la guerra fría, la
creciente presión demográfica que obliga a la
población a vivir en lugares más marginales y
peligrosos, una mala administración endémica,
la corrupción, etc.
Las emergencias están imponiendo a los ciudadanos de todo el mundo una carga que aumenta a medida que crece la parte de la ayuda internacional concedida con fines humanitarios. Las Naciones Unidas han visto cómo se duplicaba en menos de diez años la proporción de su presupuesto destinada al socorro de emergencia. Los gastos de la FAO en operaciones de urgencia han aumentado también vertiginosamente. El resumen informativo sobre las actividades de emergencia de la FAO que llega cada mes a mi despacho contiene una lista de los países que se han visto afectados por las catástrofes y sus secuelas, así como de los proyectos de la FAO que han sido aprobados o se están tramitando. Quienes trabajamos en la FAO nos sentimos orgullosos de nuestra contribución a un sistema internacional de prevención y respuesta a las emergencias cada vez mejor orientado y coordinado. Ante los desafíos que plantean las catástrofes naturales y de origen humano, la FAO colabora estrechamente con otras organizaciones del sistema de las Naciones Unidas, gobiernos nacionales y organizaciones no gubernamentales, cada uno de los cuales aporta sus conocimientos especializados y su experiencia. Somos plenamente conscientes de la importancia de esta cooperación. En la Declaración de Roma sobre la Seguridad Alimentaria Mundial, aprobada por Jefes de Estado y de Gobierno reunidos en la Cumbre Mundial sobre la Alimentación de noviembre de 1996, se subrayaba la necesidad de pasar cuanto antes del socorro a la rehabilitación y de sentar las bases para una recuperación sostenible y una prevención de futuras emergencias relacionadas con las catástrofes. En la Declaración se afirma: «nos esforzaremos por prevenir y estar preparados para afrontar las catástrofes naturales y emergencias de origen humano, y por atender las necesidades transitorias y urgentes de alimentos de maneras que fomenten la recuperación, la rehabilitación, el desarrollo y la capacidad para satisfacer las necesidades futuras». La FAO considera que la asistencia humanitaria forma parte integrante de su mandato de contribuir a elevar los niveles de nutrición y de vida, especialmente en las zonas rurales del mundo en desarrollo. La FAO se esfuerza en alcanzar este objetivo centrándose en aquellos sectores en los que puede ofrecer conocimientos, aptitudes y recursos excepcionales. Puesto que es primordialmente un organismo orientado al desarrollo, la Organización desempeña una labor de especial importancia en las operaciones de asistencia humanitaria encaminadas a conseguir una recuperación sostenible. La FAO es el único organismo especializado de las Naciones Unidas que tiene una capacidad demostrada para planificar la rehabilitación agrícola. El principio que nos guía es que el mejor servicio que podemos prestar a las víctimas de una catástrofe es ayudarles a volver rápidamente a sus hogares y sus campos. Nuestra experiencia nos permite adaptar los programas de rehabilitación a las condiciones y necesidades concretas de las familias campesinas afectadas, garantizando que las semillas que siembren germinarán y que las cosechas que recojan satisfarán sus necesidades nutricionales y culturales. Por esta razón la FAO, a través de su Oficina de Operaciones Especiales de Socorro, organiza cada año la entrega de ayuda de emergencia en forma de insumos agrícolas y servicios de rehabilitación y reconstrucción por un valor de millones de dólares. Pero, por supuesto, más vale prevenir que curar. El Sistema mundial de información y alerta sobre la alimentación y la agricultura (SMIA) de la FAO vigila y analiza constantemente las condiciones atmosféricas y el estado de las cosechas para pronosticar la posible aparición de situaciones de escasez y emergencias y dar a los gobiernos y a la sociedad civil tiempo para prepararse. Mediante su Sistema de prevención de emergencia (EMPRES) de plagas y enfermedades transfronterizas de los animales y las plantas, la FAO vigila las plagas y enfermedades de los animales y las plantas que amenazan con rebasar las fronteras nacionales y coordina las medidas para prevenirlas y combatirlas. La FAO ha mejorado y promovido variedades de plantas resistentes a la sequía y cultivos resistentes a los huracanes; ayuda a los gobiernos a establecer sistemas de lucha contra las inundaciones y de recogida de aguas; fomenta la diversificación de los cultivos y el ganado para evitar una dependencia excesiva de una sola variedad o especie o incluso de un único sistema de explotación. El Programa Especial de la FAO para la Seguridad Alimentaria, iniciado en 1994, tiene como finalidad específica reducir la variabilidad y mejorar la productividad agrícola mediante una mejor regulación del agua, una intensificación y diversificación sostenibles de la producción y la supresión de las limitaciones socioeconómicas, con miras a prevenir las emergencias debidas a sequías e inundaciones. Todas estas estrategias, consideradas conjuntamente, permiten reducir el riesgo de que una catástrofe natural se convierta en una tragedia humana. Posiblemente el mundo nunca estará libre de catástrofes. Pero podemos mejorar nuestra capacidad de preparación, respuesta y reconstrucción. El papel activo que está desempeñando en este proceso mostra una FAO racionalizada y con objetivos más concretos.
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