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El rumbo futuro Acelerar el ritmo del progreso No se puede negar que el avance hacia la eliminación del hambre es demasiado lento. El número de personas subnutridas sigue básicamente igual desde la edición de 1999 de El estado de la inseguridad alimentaria en el mundo. El problema del hambre puede considerarse desde dos perspectivas generales. Una es la del alcalde o jefe de la aldea, que ve todos los días a las personas que pasan hambre y sabe que con las herramientas y los recursos adecuados podrían alimentarse. La otra es la del funcionario público que reside en la capital del país o la del organismo internacional. Éstos ven las estadísticas y las causas del hambre y saben que con las políticas adecuadas, los aldeanos podrían obtener los instrumentos y recursos necesarios. Ambos puntos de vista, el local y el mundial, han de orientar la acción. Debemos fijar objetivos y elaborar remedios específicos para las diversas necesidades de los grupos de todas las sociedades vulnerables al hambre o que ya la padecen. También hay que ocuparse de las políticas que impiden a la población encontrar las oportunidades y los medios para llevar a cabo su propia lucha contra el hambre y la pobreza, y crear un medio favorecedor tanto en el plano nacional como en el internacional. No hay un "rumbo", sino muchos. La acción local, si está bien dirigida, sólo puede ser eficaz si el medio normativo, nacional e internacional, ofrece a los países que tienen inseguridad alimentaria y a su población a definir las opciones que los ayuden a superar el margen de la supervivencia. Al mismo tiempo, los países también deben ocuparse de esta tarea. Es decisiva la recopilación sistemática de información fiable sobre el estado de la inseguridad alimentaria en todos los países. En su aspecto más básico, el rumbo futuro depende de la creación de condiciones que permitan a la población asegurar su derecho a obtener una alimentación adecuada en forma digna. El objetivo inmediato ha de ser eliminar las limitaciones y abrir nuevas oportunidades para ganarse la vida. No puede existir una solución única para remediar la subnutrición, ni las soluciones serán simples. Pero cada país puede avanzar y la comunidad internacional puede proceder con conciencia respecto a los compromisos establecidos en la Cumbre Mundial de la Alimentación. El camino será largo y habrá dificultades. Este es el momento para fortalecer la decisión.
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