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Es una amarga ironía que conforme los países en desarrollo siguen esforzándose por reducir el hambre, algunos a la vez afrontan el problema contrario: la obesidad. La obesidad acarrea una mayor frecuencia de enfermedades crónicas, como la diabetes, enfermedades del corazón y cáncer. Y si bien algunas personas pobres están sobradas de peso, eso no significa que estén mejor alimentadas. La obesidad a menudo encubre deficiencias del consumo de vitaminas y minerales. "Consideramos la obesidad un problema importante que necesita tratarse, a la vez que el problema de la subalimentación", explica Prakash Shetty, Jefe del Servicio de Planificación, Estimación y Evaluación de la Nutrición, de la FAO. Apenas hace unos años era raro encontrar esta
afirmación. Los expertos dudaban de llamar la
atención a la obesidad, mientras había tantas
vidas debilitadas por el hambre, y de un total de
815 millones de personas que padecen hambre en el
mundo, 780 millones están en los países
en desarrollo. Pero los alarmantes datos presentados el
año pasado por el Worldwatch Institute pusieron en
tela de juicio la forma tradicional de pensar: por primera
vez, el número de personas sobrealimentadas en el
mundo compite con la cifra de las subalimentadas. Y lo
triste es que los países en desarrollo se hayan unido
a las filas de los países que afrontan el problema de
la obesidad.
Tres problemas, una
solución: una buena
nutrición La obesidad en el mundo en desarrollo no es una sorpresa para la FAO: "Ya sabíamos que el mundo producía suficientes alimentos para todos -afirma Barbara Burlingame, Oficial Superior del Grupo de Estimación y Evaluación de las Repercusiones de la Nutrición, de la FAO-. Desafortunadamente, los alimentos no siempre llegan a quienes más los necesitan". El hambre es una consecuencia, la obesidad, otra. Además, prácticamente todas las personas que padecen hambre y muchos de los que tienen sobrepeso sufren debilidad por otro tipo de malnutrición: la falta de vitaminas y minerales, conocida como deficiencia de micronutrientes. "Solía pensarse que si las personas obtenían suficiente energía de su alimentación, los micronutrientes vendrían por añadidura -afirma la Dra. Burlingame-. Pero las personas cada vez ingieren más alimentos de mala calidad, que llenan el estómago pero siguen dejando el organismo sin los micronutrientes necesarios".
La FAO mantiene que un acertado planteamiento de la nutrición debe orientarse a la calidad así como a la cantidad. "Una de nuestras misiones más importantes es promover una alimentación diversificada, que contenga los alimentos tradicionales, por lo general bien equilibrados y muy nutritivos", explica el Dr. Shetty.
Enero de 2002
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