El proyecto "Apoyo a las mujeres en el área rural en el marco de un enfoque de género" se insertó dentro de un proceso de reconversión productiva en el que se abrían nuevas posibilidades para crear o reforzar las estructuras institucionales que favorecerían la equidad de género. Su objetivo general fue el de incorporar la dimensión de género en los lineamientos del sector agropecuario, detectando los obstáculos que dificultan la participación de la mujer y contribuyendo a generar las condiciones institucionales para superarlos.
Dentro de este contexto y siguiendo una orientación eminentemente participativa, se desarrollaron metodologías e instrumentos (consultas, talleres, entrevistas y trabajo de equipo, entre otros) mirados a capacitar a los diferentes actores involucrados (técnicos/as, planificadores/as y directivos).
Una reflexión sobre el proceso en su conjunto, a la luz de las finalidades del proyecto y de los frutos esperados, revela que el cumplimiento de los objetivos y los logros obtenidos exceden a los esperados inicialmente. Los resultados positivos, en gran parte, se deben a que funcionarios/as, campesinos/as y expertos/as trabajaron con unas metas y unos propósitos similares en un clima de cooperación e intercambio. El nuevo enfoque permitió una apropiación gradual de las herramientas operativas y conceptuales, generadas por el proyecto mismo, por parte de los ejecutores/as de la política agraria y del personal técnico vinculado a los proyectos de desarrollo rural.
Se adoptó una metodología de género acorde con el proceso de transformación por el que atravesaba el país. En términos generales, el enfoque fue aceptado y apoyado a nivel local, regional y nacional ya que sus propuestas eran coherentes con las finalidades contenidas en el Plan de Desarrollo. Entre ellas cabe mencionar por un lado, el interés por reforzar y potenciar equitativamente el rol productivo de hombres y mujeres y por el otro, la intención de fortalecer la participación de los pequeños productores/as en el análisis de sus problemas (producción, deterioro de los recursos naturales, seguridad alimentaria, etc.) y la búsqueda de soluciones apropiadas.
Sin lugar a dudas, el proyecto contribuyó al fortalecimiento y a la creación de organizaciones de base y grupos de mujeres. Se impulsaron nuevas agrupaciones tales como la Asociación de Mujeres Campesinas, la Filial de Mujeres Campesinas del Atlántico, etc. Así mismo, se estimuló la participación femenina tanto en las instituciones que asumen un papel protagónico en el nuevo escenario productivo (los CAB, Juntas Cantonales, Juntas de Desarrollo) como en las asociaciones tradicionales, en las que prima una representación patriarcal (UPAGRA, UPA NACIONAL, etc.). Esta ultima actividad no siempre fue fácil, ya que dichas organizaciones se guían por una serie de estereotipos de género, que tomarán largo tiempo y mucho esfuerzo para erradicarse. El esfuerzo del proyecto en esta dirección, se vio en cierta medida respaldado por la reorientación del sector agropecuario hacia productoras y productores y, por la necesidad, expresada en los planes gubernamentales, de prepararlos para esta nueva función.
Un aspecto interesante del proceso consistió en que las propuestas institucionales se alimentaron con ideas y observaciones de las bases, surgidas en las sesiones de capacitación. Las sesiones, dirigidas por un extensionista, sirvieron para identificar los problemas del grupo y de la zona; formular metas y estrategias para alcanzarlas; identificar posibles obstáculos en el proceso y recursos a los cuales recurrir. A su vez se discutieron orientaciones y medidas del sector agropecuario y del ambiente y se recabaron comentarios y sugerencias. Este proceso de intercambio, en diferentes zonas y grupos de la región Huetar Atlantica, posibilitó, por una parte, orientar la definición de objetivos y acciones de las propuestas institucionales, y por otra, tener una primera apreciación de la viabilidad de ciertas medidas recomendadas.
Desde el punto de vista de las campesinas, el trabajo participativo con los equipos del proyecto les permitió expresar sus necesidades y formularlas en los planes de desarrollo, primer paso para que las mujeres participen e influyan en el proceso de desarrollo agropecuario. Este propósito debe constituir una parte importante de los objetivos que guian la difusión y extensión del proyecto hacia otras regiones del país. Las futuras acciones deben encaminarse a utilizar la experiencia adquirida para reforzar los canales, espacios y mecanismos de comunicación entre los diferentes niveles, lo que hasta ahora no ha sido fácil. Por ejemplo, en muchos casos, los equipos de sensibilización, capacitación de género y organización actuaron como mediadores entre las bases y los organismos encargados del financiamiento y apoyo técnico de los planes de trabajo que estos habían formulado. Pese al proceso de seguimiento y negociación por parte del MAG y del PDR, hasta la fecha no se ha logrado financiar ningún proyecto de los requeridos por las mujeres, creando una amenaza al proceso iniciado ya que podría generar frustración y pesimismo entre las integrantes de la Filial.
Durante el curso del proyecto, se comenzó a desarrollar una iniciativa relacionada con la especificación de indicadores para la medición, sistemática y coherente, de los avances en el cumplimiento de las acciones. Además de su aporte a la medición, el uso de indicadores exige una mayor precisión en la formulación de acciones y medidas, dando mayor rigor científico a todo el proceso. La ausencia de resultados positivos al respecto, en el ámbito del proyecto puede atribuirse directamente a la escasez tiempo, lo que debería tenerse en cuenta en futuros proyectos.
Por otro lado, se observó que cierto tipo de formulaciones tendían a causar malestar o posiciones defensivas por parte de los hombres. Entre ellas, las referentes a medidas discriminatorias, al "machismo", al patriarcalismo, etc., o las que de algún modo atentan contra estereotipos de género profundamente enraízados: responsabilidades respecto al cuidado de los niños, a la preparación de alimentos, a la libertad de las mujeres para ausentarse frecuentemente o por largo tiempo de su hogar, etc. Esta experiencia plantea la necesidad de una cuidadosa revisión de los enfoques, los contenidos y la forma de presentación de los mismos ya que se trata de favorecer la actividad conjunta y armónica de mujeres y hombres para el cumplimiento de sus metas, unificando esfuerzos y minimizando controversias y temores.
Al mismo tiempo, se creó un ambiente propicio para la consolidación de los resultados obtenidos en materia de sensibilización, capacitación y orientaciones políticas e institucionales, así como para la difusión de los logros en otras regiones del país. En efecto, la institucionalización de las actividades de sensibilización y capacitación en los lineamientos del sector agropecuario sentó las bases para la expansión futura de la experiencia piloto.
El proyecto no sólo creó y formó grupos de expertos que actuaron en forma coordinada, tanto a nivel central como local, sino que también suscitó interés por la problemática de género en campesinos/as, funcionarios/as y técnicos/as. Durante el proyecto se contó con la colaboración de funcionarios que estaban vinculados estrechamente a la comunidad y a los niveles decisionales medios y altos, conocían y manejaban cotidianamente la problemática del desarrollo rural. La movilización de estos expertos que habían adquirido una sensibilidad en materia de género, la utilización de una metodología común, las herramientas producidas por el proyecto mismo, entre otros, constituyen una base coherente e integrada para asegurar una expansión del proceso a otras regiones del país.
Además, la continuidad del trabajo emprendido se verá favorecida por el compromiso y dedicación demostrado por los/las funcionarias de las instituciones del sector. Contribuirán particularmente, la Coordinadora Nacional y la Contraparte Nacional, ya que cuentan con grandes capacidades para motivar, convencer, y establecer vínculos con los actores en los distintos niveles del sector.
Vale mencionar que el éxito del proceso se vió, en parte, limitado por la breve duración del proyecto. Proyectos que miran a cambios estructurales, tales como la incorporación de un nuevo enfoque y el cambio de actitud de los agentes involucrados, requieren de un período de maduración mas largo.
Si bien en términos generales el proyecto fue exitoso y sentó las bases para su difusión, el proceso en marcha debe evaluarse con una periodicidad determinada, y sus resultados positivos deben replicarse y constituirse en nuevas herramientas de trabajo. Es además necesario que las metodologías e instrumentos de trabajo conserven su flexibilidad, potencial de transformación y adecuación a las nuevas situaciones.
Para concluir, cabe señalar la importancia que tuvo para el proyecto la vinculación con otras organizaciones fuera del sector. De especial relevancia fue el apoyo prestado por el Despacho de la Primera Dama y el Centro Mujer y Familia, ente rector en políticas de género a nivel nacional. Una experta en planificación del Centro participó en el proceso de formalización de propuestas y en las consultas subsiguientes, aportando su experiencia y dedicación y dando al proyecto una continuidad con las iniciativas de género realizadas previamente.