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IV. PROCESO DE EJECUCIÓN

En el presente capítulo se analizan las principales actividades de los cinco proyectos que contribuyeron a apoyar y fortalecer el papel de la mujer como agente productivo. Durante todo el proceso, las estrategias seguidas y los instrumentos utilizados variaron de acuerdo a las condiciones y necesidades específicas del momento, adecuándose a las experiencias y a los aprendizajes derivados del desenlace de los proyectos mismos.

Primera etapa 1983-1986: Crédito y asistencia técnica

La primera etapa se llevó a cabo mediante un proyecto5 iniciado en 1983. Este se orientó a fortalecer a la organización grupal y a apoyar la realización de pequeños proyectos productivos, con el fin de fomentar la participación de la mujer en la producción.

Como zonas de trabajo se seleccionaron las regiones de Olancho, Comayagua, Choluteca y Francisco Morazán. Los principales instrumentos adoptados para el logro de los objetivos específicos fueron: a) apoyo técnico para la organización de la mujer, b) asistencia técnica y financiera para la identificación, formulación y ejecución de pequeños proyectos que contribuyeran a mejorar los ingresos de la familia y a estimular la participación de la mujer y c) capacitación de los beneficiarios en aspectos técnico-productivos y de manejo empresarial.

Se concedieron créditos a 74 pequeños proyectos productivos y de servicios beneficiando 55 grupos y más de 1.000 mujeres campesinas. Se capacitaron 370 funcionarios del INA mediante 21 eventos.

No obstante, el analfabetismo y la escasa capacitación, a los cuales no se les prestó la debida atención, limitaron el éxito de las acciones. En efecto, la falsa creencia que las mujeres únicamente necesitaban crédito hizo que el presupuesto para capacitación representara solamente cerca del 5% del total de los recursos disponibles. Además, como parte de la misma concepción errónea, se consideró que las metodologías utilizadas para capacitar a los hombres podían aplicarse sin necesidad de ser modificadas, y que las tecnologías promovidas, en general sofisticadas y demandantes de insumos adquiridos, podían ser fácilmente asimiladas por mujeres analfabetas. En otras palabras, no se había indagado acerca de la generación y/o transferencia de tecnologías adecuadas para las mujeres.

A su vez, el temor de las campesinas por asumir responsabilidades crediticias, el analfabetismo y la intensidad del trabajo doméstico fueron condicionantes tanto del fracaso relativo de algunos proyectos productivos, como de la escasa movilización del Fondo Rotatorio.

Una lección derivada de la ejecución de dicho proyecto consistió en que la participación de las mujeres en las actividades productivas, demanda, además del crédito y la asistencia técnica, una acción sustantiva en materia de alfabetización y capacitación.

Segunda etapa 1986-1989: Capacitación

La segunda etapa, cuyo énfasis se centró esencialmente en la capacitación, se desarrolló mediante la ejecución de tres distintos proyectos. Con el fin de dar continuidad al proceso emprendido en la primera etapa y sobre la base de las dificultades enfrentadas y las enseñanzas derivadas, se formuló un nuevo proyecto6 que extendía su cobertura a dos nuevas regiones, Copán y Paraiso.

Los objetivos principales del proyecto fueron:

· reforzar la organización de las mujeres rurales;

· sensibilizar a la población, desde la base hasta los cuadros coordinadores del proyecto, acerca de la importancia de la participación de la mujer;

· perfeccionar las técnicas de capacitación agrícola;

· generar tecnologías con enfoque de género, de manera que las mujeres pudieran potenciar su papel en la economía familiar;

· entrenar a las campesinas para que actuaran como intermediarias entre el sistema de extensión y los grupos de mujeres locales.

Como resultado de las acciones llevadas a cabo se alfabetizaron 840 mujeres y se capacitaron 141 facilitadoras de alfabetización. La capacitación se impartió a 1.700 participantes. La mayoría formaba parte del personal de campo - promotoras campesinas y grupos de base- y de los cuadros asesores y coordinadores del proyecto (mujeres y hombres). Los cuadros eran técnicamente calificados y fueron seleccionados ante la necesidad de apoyar a grupos de mujeres en proyectos empresariales a través de talleres y eventos. (Anexo 1, Cuadro 4). Los contenidos de la capacitación incluían la organización de promotoras, capacitación técnico-productiva a grupos de base y el fortalecimiento de la organización campesina.

Sin embargo, el aspecto más significativo de este proyecto fue la adopción de una nueva metodología: la capacitación PREN. Esta estrategia de formación permite a las mujeres desempeñar funciones paratécnicas de extensionistas locales, que complementan el trabajo profesional de los extensionistas institucionales. A través de ella, las campesinas adquieren una serie de conocimientos que les permiten:

· promover cambios de actitud hacia la participación de la mujer;

· ejecutar proyectos productivos y de servicio;

· gestionar recursos de apoyo en beneficio de los grupos femeninos que ellas representaban, y;

· promover, constituir y administrar cajas rurales de ahorro y crédito, bajo criterios de rentabilidad económica y social.

Las PREN desempeñan un trabajo voluntario, utilizando los conocimientos y las experiencias adquiridas en el programa de capacitación. Entre las funciones que realizan se destacan las siguientes:

· concientizar a las socias del grupo y a la comunidad sobre la importancia de la participación de la mujer en el desarrollo rural;

· emprender acciones para mejorar el liderazgo y los niveles organizativos del grupo;

· promover e impartir conocimientos prácticos demostrativos sobre tecnologías para el manejo de huertos familiares, cría de aves criollas y otros renglones relacionados con la disponibilidad de alimentos;

· promover y asesorar al grupo para la constitución de cajas rurales de ahorro y crédito coordinando las acciones pertinentes a la capacitación en materia de capital semilla y seguimiento posterior;

· servir de enlace entre grupos de base y extensionistas de las instituciones involucradas (INA y SRN).

El desempeño de las nuevas funciones confiere a las PREN: a) un estatus diferente en la comunidad; b) un reconocimiento institucional que en algunos casos les proporciona trabajo asalariado; c) el manejo de instrumentos contables y financieros que contribuyen a mejorar la productividad en sus actividades; d) una apertura al mercado laboral. De hecho, se dieron ejemplos de contratación de mujeres PREN en los proyectos "Trifinio", "Apoyo a la Actividad Agrícola de los Grupos Campesinos de Choluteca (PROAPACH)" y "Desarrollo Integral del Valle de Otoro".

La "capacitación modular" propicia un espacio de encuentro entre mujeres para compartir problemas y experiencias y crear un ambiente adecuado para descubrir las potencialidades y obstáculos, no sólo en calidad de PREN, sino también como mujeres. El desarrollo de la capacitación en un centro cerrado ( tipo internado) favorece esta posibilidad.

La experiencia adquirida durante el trabajo de capacitación hasta 1989 y la necesidad de consolidar los resultados obtenidos con los grupos beneficiarios hizo que la FAO brindara su sostén mediante un proyecto puente de seis meses, "Apoyo a la capacitación campesina para la participación de las mujeres en el proceso de desarrollo"7. El objetivo consistía en dar continuidad y reforzar los conocimientos de las campesinas capacitadas hasta el momento, así como apoyar su papel de agentes de promoción socioeconómica en las zonas rurales.

Ulteriores propósitos relevantes del proyecto fueron: la definición de una estrategia para difundir las actividades de capacitación a otras regiones y el diseño y puesta en marcha de una metodología PREN en el área de la alimentación y nutrición.

En concreto, se logró mejorar la labor de más de la mitad de las productoras enlace capacitadas anteriormente mediante talleres de seguimiento.

La segunda etapa del proceso concluyó con un proyecto8 cuyos propósitos fueron los de fortalecer los grupos de campesinas, capacitar a extensionistas y a nuevos agentes de enlace (PREN) e intensificar la capacitación práctica a las campesinas. Sin embargo, el eje central fue la capacitación de las PREN. De hecho, se puede afirmar que uno de los principales resultados logrados en el curso de este proyecto fue la validación de la eficacia de la metodología PREN. Se demostró que las capacidades productivas y empresariales de las mujeres campesinas pueden ser potenciadas para incrementar la produción y, en consecuencia, los niveles de ingresos. Concretamente se capacitaron 114 nuevas PREN y se impartió una formación complementaria a 48 PREN capacitadas durante los proyectos precedentes. Por otro lado, se elaboró una guía de metodología PREN que describe el proceso de selección de los participantes, los contenidos y mecanismos de capacitación modular, las fases de seguimiento/evaluación y un conjunto de materiales didácticos de apoyo.

Al final de la segunda etapa se habían generado las condiciones que hacían factible transferir la metodología de capacitación PREN a otras instituciones interesadas en adoptarla como una estrategia de trabajo. Sin embargo, la ausencia de apoyo sostenido de los extensionistas del INA y SRN a las Productoras Enlace, debido a la rotación frecuente y a los recortes de personal, limitaron los resultados y redujeron las posibilidades de institucionalización del proceso. Así mismo, cambios en las competencias de las instituciones involucradas en el proceso establecieron nuevas prioridades y lineamientos de trabajo que condicionaron ulteriormente los efectos esperados.

Metodologia de capacitación PREN

Capacitación de 4250 mujeres campesinas
Módulos Organizadoras de grupos de mujeres 

Facilitadoras de alfabetización 

Mejoradoras de ambiente y vivienda 

Productoras Enlace

Capacitación a 280 extensionistas en promoción 
y organización y a 110 dirigentes campesinos
Productoras Enlace 

en 3 etapas

Selección (3 meses) 

Modular (6 módulos en 7 meses) 

Seguimiento/evaluación

Tercera etapa 1993-presente: Institucionalización

Al finalizar la segunda etapa se realizó una profunda reflexión acerca del alcance de los proyectos efectuados. Se llegó a la conclusión que después de diez años de actividades centradas fundamentalmente en la mujer y las organizaciones de base, habían madurado las condiciones para orientar las acciones y los esfuerzos hacia las instituciones. Es así como en la tercera etapa se produjo no solamente un cambio de énfasis, sino que también se adoptó un nuevo enfoque conceptual. En efecto, se pasa del enfoque mujer y desarrollo prevaleciente en las dos primeras etapas al de género.

Un nuevo proyecto9, todavia en curso, fue concebido ante la necesidad de: a) institucionalizar la metodología de capacitación de las Productoras Enlace (PREN) con el fin de garantizar la expansión, consolidación y sostenibilidad de los resultados obtenidos en los años anteriores; b) fortalecer los grupos organizados de mujeres campesinas a través del seguimiento técnico de sus actividades por parte de las ONG y organizaciones campesinas; c) propiciar una mayor y más efectiva paticipación de la mujer en el proceso de reforma agraria mediante la revisión y aplicación efectiva de la política de la mujer; d) definir del papel de las organizaciones (las ONG y OC).

Para reforzar e institucionalizar la metodología de capacitación PREN se individuaron algunas ONG que estaban ya desempeñado actividades en las zonas de ejecución. En realidad tan sólo se pudo trabajar con "Save the Children" ya que fue la única que tuvo la capacidad de adoptar los conocimientos y las metodologías de capacitación a sus programas. La lección aprendida fue que no hay que sobrestimar la capacidad de adopción de un modelo de capacitación de este tipo por parte de las ONG sin experiencia específica, ya que las modalidades y los plazos de ejecución son difíciles de ajustar a sus propios programas.

A pesar de las dificultades y limitaciones enfrentadas en la etapa precedente, la transición institucional se logró con la inclusión, en las actividades en curso, de tres proyectos de desarrollo rural financiados internacionalmente, y con la colaboración de la Fundación Hondureña para la Investigación Agropecuaria y seis organizaciones campesinas (Anexo 2). A su vez, las organizaciones campesinas se comprometieron a dar seguimiento a los grupos, mediante su personal capacitado a través del proyecto.

El proyecto generó y/o fortaleció la capacidad de autogestión de las organizaciones campesinas nacionales y de base, con el fin de eliminar las principales barreras que limitaban el acceso efectivo de la mujer a los recursos de producción. En ese marco, dichas organizaciones participaron, a través de sus líderes -hombres y mujeres-, como sujetos de consulta permanente, como actores en la conducción del proyecto y como beneficiarios de la capacitación y ejecución del crédito, monitoreo y evaluación. Los dirigentes de las organizaciones campesinas a nivel nacional, proporcionaron valiosa información acerca de las experiencias, necesidades y expectativas relativas a la participación de la mujer.

Fue así como los grupos directivos de las organizaciones reconocieron la necesidad de impulsar una acción sistemática con miras a la apertura de nuevos espacios de participación de la mujer. Sobre esa base se estructuró un primer programa de capacitación de Promotoras Campesinas (PROM) que involucró 90 mujeres afiliadas a 11 centrales campesinas. Las promotoras se insertaron en los cuadros directivos nacionales de organizaciones mixtas y femeninas para velar por los intereses de las mujeres campesinas del país.

Es pertinente mencionar que también se adoptó un esquema de financiamiento alternativo para facilitar el acceso de la mujer a los recursos financieros. Se adelantaron iniciativas destinadas a promover la participación de las mujeres campesinas en proyectos de inversión a través de la conformación de Cajas Rurales de Ahorro y Crédito -CRAH-. Las cajas son entidades comunales que ofrecen servicios de ahorro y crédito a sus socias y a personas de la comunidad. 69 grupos de base con más de 800 participantes en las zonas de operación de Choluteca, Valle, Comayagua, Intibucá y Copán han tenido acceso a formas de crédito alternativas a las tradicionales . Más de la mitad de los recursos otorgados derivaban de los ahorros de las asociadas y de las utilidades provenientes de las actividades de intermediación.

Las socias de las cajas rurales recibieron capacitación en aspectos administrativos y contables pero, debido a los bajos niveles de escolaridad prevalecientes en el área rural y a la falta de experiencia, se hizo indispensable continuar las tareas de seguimiento de las CRAH con cuadros capacitados de seis OC: FEHMUC, CODIMCA,UNC,CNTC,ANAMUC y ALCONH.

Con el fin de mejorar las condiciones de la mujer rural hondureña, que enfrenta tanto discriminaciones relativas al acceso a los recursos, como un tratamiento desigual que limita su desempeño eficiente como productora agropecuaria, se realizó, en concertación con el INA, un diagnóstico nacional sobre las oportunidades y limitaciones que tiene la mujer campesina para acceder a la tierra y a otros medios de producción.

Como resultado de una acción conjunta de representantes de las ONG, instituciones públicas, organizaciones campesinas y grupos de mujeres, se inició una revisión de las políticas sectoriales agrícolas para que integraran las nociones de género y equidad de género.

Ante el reconocimiento de la importancia y eficacia de la metodología PREN como instrumento para fomentar un desarrollo agrícola y rural con enfoque de género, el gobierno hondureño está realizando esfuerzos por replicar dicha metodología en seis regiones del país mediante un proyecto específico que financiaría el gobierno de Japón.

La conclusión del proyecto en curso está prevista para principios de 1998. La FAO y las autoridades nacionales manifestaron su interés por dar continuidad al proceso mediante un nuevo proyecto que apuntaría a replicar la metodología PREN y a fortalecer las capacidades técnicas para integrar el análisis y enfoque de género al desarrollo rural en Honduras. En la actualidad, se tiene una versión preliminar del futuro proyecto10, que debería iniciar en julio de 1998 y tener una duración de cinco años. El objetivo de desarrollo general consistirá en contribuir a superar los niveles de pobreza rural a través de prácticas y políticas basadas en un enfoque de equidad y género. Ello se conseguirá mediante dos objetivos intermedios: el primero apoyará la integración del enfoque de género en programas, estrategias, proyectos y políticas del sector público agropecuario, y el segundo potenciará y valorizará la capacidad productiva y de gestión de la mujer campesina dado el papel fundamental que desempeña en la seguridad alimentaria y por ende, en las condiciones de vida del hogar.

Así mismo, en septiembre de 1997 se concluyó la elaboración de la versión preliminar de la propuesta "Los Lineamientos Estratégicos del Plan de Acción sobre Equidad de Género en el Agro Hondureño 1996-2000.11 que será presentada al Consejo de Desarrollo Agrícola (CODA), máxima autoridad conformada por todas las instituciones del sector agropecuario, para su revisión y aprobación. El plan se propone identificar y adoptar medidas orientadas a crear/ampliar el acceso de las mujeres rurales a las oportunidades sociales, económicas y políticas, en igualdad de condiciones.

En resumen, los principales resultados obtenidos durante las tres etapas del proceso son:

· un modelo metodológico de formación de paratécnicas campesinas (Productoras Enlace-PREN) validado, documentado y replicado por varias instituciones y un conjunto de materiales educativos a disposición de las instituciones públicas, las ONG y los proyectos de desarrollo;

· equipos técnicos institucionales capacitados en el manejo del modelo metodológico;

· paratécnicas campesinas capacitadas en los aspectos teórico-prácticos relacionados con la ejecución de proyectos productivos, produciendo un efecto multiplicador en beneficio de alrededor 5.000 mujeres rurales;

· un modelo de financiamiento rural de autogestión a través de las Cajas Rurales de Ahorro y Crédito (CRAH);

· mejoramiento de los mecanismos de titulación de tierras en el INA;

· un proceso de revisión de las políticas sectoriales agrícolas, bajo la perspectiva de género, con representantes de las ONG, instituciones públicas, organizaciones campesinas y grupos de mujeres.

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