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II. ANTECEDENTES DE TANZANIA

En 1884, Tanzania se convirtió en colonia alemana, en parte de África Oriental Alemana. En 1920, a través de la Liga de las Naciones, se transformó en una administración fiduciaria bajo el gobierno de Gran Bretaña. En 1961, Julius Kambarage Nyerere llegó a ser Primer Ministro y, en 1962, se convirtió en el presidente y el líder más poderoso por mandato propio. En abril de 1964, Zanzíbar y Tanganica se unieron para formar la República Unida de Tanzania. El país se divide en 25 regiones administrativas (5 ubicadas en Zanzíbar) con 94 distritos administrativos.

Tanzania tiene una superficie de 945 234 km2, de la cual el 7 por ciento es agua y el 93 por ciento tierra. En 1990, 4.7 millones de hectáreas se utilizaban para el cultivo y 46 millones de hectáreas para el cultivo forestal. De los 400 000 km2 de tierra cultivable, entre el cinco y el diez por ciento se encuentra permanentemente cultivada. El veinte por ciento de la tierra es moderadamente apropiada para la agricultura. La agricultura migratoria es el método de cultivo más frecuente . El cincuenta por ciento de la tierra se utiliza para el pastoreo, y los conflictos entres pastores y agricultores son comunes. Los bosques y montes conforman el 43 por ciento del área de tierra. En la mayoría de las familias, la leña satisface el 80 por ciento de sus necesidades de energía, y las familias del medio rural utilizan el 20 por ciento de su tiempo en recolectarla.

De acuerdo al censo de 1988, la población era de 23.1 millones de habitantes, con una tasa de crecimiento promedio de 2.8 por ciento ó 600 000 de personas al año. Para el año 2000, la población del país alcanzaría los 33 millones de habitantes. En 1988, el ochenta por ciento de la población vivía en áreas rurales, lo que disminuyó al 78 por ciento en 1992. Tanzania posee más de 120 grupos étnicos, principalmente bantú, además de significativas poblaciones asiáticas y árabes. Las afiliaciones religiosas se encuentran divididas por igual entre la religión cristiana y la musulmana. Asimismo, en 1988, la densidad era de 26 habitantes por km2 y en 1992 de 30 habitantes por km2.

La población se encuentra concentrada en las zonas periféricas del país. Las mujeres conforman el 51 por ciento de la población y el 48 por ciento de la fuerza laboral. Asimismo, constituyen el 85 por ciento de la mano de obra que se utiliza en la producción agrícola, el 5 por ciento de la que se utiliza en la industria y el 6 por ciento de la que se utiliza en los servicios. Entre 1965 y 1990 , la contribución de la mujer a la industria aumentó en un 2 por ciento. La esperanza promedio de vida es de 51.2 años. La mortandad infantil en niños menores de 5 años (por cada 1000 nacidos vivos) fue de 141 en 1991 y disminuyó a 88 en 1996.

El país está conformado por seis zonas agroecológicas que incluyen: las áreas costeras que poseen un potencial intermedio para la agricultura; las tierras áridas que poseen una escasa fertilidad del suelo y están infestadas de moscas tsetsé; las tierras semiáridas; las mesetas que poseen un suelo fértil y donde caen precipitaciones pluviales adecuadas; la Región Montañosa del Oeste y del Sur; y la Región Montañosa del Norte que cuenta con suelos fértiles y con precipitaciones pluviales adecuadas. Las regiones montañosas, ubicadas en la zona periférica del país, representan menos del 5 por ciento de la superficie total de la tierra, pero albergan al 20 por ciento de la población y proporcionan el 30 por ciento de la producción agrícola y el 50 por ciento de las exportaciones totales de cultivos.

En menos de la mitad del país caen más de 700 mm de precipitación pluvial anual. En dichas áreas predomina el agropastoreo. En el 60 por ciento del país existen moscas tsetsé. Los excedentes de la producción alimentaria se han incrementado en las áreas que se encuentran a mayor altitud y que soportan mayores precipitaciones pluviales.

Antes de la independencia, el régimen británico permitía a los colonizadores y a los que tenían intereses agrícolas muy grandes establecer fincas y plantaciones, utilizando la mano de obra forzada (lo que causó un descontento nacionalista) con normas mínimas para las fincas en cuanto a la exportación de cultivos. En el período postguerra, la producción de té y café de las grandes fincas así como las fincas de sisal ganaron impulso, con énfasis en el control de la erosión y en la conservación. Al mismo tiempo, la producción de los campesinos era principalmente de subsistencia con un apoyo mínimo a la comercialización por parte del gobierno. La producción de los campesinos se centró en la familia nuclear y en la familia extendida. Sólo se comercializaban los excedentes de la producción. Las costumbres y tradiciones determinaron los patrones de propiedad del ganado o de la tierra y la mano de obra se dividió de acuerdo al género, a la edad y a las habilidades. Aunque era autosuficiente, por el uso de tecnología autóctona o rudimentaria, la escala de producción fue pequeña y las familias vivían con la cantidad de productos exacta para cubrir sus necesidades básicas entre una temporada agrícola y otra.

En los Anexos 1 y 2 se encuentra un mapa del país y un cuadro de las características más importantes del sector agrícola.

Los problemas de género en la agricultura

Aproximadamente el 98 por ciento de las mujeres del medio rural calificadas como económicamente activas se dedican a la agricultura. Las agricultoras también contribuyen substancialmente tanto a la agricultura comercial como a la de subsistencia, incluyendo la ganadería y la pesca, en calidad de trabajadoras ocasionales y como trabajadoras de la familia sin percibir pago alguno.

Las mujeres tienen la mayor responsabilidad tanto por el trabajo doméstico como por la agricultura de subsistencia, en especial en la producción de cultivos alimentarios. Los estudios del uso del tiempo muestran de manera consistente que las mujeres utilizan más horas al día que los hombres en actividades tanto productivas como reproductivas. Por tradición, las mujeres son responsables de casi todas las actividades de la crianza del ganado (alimentación, recolección de leche, procesamiento de la leche, comercialización, etc.). En la producción de cultivos, los hombres y las mujeres participan por igual en la limpieza del terreno, la preparación de la tierra, la siembra y el cultivo, mientras que las mujeres se encargan mayormente de las actividades de deshierbe, cosecha, transporte, procesamiento y almacenamiento. Las mujeres también son responsables de la preparación de los alimentos así como de ir a buscar y recoger agua2.

En el anexo 4 se encuentran los cuadros con la información clave desagregada por género.

El ambiente de la política

Desde mediados de los 70, la política agrícola de Tanzania ha dependido en gran medida de los precios de todo el territorio de los cultivos alimentarios y de los cultivos rentables (con precios no oficiales de los cultivos alimenticios que compiten con los precios oficiales de los cultivos rentables), de las cooperativas, de las autoridades en materia de cultivos y de los consejos de comercialización (con monopolios de cultivos establecidos por ley), de las industrias agrícolas, de las directivas, de las fincas y haciendas ganaderas estatales, así como de los programas para mejorar los cultivos.

En enero de 1997, se puso en marcha una nueva política agrícola debido a cuatro razones: la combinación de las políticas agrícolas y ganaderas; los cambios a causa de la transformación de la política económica; la iniciación de una nueva política referente a la tierra que defiende el cambio de los patrones sobre el uso de la tierra; y el énfasis en la administración y protección ambiental.

El reconocimiento de las necesidades de las agricultoras en las políticas agrícolas nacionales

La Política Agrícola de 1983 ignoró los problemas de género, especialmente los derechos de la mujer a la propiedad de la tierra, al acceso al crédito y/o su situación laboral. La política realizó pocos esfuerzos visibles para integrar los problemas de la mujer, con excepción de reconocer que la contribución de ésta a la producción agrícola era significativa. Este obvio rechazo a abordar los problemas que aquejaban a las mujeres en la agricultura ocurrió en el momento en que se incrementaba el número de mujeres que buscaban trabajo en las grandes fincas, en las plantaciones de té y en las fincas de café debido a su incapacidad para subsistir sólo con los ingresos que percibían de sus fincas familiares. Algunas agricultoras preferían cobrar por su mano de obra antes que trabajar en las fincas de sus esposos sin recibir una remuneración monetaria.

En 1985, se estableció en el Ministerio de Agricultura una Unidad de Puntos Focales de la WID. Su función incluía: trabajar con puntos focales regionales y con agencias relacionadas con mujeres en problemas de desarrollo rural; capacitar a las mujeres del medio rural en temas de crédito agrícola y en otras actividades empresariales; y organizar seminarios para grupos de mujeres a nivel de los pueblos en colaboración con otras instituciones similares.

La unidad también trabajó para garantizar que los programas de extensión nacionales beneficiaran a las mujeres y las alentaran a asumir posiciones de liderazgo en la agricultura. Asimismo, se estableció una Unidad de Mujeres y Jóvenes en la oficina del Comisionado para la Investigación y la Educación de los Agricultores, en el Ministerio de Agricultura en Zanzíbar, con el fin de alentar a las mujeres y a los jóvenes a formar grupos y participar en las actividades agrícolas, ganaderas, forestales y pesqueras, ofrecer a las mujeres una educación nutricional, y trabajar para lograr una distribución equitativa de los ingresos y una mejora en el estatus económico integral de las mujeres y de los jóvenes. Si bien los ministerios carecían de políticas y estrategias claras para promover el progreso agrícola de la mujer, se consiguieron algunos éxitos tangibles.

Actualmente, en la nueva política de la Política Agrícola de 1997, se reconoció la contribución de las mujeres a la agricultura: "Se estima que la proporción de hombres con relación a las mujeres en el sector agrícola es de 1:1.5. En Tanzania, las mujeres producen aproximadamente el 70 por ciento de los cultivos alimentarios y también tienen responsabilidades substanciales con respecto a varios aspectos de la exportación de cultivos y de la producción ganadera. Sin embargo, su acceso a los recursos productivos (tierra, agua, etc.), a los servicios de apoyo (servicios de comercialización, crédito y servicios de apoyo a los trabajadores, etc.) y a los ingresos provenientes de la producción agrícola se encuentra severamente limitado debido a factores sociales y tradicionales."

La política también reconoce que los factores sociales y tradicionales pueden impedir que las mujeres contribuyan de manera eficaz, y sugiere que las acciones sociales y legales tomadas por otros ministerios podrían reducir o minimizar tales limitaciones. Establece que el Ministerio de Agricultura y las Cooperativas dirigirán sus servicios de extensión, investigación, capacitación y crédito a las mujeres del medio rural para permitirles contribuir de manera efectiva en la producción agrícola. Entre las estrategias que se escogieron para aliviar la situación se encuentran las tecnologías de apoyo a los trabajadores, la cooperación entre mujeres, y el apoyo a la participación de las mujeres en la planificación y administración de programas de desarrollo.

También establece que el Ministerio debe promover el acceso de las mujeres y de los jóvenes a la tierra, al crédito, a la educación y a la información. Haciendo referencia directa a las mujeres, también establece que los servicios de extensión deben requerir dirección y abordar las necesidades de los criadores de ganado, agricultores y otros beneficiarios dándole una especial atención al reconocimiento del papel primordial que cumplen las mujeres en la administración de la familia y en la producción alimentaria. Hace un llamado para que se comience a utilizar los mensajes clave y otros métodos innovadores para acceder a las mujeres y para que el Ministerio, a través de su servicio de extensión, brinde apoyo a las familias dedicadas a la agricultura (especialmente a los grupos de mujeres y jóvenes) con el fin de identificar las actividades viables que generen ingresos.

La política especifica que se debe proporcionar a las mujeres capacitación, crédito, tierras y tecnologías de protección del ambiente a bajo costo. Indica que las mujeres deben ser facultadas para adquirir tierras por derecho propio no sólo a través de la compra sino también por medio de la asignación, y reconoce que las mujeres en las áreas rurales desempeñan un papel fundamental en la producción, el transporte, el procesamiento y la distribución de alimentos.

2 Mujeres, Agricultura y Desarrollo Rural, Documento de la Realidad de Tanzania, FAO, 1995.

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