Mujeres y hombres trabajan juntos en un proyecto agroforestal en Camboya.
FAO/19655 /G. Bizzarri

Los bosques tienen una importancia crucial para la seguridad alimentaria mundial, ya que proporcionan alimentos, forraje, combustible y medicinas. En todos los países en desarrollo, las mujeres contribuyen en gran medida a la silvicultura. Junto con los hombres, desempeñan un papel decisivo en la agrosilvicultura, un sistema agrícola que integra la producción forestal, agrícola y ganadera. Las mujeres participan de lleno también en la ordenación de las cuencas hidrográficas, esfera en la que las medidas de reducción de la erosión del suelo, como el mantenimiento de la cubierta boscosa, limitan el riesgo de inundaciones y de enarenamiento de los embalses y los cursos fluviales. Las mujeres colaboran en el mejoramiento y la propagación de árboles para velar por la proliferación de especies arbóreas útiles y para proteger y conservar los bosques. Esto, a su vez, protege las numerosas especies animales y vegetales que dependen de los bosques para su supervivencia y mejora el estado general y el mantenimiento de los ecosistemas boscosos.

Los bosques son a menudo una fuente importante de empleo remunerado para las mujeres rurales. Gran parte de los productos que recogen en los bosques se elaboran y comercializan con miras a proporcionar ingresos en efectivo adicionales para la familia. Un estudio realizado en Utar Pradesh, en la India, demostró que las mujeres obtenían entre el 33% y el 45% de sus ingresos mediante los bosques y las tierras comunales, mientras que en el caso de los hombres la proporción era únicamente del 13%. Sin embargo, aunque las mujeres constituyen una proporción significativa de la mano de obra de las industrias forestales, sus funciones no están plenamente documentadas o reconocidas, sus condiciones de trabajo suelen ser malas y sus salarios tienden a ser inferiores a los de los hombres.



En Malawi, campesinos deshierbando
FAO/17773 /A. Conti

En muchos países, se están talando grandes extensiones de terrenos boscosos comunales para destinarlos a la agricultura o la explotación forestal comercial. Además de sus efectos ecológicos adversos, esta deforestación generalizada reduce el acceso a los productos forestales que se precisan cotidianamente, lo que hace que resulten aun más pesadas y fatigosas las tareas de las mujeres, que se ven obligadas a caminar grandes distancias y dedicar más tiempo a recoger leña, que tanto necesitan, y otros productos forestales. Esta situación se ve agravada por la migración de los varones, que causa inevitablemente un aumento del trabajo y las responsabilidades de las mujeres, reduciendo ulteriormente el tiempo del que disponen para la laboriosa tarea de recoger y elaborar productos forestales.



En Perú mujeres reponiendo los plantones en un vivero
FAO/17452 /A. Odoul

Las mujeres rurales son con frecuencia las principales encargadas de proteger y cuidar los bosques. En muchas regiones, las mujeres cultivan árboles además de otras plantas en sus huertos familiares. En Tailandia, por ejemplo, en los huertos domésticos de una sola aldea los investigadores hallaron 230 especies vegetales distintas, muchas de las cuales habían sido rescatadas de un bosque cercano antes de que fuera talado. Y en un solo huerto africano, se contabilizaron más de 60 especies de árboles empleados para la producción de alimentos.

Las mujeres tienen profundos conocimientos sobre los recursos forestales. Esto les ayuda a seleccionar alimentos concretos que se encuentran en los bosques y son una fuente importante de ingresos y nutrición para la familia. Como suplementos alimenticios, los alimentos producidos por los bosques aportan ciertas proteínas, grasas, vitaminas y minerales que no se encuentran en muchos cultivos básicos y pueden incluso alejar el espectro del hambre y la escasez cuando la sequía, las inundaciones o las plagas y enfermedades causan la pérdida de las cosechas. En toda la zona saheliana, las raíces del baobab se consumen en épocas de sequía. En el Senegal, los wolof utilizan el ñame como alimento básico cuando las cosechas de cereales se pierden. Los habitantes de la meseta de Chotanagpu, en la India, dependen de los alimentos que brinda el bosque entre cuatro y cinco meses al año cuando la producción agrícola no alcanza para satisfacer sus necesidades. Las mujeres usan también la corteza, las raíces y las hierbas para preparar medicinas. Las mujeres de ciertas tribus en la India han resultado conocer los usos medicinales de casi 300 especies forestales.



En Uganda, una mujer vende la pulpa del baobab en el mercado
FAO/14850 /H. Schuh

En muchas zonas, las mujeres han demostrado que no sólo son los usuarios principales de los bosques, sino también sus protectores más eficaces. En la India, las mujeres que reconocieron la relación entre las inundaciones y los corrimientos de tierras repetidos y la deforestación formaron el movimiento Chipko. Interponiéndose, literalmente, entre los árboles y los leñadores, impidieron la tala de árboles y ejercieron presión sobre el Gobierno para que investigara y finalmente aplicara una prohibición de la tala durante diez años en la zona afectada. En Kenya, el movimiento del Cinturón Verde ha movilizado a más de 80 000 mujeres a fin de plantar árboles.

El aprovechamiento sostenible de los bosques exige la participación de todas las poblaciones rurales, incluidas las mujeres. Aunque las necesidades de éstas difieren con frecuencia de las de los hombres, muchos programas tienden a hacer caso omiso de las necesidades concretas de las mujeres en el ámbito de la silvicultura, fundamentalmente porque los planificadores encargados de la adopción de políticas carecen de datos, información y metodologías adecuadas para atenderlas. Esa falta de atención a los problemas específicos de la mujer limita el aprovechamiento y la ordenación sostenibles de los bosques y los ecosistemas forestales en todo el mundo.

 

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Datos y cifras

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Departamento de Montes de la FAO