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Acostumbraba echar mi red tres veces al día, y cada redada venía repleta. Mis seis hijos podían comer, teníamos buenas provisiones, dinero para remendar las redes y reparar las embarcaciones. Pero luego comenzaron a desaparecer los peces. Hubo menos dinero y apenas si podía permitirme reparar mi red.
En los buenos tiempos, la pesca principal de la parte alta del Shire era el chambo, alimento popular acompañado de patatas fritas y cerveza en los establecimientos de comida del país. Pero la pesca del río se desplomó de 570 toneladas en 1983 a 96 en 1991. Ahora ya no rinde ganancias pescar aquí y se ha reducido a la mitad el número de redes.
Más al sur, a lo largo de las orillas del Lago Malombe de Malawi, ocurre lo mismo. La cantidad de chambo ha disminuido mucho y la pesca de una especie más pequeña llamada kuzumbi, que ahora es la más abundante, se ha estancado. Siguen siendo rentables diversas pesquerías, pero el valor de la pesca total del lago se redujo casi el 70% entre 1983 y 1991.
Esto ha afectado a los bolsillos de las decenas de millares de personas de la zona, que siguen dependiendo de la pesca de una u otra manera. Hace veinte años atrapábamos chambos grandes -explica Janet Jumesi-. Pero ahora son más chicos y menos. Pescábamos lo suficiente para la familia y lo que restaba lo vendíamos. Ahora no alcanza siquiera para la familia.
Detrás de la reducción de la cantidad de peces está el exceso de explotación en el río y en el lago, donde trabajan exclusivamente pequeños pescadores. Aumentó el número de pescadores -afirma Friday Njaya, funcionario de la dirección de pesca del Lago Malombe-. Las pesquerías son un recurso abierto y no había límites sobre la cantidad de personas que pudieran tener acceso al lago.
Cuando abundaban los peces -prosigue- solían obtenerse redes con tres pulgadas de pesca. Pero cuando los pescadores advirtieron que ésta mermaba, comenzaron a utilizar redes más chicas. Se redujo lo obtenido a pulgada y media, y en algunos casos a un cuarto de pulgada. De modo que estaban arrasando con todo lo del lago, antes de que se tomaran medidas.
Según un estudio de la FAO, no está claro si el desplome de la cantidad de chambos migratorios de la parte alta del Río Shire se debió a un exceso de pesca en el Lago Malombe o al aumento de la pesca de kambuzi. La pesca con redes ha reducido mucho la vegetación acuática, destruyendo así los criaderos y disminuyendo la captura de sedimento nutritivo.
El exceso de pesca obligó a la dirección de pesca a elaborar normas encaminadas a conservar la población de peces. Se ha tratado de limitar la dimensión de las redes y la pesca nocturna. Se ha suspendido la pesca en la zona alta del Shire, a la vez que los pescadores sólo pueden trabajar en el Lago Malombe tres meses al año. Pero en parte debido a la falta de financiamiento, no se han respetado en gran medida estas reglas.
Un programa de la FAO y el PNUD actualmente está ayudando a la dirección de pesquerías y a las comunidades de pescadores a conservar la población de las especies. Un elemento central del proyecto es el establecimiento de comités de aldeas ribereñas. Estos fijan las reglas de pesca y las comunidades vigilan su cumplimiento junto con las autoridades.
Vigilamos a las personas que van llegando -explica Lloyd Chitafumbwa, director del comité de Nasupulu-. Si sus redes no cumplen lo establecido -estamos imponiendo el uso de redes de tres cuartos de pulgada y pensamos pasar a las de una pulgada-, informamos a la oficina de pesquerías y no se les permite pescar aquí, si está de acuerdo el comité.
Es costumbre local que los que comienzan a pescar están obligados a presentarse primero con el jefe, esto facilita vigilarlos. El año pasado, un pescador utilizaba una red pequeña -recuerda Michael Sambakunfi, secretaría del comité-. Cuando los miembros del comité se dieron cuenta de que era un mosquitero, se la quitaron y la quemaron.
La pesca ilegal a veces ocurre -explica Heimo Mikkola, de la FAO-. Pero los aldeanos se vigilan entre sí mejor que la dirección de pesquerías. Mikkola calcula que entre el 90 y el 95% de los pescadores del proyecto están acatando los reglamentos.
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El proyecto, además de hacer participar a las comunidades en la administración y explotación de sus recursos pesqueros, les ayuda a encontrar otras formas de ganarse la vida o de incrementar sus ingresos. Esto es vital dadas las restricciones actuales de pesca.
Muchas familias ya combinan la pesca con agricultura de tiempo parcial o completo, y cultivan sobre todo maíz y maní. Algunos de los propietarios que proporcionan embarcaciones y equipo, que obtienen el 50% o más del valor de la pesca, tienen fincas considerables.
Pero las personas más pobres que tripulan las embarcaciones y se reparten el resto de la pesca, ganan menos de $10 dólares EE.UU. mensuales. No están a su alcance tierras suficientes para ganarse la vida. Durante la sequía de 1992-95, que también afectó a las poblaciones de peces del Lago Malombe de aguas poco profundas, muchas personas se vieron obligadas a cercar huertas dimba en las zonas donde había retrocedido el lago para cultivar algunas hortalizas y maíz de temporada seca.
Es difícil encontrar otros empleos. Fuera de la industria pesquera, que sigue siendo el principal motor de la economía, el único trabajo se encuentra en el pequeño poblado de Magonche y sus alrededores en los pequeños talleres y tiendas de botellas, oficinas públicas, centros religiosos y hospitales.
Con todo, los estudios de la FAO muestran que el turismo en torno a las riberas del Lago Malawi ofrece algunas oportunidades de ganar dinero. También se podría alentar a la población local, sobre todo a las mujeres, a incrementar sus ingresos mediante la venta de pescado y de hortalizas.
En realidad no faltan buenas ideas. El problema, como en otras comunidades pobres, es que casi todas las familias carecen del aval necesario para obtener un préstamo inicial o capital de trabajo que invertir en algo más rentable que las posibilidades de competir con sus vecinos vendiendo rosquillas en la orilla de los caminos.
La organización de asistencia alemana GTZ, importante financiador del proyecto asociado a la FAO y el PNUD, está proporcionando pequeños préstamos a las familias de la zona. Un proyecto se dirige a las mujeres que disponen de acceso a la pesca para elaboración. Otras mujeres supervisan los pagos y a su vez reciben préstamos una vez hechos los pagos. El reembolso es del 100%.
Pero los consultores afirman que otras organizaciones, inclusive el Banco Mundial, hasta ahora no han conseguido establecer programas de préstamos a pequeña escala en Malawi. Con grandes fanfarrias locales, el Banco asignó $300 mil dólares EE.UU. en préstamo a las pesquerías a través del gobierno en 1991. Este préstamo en parte se orienta a ofrecer crédito para programas destinados a generar ingresos en las comunidades de pescadores.
Las autoridades alentaron a las mujeres para formar grupos. En algunos casos ellas han reunido sus ahorros con dificultad obtenidos y han abierto cuentas de banco, pero siguen en espera de los préstamos prometidos.
Uno de los peligros en acecho es que las personas tomen cada vez más sus embarcaciones y pesquen ilegalmente si no logran obtener dinero de otras partes para compensar sus pérdidas. Y la presión probablemente va a aumentar. Pese a algunos indicios de que las poblaciones de peces se están manteniendo en algunos lugares, es probable que se mantengan las restricciones de pesca durante cierto tiempo. En efecto, los especialistas afirman que la cantidad de embarcaciones del lago ha de reducirse para que la pesca sea sostenible.
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Estoy conservando mi red -explica Francis Simbili-. Si me quedo sin alimentos, podría verme obligado a violar las reglas. Soy presidente del comité de Ngoyi-Chipeta, de modo que debo dar un buen ejemplo. Si yo violara las reglas, entonces querría decir que todos pueden pescar.
Pero Simbili y otros miembros de los 29 comités tienen confianza en que no será necesario llegar a esto. En efecto, ya han presentado una propuesta de cerrar el Lago Malombe a la pesca en general por dos años, a fin de que se recupere. Estamos dispuestos a hacer un gran sacrificio. Pero no estamos dispuestos a dejar morir de hambre a nuestras familias, explica.
Aunque está abierto a discusión si esa iniciativa sería aceptada por otros miembros de las comunidades. Para muchos, esa prohibición sería un acto de autodestrucción. Cualquiera que sea el resultado, no obstante, la población de la parte alta del Shire y del Lago Malombe tendrán que negociar cierta oposición empedernida que les aguarda
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13 de enero de 1997
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