Hacer retroceder la corriente de agua sucia de la agricultura
El agua contaminada es un enemigo público. Mata anualmente a millones de personas en todo el mundo. Y la agricultura -que por sí misma consume la mayor cantidad de agua dulce, un promedio del 70% de las reservas mundiales de agua de superficie, proporción que en gran parte se recicla- tiene mucho que ver con la contaminación, se afirma en un nuevo informe de la FAO. La agricultura descarga en el agua de superficie y subterránea contaminantes tales como plaguicidas y fertilizantes químicos. Las prácticas agrícolas inadecuadas pueden producir erosión de los suelos y acumulación de sedimentos, y los sistemas ineficientes de riego pueden causar inundaciones y salinización. Además, el uso de aguas residuales y de agua contaminada de superficie o subterránea contamina las cosechas y transmite enfermedades a los consumidores y agricultores por igual. Uno de los casos más trágicos de cómo las prácticas agrícolas deficientes pueden contaminar los recursos hídricos y producir problemas de salud conexos, puede encontrarse en la Cuenca del Mar de Aral en el Asia Central. Ahí, cientos de miles de personas padecen de anemia y otras enfermedades debido al consumo de agua saturada de sales y mezclas de sustancias químicas procedentes de los campos de algodón. La contaminación, hoy en día, es un problema mundial, aunque más grave en los países ricos que en los que están en desarrollo, debido a la contaminación con sustancias químicas por una mayor utilización de fertilizantes y plaguicidas. En muchos países la contaminación ya no puede remediarse diluyéndose en los ríos y lagos -explica el especialista de la FAO, Dr. Arumugam Kandiah-. Estamos presenciando una acumulación de peligrosos contaminantes que están afectando a los recursos hídricos. Muchos especialistas vislumbran una crisis que podría poner en peligro la seguridad alimentaria mundial. El informe advierte que a menos que se tomen medidas para detener la contaminación, podrían reducirse aún más las reservas de agua dulce y las pesquerías costeras. Existen además otros problemas. Si el costo del remedio excede los beneficios económicos, los proyectos de fomento podrían dejar de ser solventes, se advierte en el informe. Dada la necesidad de incrementar la producción de alimentos para una población mundial que está creciendo, existe el problema de asegurar que los métodos agrícolas no dañen la calidad del agua. Hasta el momento, las medidas de supervisión impuestas por organismos municipales y estatales en muchos países ricos y en desarrollo han detenido la contaminación, pero ahora hace falta una estrategia que también detenga la del agua en la explotación agrícola. ¿Qué se necesita entonces? Los agricultores tienen que darse cuenta de las repercusiones de su actividad agrícola en la calidad del agua río abajo -afirma el Dr. Kandiah-. Si están contaminando, entonces necesitan tomar medidas de prevención ya sea construyendo sistemas para detener el cieno o lo que sea necesario. Y una manera consiste en incorporar el costo de las medidas de reparación en los costos de producción.
Este planteamiento exige instruir a los agricultores y a los encargados de la planificación agrícola. Es necesario impartir una interpretación científica, afirma el Dr. Kandiah. Esto exige capacitación en diversos niveles. Una propuesta es ampliar la difusión de información y asesoría en asuntos tales como las mejores prácticas de ordenación de los recursos hídricos y agrarios por medios electrónicos a través de Internet. Está claro que resulta fundamental un marco jurídico que comprenda nuevas normas vigiladas por organismos de supervisión. Pero más que imponer medidas punitivas a los agricultores que no cumplan los reglamentos ambientales, como ocurre en algunas partes de Europa, con incentivos integrados se podría contribuir a estimularlos para que vigilen la calidad del agua y adopten mejores prácticas. Se trata de un tema contencioso en el mundo actual de libre mercado. Pero lo que sí está claro es que son necesarios métodos nuevos para contener la corriente cada vez mayor de agua sucia de la agricultura. 27 de enero de 1997
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