Entrevista a la Señora Randriamamonjy, Directora de la Dependencia de
la Mujer en El Desarrollo
¿Cual será la contribución concreta del Plan de Acción
para la Integración de la Mujer en el Desarrollo?
Ya
tuvimos un primer plan de acción para el período 1989-1995, emanado de
la tercera Conferencia Mundial de la Mujer celebrada en Nairobi. Después de
la cuarta Conferencia Mundial de Beijing y de la aprobación de la Plataforma
de Acción, elaboramos nuestro segundo plan de acción para 1996-2001. La
FAO y los países miembros utilizarán el plan como marco de sus intervenciones
con miras a integrar de manera sistemática los asuntos relativos a la mujer
en sus actividades y programas, tanto en la sede como en los proyectos de campo.
El documento presenta una síntesis de los 24 programas de acción propuestos
por todas las direcciones de la FAO. Cada dirección ha elaborado un programa
de acción propio, que contiene una descripción de sus funciones, una serie
de propuestas para aplicar el plan en el marco de su propio programa de labores y
presupuesto y los instrumentos y métodos que utilizará para cumplir los
objetivos.
De hecho, podría decirse que el plan de acción es en sí mismo una
forma de restructuración o de reorganización.
Se trata de un proceso de reorganización fundamental de los programas de las
distintas direcciones con objeto de integrar en ellos los temas que afectan a la
mujer. Es una revolución, en el pleno sentido de la palabra, puesto que el primer
plan lo elaboró prácticamente todo nuestra dependencia, teniendo en cuenta
sencillamente la opinión de los demás, mientras que esta vez las propuestas
fueron presentadas por las direcciones y nosotros nos limitamos a sintetizarlas y
a definir el marco estratégico general. Además, toda la responsabilidad
de la aplicación del segundo plan le corresponde a las direcciones y nosotros
les prestaremos asistencia técnica, cuando proceda.
¿Se observa una cierta homogeneidad entre las propuestas de las distintas
direcciones?
Hay algunos elementos que coinciden, ya que todas las direcciones persiguen el mismo
objetivo, a saber, facilitar el acceso de todos, hombres y mujeres, al desarrollo.
A las direcciones las consultamos de manera participativa. Trabajamos con ellas durante
un año, el 95, durante el cual se celebraron seminarios para entablar un proceso
de diálogo y de concertación, y posteriormente nos entregaron los documentos
definitivos que luego sintetizamos. Para el seguimiento se ha previsto utilizar un
mecanismo interno, el Comité interdepartamental sobre el papel de la mujer en
el desarrollo (COWID), integrado por representantes de todos los departamentos, que
asesora al Director General en materia de políticas y estrategias para integrar
a la mujer y a los asuntos relativos a la mujer en la organización. En cada
dirección y en cada dependencia se han creado grupos especiales o encargados
de coordinar los temas relativos a "Mujer y Desarrollo". Por ejemplo: en
el marco del Comité se ha examinado la situación de las mujeres en el seno
de la organización. ¿Qué podemos hacer para alcanzar el objetivo del
35% establecido por las Naciones Unidas, algo que debería haberse cumplido en
1995, mientras que la FAO en este momento apenas llegamos a un 18%? El Comité
celebró cuatro reuniones el año pasado y funciona bien, aunque todavía
es demasiado temprano para sacar conclusiones definitivas. El nivel de representación
y de participación es bueno, y los miembros están realmente comprometidos
en favor de actividades concretas.
¿Considera usted que la mujer desempeña un papel fundamental en el hogar?
A nivel sociológico, la madre es el elemento central de la familia. Hoy en día
es algo mucho más evidente que en el pasado. Cuando el tejido social empieza
a desintegrarse, las madres permanecen firmes, tanto física como sicológicamente,
en el centro de la estructura familiar, ya que el padre - por un sinfín de motivos-
se ve obligado a emigrar o bien a dejar sus responsabilidades en hombros de su mujer.
A nivel cultural, es evidente que ella es quien transmite los valores a los hijos
y esto forma parte de su papel reproductivo. Son las mujeres las que conservan estos
valores, las que asumen la reproducción física de las futuras generaciones,
no solamente dando a luz sino también criando a los hijos. En todos los rincones
del mundo se ha demostrado que cuando aumenta el nivel de ingresos de las mujeres,
aumentan también las posibilidades de mejorar el nivel de vida y el nivel nutricional
de sus familias. En cambio, si mejora el nivel de ingresos de los varones, surge
el riesgo de que el dinero adicional le sirva para la ostentación o para gastar
fuera del núcleo familiar.
¿Las mujeres pueden decidir realmente como utilizar los ingresos que obtienen
con su trabajo?
Se trata de un problema muy grave, puesto que las mujeres contribuyen a las actividades
económicas y no siempre reciben la remuneración que se merecen, proporcional
a sus esfuerzos. Nuestra intervención consiste en abogar a favor de una justa
remuneración para las mujeres que trabajan. Hay que enseñarle esto a la
gente. Además, habría que reorganizar completamente el sistema legislativo.
También se podría conseguir seleccionando cuidadosamente las actividades
productivas: por ejemplo, hay ciertos organismos de desarrollo que se ocupan de proyectos
de ordenación de tierras o, en particular, de riego, que tienden a conceder
más fácilmente los títulos de propiedad sobre las tierras a los hombres
en lugar de a las mujeres. Así pues, éstas quedan automáticamente
excluídas y no gozan de ningún derecho al crédito, ni a la tecnología,
ni a otras formas de ayuda, como la formación. En estos casos cabe cambiar la
mentalidad de las personas que se ocupan de temas de desarrollo para que tengan en
cuenta a las mujeres a la hora de repartir títulos de propiedad.
¿Los gobiernos han mostrado una cierta voluntad de cooperar en este sentido?
Varía mucho de un país a otro. Túnez es un buen ejemplo: la legislación
tunecina es la mejor de todos los marcos legislativos de los países de Africa
del norte por lo que a la mujer se refiere y, en términos relativos, Túnez
cuenta con el mejor sistema estadístico para contemplar la participación
femenina. En el campo de la aplicación de las leyes ha habido grandes mejoras,
aunque por supuesto no se ha llegado a la perfección. Teóricamente, hasta
el momento las mujeres tienen los mismos derechos que los hombres, pero en la práctica
la situación suele ser muy distinta. Los legisladores tunecinos, presionados
por los movimientos en favor de la mujer más fuertes e influyentes del país,
y gracias a la voluntad de los dirigentes politicos, han logrado mejorar las leyes
a nivel global. La Conferencia de Beijing puso de relieve una vez más la importancia
de enseñar a las mujeres cuales son sus derechos, de manera que puedan beneficiarse
de este conocimiento.
¿Puede darnos otros ejemplos de los principales problemas que han de encarar
las mujeres y que están relacionados con el desarrollo?
Claro que sí. Problemas hay muchos, pero los que yo considero los más graves
son el acceso a la tierra y a la formación y a los servicios de extensión
agrícola. El problema del acceso a la tierra es verdaderamente un obstáculo
enorme: cuando el capital que se necesita para producir -la tierra- no está
disponible, las personas difícilmente pueden aprovechar las técnicas de
cultivo impartidas por los servicios de extensión agrícola. Una campesina
que no cuenta con una parcela propia no sentirá ningún interes por mejorar
el rendimiento de una propiedad ajena. Por consiguiente, no utilizará los insumos
necesarios para aumentar la productividad. Además, cuando pida un crédito,
el banco le pedirá una garantía. Normalmente, la garantía tiene que
ser el título de propiedad de la tierra, que a partir de allí queda hipotecada.
En algunos casos se ha zanjado el problema cuando alguna agrupación solidaria
ha salido fiador de estas campesinas sin tierra, aunque todavía queda un buen
trecho por recorrer. También en este caso, la situación cambia según
el país. Además de los problemas de acceso, está el problema de la
disponibilidad de tierras. Hay países como Bangladesh en los que las tierras
disponibles son diminutas, mientras que hay ciertos países africanos en los
que todavía quedan grandes espacios que podrían utilizarse para la agricultura,
para instalar sistemas de riego o para la creación de bancales.
Por lo que atañe al acceso a la formación y a los servicios de extensión
agrícola, cabe recordar que en 1989 la FAO hizo un estudio mundial de la situación.
La conclusión fue que en ese momento, solamente el 5% de los recursos de la
extensión llegaban a las mujeres, mientras que en ciertos casos como el de Africa,y
en particular en la producción de alimentos, eran ellas quienes hacían
el 80% del trabajo. En Asia, entre el 40 y el 50% del cultivo del arroz utiliza mano
de obra femenina; en América Latina, las mujeres llevan a cabo entre el 30 y
el 40% del trabajo en el campo. Por consiguiente, es un problema enorme. ¿Cuál
es el motivo por el cual los servicios de extensión no logran llegar realmente
hasta las mujeres? Hay varios. Por ejemplo, en muchas regiones del mundo, las mujeres
no pueden entrar en contacto con los extensionistas de sexo masculino. Habría
que formar a mujeres para la extensión agrícola. En Africa, en la actualidad,
solamente el 17% de los extensionistas son mujeres. Ello se debe en particular a
cuestiones culturales o religiosas. Otras explicación podría ser la falta
de estudios pormenorizados que definan la situación real en el terreno. Por
ejemplo, a veces los extensionistas llegan a la aldea a una hora del día en
que las mujeres se encuentran a 15 kilómetros de allí, ya sea porque han
tenido que ir a buscar agua o porque están cultivando sus parcelas y por ello
no pueden acudir a las demostraciones ni asistir a los cursillos de formación.
A veces los extensionistas deciden organizar los cursos en un lugar que se encuentra
a varios kilómetros de las casas de estas mujeres que por otra parte están
atareadísimas atendiendo a los hijos, al marido, etc, y por consiguiente les
resulta imposible liberarse de sus quehaceres cotidianos. Cabe mejorar todo el sistema.Habría
que promover realmente un movimiento amplio, provocando un cambio contundente que
permita redistribuir los recursos de la extensión agrícola entre hombres
y mujeres.
13 de marzo de 1997
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