En una serie de artículos sobre los proyectos de la FAO que están en curso en Africa, Leyla Alyanak informa de la importancia crítica de mejorar los recursos humanos para fortalecer los servicios de extensión rural y la investigación en Eritrea

Capacitar expertos en agricultura en Eritrea es fundamental para el desarrollo del país


Cuando nació Seyoum Mesfin, su destino parecía estar ya definido. Como su padre, trabajaría los suelos pedregosos y montañosos del centro de Eritrea, para arrancarle la subsistencia a una tierra hostil. Pero cuando Mesfin tenía apenas dos años, murió su padre. En esa parte del mundo los lazos familiares son fuertes y un tío se hizo cargo del niño. Lo mandó a la escuela y más adelante Seyoum obtuvo una beca para ir a estudiar a lo que era entonces la URSS. En Moscú, como estudiante participó en actividades de apoyo al Frente de Liberación Popular de Eritrea (FLPE), el grupo que luchaba por independizar al país de Etiopía.



Camino de la recuperación agrícola en Eritrea: campesinos cargando calabazas para llevar al mercado

Cuando terminó la maestría, volvió a su país para incorporarse en el frente de batalla. Pero el FPLE juzgaba que las tareas habían de asignarse de acuerdo a las aptitudes de cada quien, de modo que en vez de darle un arma, le asignaron una finca. Seyoum comenzó produciendo alimentos para la guerra. “No estaba poniendo mi vida en suspenso -afirma-. Sabía que un día ibamos a ser independientes, y tendría ocasión de participar en la reconstrucción de mi país”.

Seyoum tuvo suerte. No sólo terminó sus estudios sino que obtuvo una valiosa experiencia en su propio ámbito profesional. Hoy en día es un experto que trabaja en el Ministerio de Agricultura. Pero muchas personas no tuvieron tan buena suerte. Para éstos, la guerra significó el fin de la vida que conocían.

“Yo soy una de estas personas -explica Tekleab Meghena, director del servicio de investigación y extensión de ese Ministerio-. Como muchos otros millares de ellas, tuve que interrumpir mis estudios. Ahora que ha terminado la guerra, nuestro mayor problema es la falta de personas con buena formación profesional. Incluso quienes siguieron estudiando durante la guerra sufrieron. Pocas personas pudieron licenciarse y no había servicios de capacitación. Nos convertimos en un país olvidado y descuidado en general”. Son patentes las consecuencias de ese descuido, y los eritreos son los primeros en reconocer que la falta de conocimientos y capacitación es uno de sus principales obstáculos para el desarrollo.

La guerra no sólo interrumpió las actividades escolares, sino que desplazó a los campesinos, redujo las posibilidades de obtener insumos agrícolas, como semillas y fertilizantes, y destruyó los servicios de apoyo, inclusive los de extensión rural. La producción de cultivos se redujo a la mitad y la pecuaria una tercera parte. Pero Eritrea sigue siendo un país de pequeños campesinos donde el 80 por ciento de la población depende de la agricultura para sobrevivir. Se trata de un país con déficit de alimentos y más de la mitad de la población depende de la ayuda alimentaria. Además de la guerra, las sequías recurrentes que se presentan en Eritrea hacen difícil la agricultura de subsistencia también en tiempos de paz.

Pero para hacer frente a todas estas dificultades, Eritrea sólo cuenta con una persona con doctorado, ocho con maestría, ocho veterinarios y 20 bachilleres. “En cualquier otro país habría diez veces más personal dedicado a la investigación -afirma el Dr. Mandadi Reddy, asesor técnico de la FAO para el ministerio-. El personal capacitado que hay en el país es tan escaso que si no se imparte capacitación, es imposible que ninguna actividad cumpla sus requisitos”.

Pero impartir formación y conocimientos conlleva tiempo y dinero, de modo que la FAO está aportando 5 millones de dólares EE.UU. proporcionados por el gobierno italiano, que van a ejercerse a lo largo de tres años, para ayudar a ese ministerio a fortalecer la dirección del sector rural y los servicios de extensión e investigación.

“Mejorar nuestros recursos humanos es todavía más importante que la seguridad o la ayuda alimentarias -explica Tekleab-. Sin conocimientos, nunca alcanzaremos la seguridad alimentaria”. El propósito del proyecto es enviar todos los años a diez personas al exterior en viajes de estudios breves, que pueden durar hasta varios meses, y a otras diez personas por períodos más largos, de un año por lo menos. Otro propósito del proyecto es proporcionar equipo, suministros y financiación.

El proyecto se dirige a las técnicas agrícolas de Eritrea. Se han formado grupos de producción e investigación que colaboran estrechamente con los campesinos para seleccionar y someter a prueba variedades fito y zoogenéticas, prácticas agrícolas y planteamientos de ordenación de los recursos naturales que fomenten la producción agrícola. El propósito es superar algunas de las limitaciones de la agricultura local. Además de la falta de recursos humanos, hay pocas variedades fitogenéticas resistentes a la sequía, las plagas y las enfermedades, faltan conocimientos sobre prácticas de manejo de los recursos naturales y escasean las variedades zoogenéticas mejoradas. Además gran parte de las tierras están degradadas debido a prácticas agrícolas deficientes y por las presiones que ejerce una población en aumento.

La máxima prioridad del desarrollo del país es crear una economía moderna, tecnológicamente avanzada e internacionalmente competitiva en dos decenios. La agricultura es un elemento central de este plan.

El proyecto de la FAO se ha elaborado para crear la capacidad local, ayudar a las personas y a las instituciones a ser autosuficientes. Los eritreos prefieren depender de la ayuda exterior lo menos posible. Ganaron la guerra prácticamente sin ayuda, contra un aparato militar mucho más poderoso que el propio y que en ocasiones contaba con el apoyo de los EE.UU. y otras veces de la URSS.

Crear una capacitación y conocimientos toma tiempo y supone algunos sacrificios. Al menos, una cuarta parte del personal directivo del ministerio está constantemente recibiendo capacitación, lo que reduce mucho los recursos humanos disponibles para el trabajo cotidiano de esa institución. Para la mayoría de las personas, ese sacrificio vale la pena.

“Así, algunos de nosotros nos convertiremos en especialistas y será menor la necesidad de mandar personas al extranjero -explica Seyoum, el antiguo experto en agricultura del FPLE-.Ha pasado una generación, en cierto sentido se ha perdido, no ha podido realizarse. Esto corresponderá a la siguiente generación”.

Y esa generación ya está en marcha, son estudiantes tal vez un poco mayores que la media, pero tienen la motivación y la dedicación surgidas de haber sobrevivido a una guerra. Ahora están tratando de sobrevivir en la paz.

30 de abril de 1997

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