Una intensa vigilancia y la campaña de vacunación contienen la epidemia de peste bovina en Africa Oriental
La epidemia de peste bovina que atravesó la frontera de Kenya hacia Tanzania a principios del año en curso, y amenazó con englobar el Parque Nacional de Serengeti, se ha contenido gracias a una vigilancia colosal y a una campaña de vacunación realizada en ambos países del Africa Oriental. La campaña de vacunación ha sido descrita como una de las más concentradas que se hayan llevado jamás a cabo en los últimos años contra esta mortal plaga del ganado. La organizaron las autoridades veterinarias del país en Tanzania y en Kenya, en estrecha colaboración con la Organización de la Unidad Africana y la Oficina Interafricana de Recursos Animales (OUA/IBAR), con apoyo de un proyecto de combate urgente contra la peste bovina, conjunto de la FAO y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, otro proyecto parecido de la Unión Europea en Tanzania, y otros proyectos de urgencia en Kenya, financiados y con apoyo técnico de la FAO y los Estados Unidos para 1997 y 1998.
En febrero del año en curso, la FAO clasificó el último brote de esta enfermedad como un desastre e hizo un llamado para la creación de un fondo especial de urgencia de donadores múltiples a fin de hacerse cargo de la epidemia. Se inició de inmediato una primera ronda de vacunación, tratando de crear una zona de contención que el virus no pudiera rebasar. Se inmunizó a cerca de 1.3 millones de cabezas de ganado en Kenya y 2 millones en Tanzania, antes de que las fuertes lluvias de abril y mayo detuvieran la campaña. En junio se inició la segunda ronda de vacunación que se llevó a cabo hasta mediados de agosto. En Tanzania, se proporcionaron cerca de 3.5 millones de dosis de vacuna para cubrir todo el ganado de la zona afectada y el de las zonas circundantes que se consideraba en peligro de contraer la infección. Donaron la vacuna la Unión Europea (2.5 millones de dosis), el gobierno de la República Islámica de Irán (0.5 millones de dosis) y el programa FAO/PNUD (0.5 millones de dosis). "No se ha informado de nuevos casos de peste bovina desde fines de mayo -afirmó Mark Rweyemamu, alto funcionario del Grupo de Enfermedades Infecciosas de la FAO (Dirección de Producción y Sanidad Animal)-. Parece que se ha detenido la enfermedad, pero no lo sabremos a ciencia cierta antes de septiembre u octubre." El funcionario dijo que la segunda ronda de vacunación fue "un ejercicio de extinción para eliminar los últimos focos de resistencia del enemigo". Resulta vital reconocer el brote en tres frentes:
Rweyemamu dijo que se trata de una de las campañas más concentradas contra la peste bovina que se haya realizado en los últimos años. "Estamos convencidos de que las medidas que se tomaron son efectivas, que se emprendieron con seriedad de ambos lados de la frontera entre Kenya y Tanzania." Ahora hace falta llevar a cabo una vigilancia intensa para detectar cualquier brote posible. Complica esta tarea el hecho de que la variedad del virus que se presentó -que se ha denominado peste bovina de "presencia discreta"- no produce los síntomas acostumbrados y por lo tanto los campesinos no la reconocen. Un Programa de capacitación para vigilancia dirigido al personal veterinario local y de los laboratorios incrementará la eficacia de la vigilancia de rutina y de la prontitud para responder a las situaciones de urgencia. La vigilancia tendrá que proseguir hasta bien entrado 1998, con patrullas de personal veterinario que vigilen mensualmente las aldeas y respondan de inmediato a los informes procedentes del campo sobre posibles casos de peste bovina. Los expertos también ha insistido en que la vigilancia de los animales salvajes -que no queda incluida en el proyecto actual- resulta fundamental para trazar un mapa preciso de la peste bovina en Tanzania. Rweyemamu explicó que es imposible vacunar a los animales salvajes, de modo que si el virus de la peste bovina entrara en el Serengeti "devastaría a los animales salvajes y los servicios veterinarios nacionales de ambos países se encontrarían empantanados en la costosa vacunación del ganado en las zonas circundantes durante otros cinco años antes de que desapareciera el virus". Y esto, añadió, "sería un gran percance para el GREP". 22 de julio de 1997 Más información:
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