En el último artículo de una serie sobre los proyectos de la FAO en Africa, Leyla Alyanak informa de las actividades realizadas en Eritrea para mejorar la producción de alimentos.

El Programa especial de la FAO para la seguridad alimentaria en acción para duplicar los rendimientos de los campesinos en Eritrea


Su sombrero gastado se le inclina sobre la frente; en las orejas, los lóbulos se han alargado por años de llevar aretes de plata. Está inclinado pero su cuerpo es delgado y fuerte, sus sandalias de goma reciclada del tiempo de la guerra están colocadas cuidadosamente cerca de su pies, lleva un chaleco viejo y roto pero limpio. Mesmer Zergabere, de 75 años de edad, ha visto personalmente pasar gran parte de la historia de su país.


Agrónomos eritreos trabajando
"Durante la guerra estuve cultivando alimentos y estuve en la milicia. Avanzaba con el frente y ayudaba a entregar los mensajes del FLPE a los campesinos. Si había escasez de alimentos, trataba de compensar la diferencia", explica Mesmer, que como casi todos los eritreos, se identifica por su primer nombre.

Durante 30 años, a partir de 1961, el Frente de Liberación Popular de Eritrea (FLPE) libró una guerra de guerrillas por la independencia del país contra el poderoso régimen militar de Etiopía. En 1991 conquistaron la independencia pero la guerra devastó el país. Los campos estaban sembrados de minas, la economía se había arruinado, la infraestructura desmantelado. Esta parte de las tierras altas de Eritrea fue particularmente afectada por su proximidad a la capital, Asmara.

Mesmer Zergabere no ha olvidado la guerra, pero hoy participa más bien en la construcción de la paz. Con sus tres pequeñas parcelas de tierras áridas y pedregosas, que suman en conjunto una hectárea, no sería errado considerarlo de posición acomodada, por lo menos en esa zona abrupta. Con todo, su riqueza no es sino una ilusión.

"No basta para alimentarnos a mí y a mi esposa -afirma-. Mis tierras sólo me dan alimentos para seis meses. Tengo que trabajar en los viveros para ganar dinero para el resto." Mesmer trabaja 11 horas diarias y recorre seis kilómetros para ir y venir de su trabajo.

Si el año es bueno, una de sus pequeñas parcelas puede producir un quintal de trigo. Pero durante el ciclo pasado, por primera vez, esa misma parcela rindió casi tres quintales. Con un nuevo programa agrícola, utilizó fertilizantes para preparar sus tierras y sembró boohai, una variedad de trigo de alto rendimiento.

Con otros 140 campesinos de la región de Geremi-Karneshim, Mesmer recibió ayuda del Programa especial de la FAO para la seguridad alimentaria, iniciativa internacional orientada a incrementar la producción de cultivos básicos en países donde existen posibilidades de obtener buenos resultados. El programa se vale de sencillas demostraciones realizadas en la finca para impartir técnicas agropecuarias, y elabora formas novedosas de hacer las cosas colaborando estrechamente con los campesinos."

"Mediante la utilización de semillas mejoradas, niveles moderados de fertilizantes y con un manejo adecuado de los cultivos, como sembrar y desyerbar oportunamente, es muy posible duplicar los rendimientos", explica el Dr. Mandadi Reddy, asesor técnico de la FAO en el Ministerio de Agricultura de Eritrea. Duplicar los rendimientos es un proyecto acogido con entusiasmo en un país con déficit alimentario que por lo general sólo satisface el 40 por ciento de sus necesidades de alimentos con la producción local.

El Programa especial de la FAO dio inicio en todo el mundo en 1994, a fin de llevar seguridad alimentaria a los países que todavía no consiguen alimentarse por sí solos. Lo que lo hace destacar es que en vez de sólo entregar alimentos a los campesinos hambrientos, ayuda a crear las condiciones necesarias para que se alimenten solos. Esto, a su vez, promueve la autosuficiencia, reduce la presión en los recursos naturales y ayuda a estimular las economías nacionales. Pero en Eritrea es nuevo este programa y todavía queda mucho por ajustar.

En primer lugar, Eritrea tiene numerosas limitaciones físicas. Sus tierras están gravemente degradadas, la región tiene tendencia a la aridez y las langostas infestan periódicamente los cultivos.

"El año pasado llegaron demasiado tarde las lluvias y la producción local sólo alcanzó para alimentar a la población por tres meses -explica Teodros Keleta, coordinador local del ministerio de agricultura-. Las personas tuvieron que trabajar para compensar la diferencia". Esto se dice fácil en un país donde faltan empleos, sobre todo para los ancianos y los muy jóvenes.

Debido a la escasez de lluvias, se hace un gran esfuerzo para construir terrazas a fin de recoger toda el agua que sea posible. Además, se están buscando variedades de cultivos que maduren pronto y que sean resistentes a la sequía.

"Las variedades vegetales que estamos sometiendo a prueba proceden de Etiopía, son nuevas y no se han probado. Pero para nosotros es suficiente y la situación es apremiante, de modo que vale la pena arriesgarse", afirma Reddy, funcionario de la FAO. También hay limitaciones institucionales ya que Eritrea carece de un servicio establecido de investigación, de extensión y de crédito rural.

En 1995, año en que se comenzó a aplicar este programa en Eritrea, fue un año difícil para el país. Hubo sequía, las langostas infestaron los campos de cultivo y la intervención de la FAO llegó un poco tarde.

La primera fase del Programa Especial, que durará un año o dos más, se ocupará de compensar estas limitaciones, clasificará los problemas principales y ayudará a instalar la tecnología necesaria para aplicar el programa. Otra fase posterior de expansión se hará cargo más específicamente del acceso a los alimentos y de su almacenamiento, de la construcción de infraestructura y de mejorar los conocimientos locales necesarios para hacer funcionar este programa.

Pese a las numerosas dificultades presentes, Mesmer Zergabete está satisfecho.

"Antes del programa apenas lograba llenar un saco pequeño de trigo con la cosecha. Este año llené dos bien completos", explica. Un saco pequeño es una red utilizada para llevar el residuo de las cosechas para alimentar a los burros. "Obtengo más trigo y mejor. Sin esta ayuda, mi cosecha se reduciría y las semillas no serían tan buenas -asegura-. Tendría que emigrar a otro lugar del país. Mi esposa tendría hambre."

29 de julio de 1997

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