La agricultura y los cambios climáticos: la función de la FAO


Mientras se reúnen los dirigentes mundiales en Kyoto para dar forma a los objetivos jurídicamente obligatorios encaminados a reducir las emisiones de gases que producen el efecto invernadero, echemos un vistazo a las consecuencias conocidas y futuras del cambio climático a largo plazo en la agricultura del mundo.

Sede y logo de la Conferencia de Kyoto

La capacidad de los pueblos de producir suficientes alimentos para consumo propio y de su ganado depende en gran medida del clima: la temperatura, la luz y el agua. Las fluctuaciones a corto y a largo plazo de las pautas del clima –variabilidad del clima y cambio climático- pueden tener repercusiones extremas en la producción agrícola, y hacer que se reduzca drásticamente el rendimiento de las cosechas, lo que obligaría a los agricultores a utilizar nuevas prácticas agrícolas en respuesta a las modificación de las condiciones. Por esta razón, la FAO se interesa en los asuntos relacionados con el calentamiento del planeta y el cambio y la variabilidad climáticos.

El cambio climático puede golpear a la agricultura en diversas formas

El cambio climático a largo plazo, en particular el calentamiento del planeta, podría afectar a la agricultura en diversas formas, y casi todas son un riesgo para la seguridad alimentaria de las personas más vulnerables del mundo:

  • Sería menos previsible el clima en general, lo que complicaría la planificación de las actividades agrícolas.
  • Podría aumentar la variabilidad del clima, ejerciendo más presión en los sistemas agrícolas frágiles.
  • Los extremos climáticos –que son casi imposibles de prever- podrían hacerse más frecuentes.
  • Aumentaría el nivel del mar, lo que sería una amenaza para la valiosa agricultura de las costas, en particular en las islas pequeñas de tierras bajas.
  • La diversidad biológica se reduciría en algunas de las zonas ecológicas más frágiles, como los manglares y las selvas tropicales.
  • Las zonas climáticas y agroecológicas se modificarían, obligando a los agricultores a adaptarse, y poniendo en peligro la vegetación y la fauna.
  • Empeoraría el actual desequilibrio que hay en la producción de alimentos entre las regiones templadas y frías y las tropicales y subtropicales.
  • Se modificaría espectacularmente la distribución y cantidades de pescado y de otros productos del mar, creando un caos en las actividades pesqueras establecidas de los países.
  • Avanzarían plagas y enfermedades portadas por vectores hacia zonas donde antes no existían.

El calentamiento del planeta también podría tener algunos efectos positivos para los agricultores. El aumento del bióxido de carbono tiene efectos fertilizantes en muchos cultivos, esto incrementa las tasas de crecimiento y la eficiencia de la utilización del agua. Pero los expertos señalan que las numerosas interrogantes que quedan sobre este posible panorama tienen más peso que sus posibles beneficios.

La variabilidad del clima es el mayor problema para los agricultores de hoy

La variabilidad natural de las lluvias, de la temperatura y de otras condiciones del clima es el principal factor que explica la variabilidad de la producción agrícola, lo que a su vez constituye uno de los factores principales de la falta de seguridad alimentaria. Algunas zonas del mundo son particularmente proclives a dicha variabilidad: el Sahel, el nordeste del Brasil, el Asia central y México, por ejemplo.

Los extremos del clima –acontecimientos violentos e infrecuentes como las inundaciones, la sequía y las tormentas- aunque son de carácter más espectacular, tienen un menor efecto conjunto en la producción agrícola que las deficiencias crónicas del clima. Tanto la variabilidad del clima como sus extremos pueden aumentar a consecuencia del calentamiento del planeta.

La FAO trabaja en dos niveles para reducir las consecuencias de la variabilidad del clima y del cambio climático en la seguridad alimentaria. La Organización se propone incrementar la capacidad de los agricultores de frente a dicha variabilidad:

  • fomentando un planteamiento agrícola “sin reproches”, con opciones que incrementan la eficiencia y la flexibilidad agrícolas en las condiciones actuales, y que también proporcionan a los agricultores una buena base si cambiaran las condiciones a largo plazo
  • promoviendo prácticas agrícolas que toleran la variabilidad del clima -utilización de variedades de cultivos resistentes a la sequía, por ejemplo, o una utilización más eficiente de los recursos hídricos- también se fortalece la capacidad del agricultor para adaptarse a los cambios a largo plazo.

La FAO colabora también con los encargados de tomar decisiones de los países y con la comunidad científica para mejorar la vigilancia tanto de las condiciones actuales como del cambio del clima a largo plazo, y para fomentar opciones de desarrollo con futuro:

  • vigilando la producción agrícola mundial con fines de planificación y emisión de alertas (SMIA), con tecnología de comunicaciones a través de satélites (ARTEMIS) e instrumentos agrometereológicos;
  • estableciendo sistemas eficaces de alerta para las enfermedades de los animales y de las plantas (EMPRES);
  • vigilando las condiciones atmosféricas y los cambios climáticos (GTOS, AFRICOVER, Mapas del clima mundial SD Dimensions).

Pero la agricultura no sólo es víctima del calentamiento del planeta. Actualmente, también es un factor que contribuye a ello y en el futuro podría participar considerablemente en la reducción del cambio atmosférico de la Tierra. Cerca del 25 por ciento de las emisiones de bióxido de carbono proceden del cambio de la explotación agraria (sobre todo de la deforestación en las zonas tropicales), y la utilización de fertilizantes es uno de los orígenes principales de los óxidos nitrosos producidos por el hombre. Como parte del planteamiento “sin reproches”, la FAO alienta los agricultores a que reduzcan el uso excesivo de fertilizantes nitrogenados –que son costosos, ineficientes y dañinos para el medio ambiente- y que prefieran variedades de ganado que conviertan con eficacia los piensos en carne y leche, reduciendo así las emisiones de metano.

La Organización trabaja con los encargados de la planificación a fin de reducir las tasas de deforestación y promover la reforestación, como una forma entre otras de eliminar el bióxido de carbono de la atmósfera. La FAO también defiende la utilización de energía de biomasa (SD Energy for Development) como forma de reducir el consumo de combustibles fósiles, principal origen de las emisiones de bióxido de carbono. Utilizar biocombustibles en vez de los de origen fósil es una forma de “cerrar el ciclo del carbono”, de modo que el bióxido de carbono que absorben los vegetales sea liberado de nuevo en la atmósfera al utilizarlas como combustibles, pero el carbono almacenado en los combustibles fósiles no se añada al que ya está en circulación (entrevista con Gustavo Best de la FAO).

2 de diciembre de 1997

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