El neozelandés Les Clark, fue condecorado con el Premio B.R. Sen de 1997 por su contribución como Asesor Técnico en Jefe en la acertada transformación del sector pesquero namibiano, que era una actividad en gran medida en manos extranjeras y se convirtió en uno de los sectores claves del país, integrado plenamente en la sociedad y la economía de Namibia. El Premio Sen, creado en 1967, se otorga anualmente a algún funcionario de campo que haya realizado una contribución destacada en el país donde esté asignado. El premiso consiste en cinco mil dólares EE.UU., un manuscrito y una medalla. El Sr. Clark explica el proyecto en curso en Namibia.

Sr. Clark, Ud. contribuyó a establecer un sector pesquero a partir prácticamente de cero. Debe haber sido emocionante.

Namibia era el último sitio de pesca en grande, libre para todos. Era la última zona de rica pesca costera que gozaba de un límite de pesca de 200 millas de acuerdo a la Convención sobre el Derecho del Mar de las Naciones Unidas. Yo había participado en el establecimiento de regímenes de 200 millas en los países insluares del Pacífico Sur y en Omán, de modo que para mi ésta sería la última ocasión en que podría hacerlo. Fue una oportunidad fabulosa.

¿ Puede explicar el panorama de la independencia de Namibia en 1990?

Tenía un sector pesquero muy reducido. En realidad no existía una industria pesquera local, no había ministerio de pesca, no había legislación pertinente, ni siquiera vigilancia sobre las reservas. La mayor parte del pescado se pescaba y elaboraba en el mar en arrastreros extranjeros, y sencillamente se trasladaba a otras embarcaciones o se descargaba en puertos extranjeros, lo que generaba pocos beneficios para los namibianos.

¿ Por dónde comenzó Ud.?

La FAO ha estado trabajando con el partido gobernante desde antes de la independencia, a través del Consejo de Namibia, de modo que cuando la SWAPO llegó al poder, ya había reflexionado mucho sobre una política de pesca. Sin embargo, en esa época prevalecía la idea, sobre todo en el extranjero aunque en cierta medida también en el país, de que Namibia carecía de capacidad para aprovechar adecuadamente sus recursos y que necesitaría depender de acuerdos con otras nacionales para dar licencias a barcos extranjeros. Namibia, bien hubera podidio vender sus derechos a algunas empresas pesqueras extranjeras, para proseguir sencillamente las actividades de pesca y elaboración en los arrastreros foráneos, pero el nuevo gobierno se comprometió a construir una industria namibiana. Puso fin a las licencias a extranjeros y poco después de la independencia, se mandaron helicópteros para ahuyentar a los pescadores no autorizados, con policías armados que descendían en la cubierta de las embarcaciones. Incluso incendieron una embarcación. Capturaron 12 barcos costosos y con eso quedó bastante claro que las aguas de Namibia le pertenecían a Namibia.

Un inicio bastante espectacular. Pero Namibia es un territorio en su mayor parte desierto o semidesierto, con pocos puertos y sin tradición pesquera. ¿Qué materia prima había para levantar una industria pesquera?

Se elaboró una política de acuerdo a la cual el gobierno daba preferencia a los namibianos, sobre todo a los autóctonos. Ya existía una clase empresarial autóctona, de modo que lo más fácil era reestructurar la sala de sesiones concediendo derechos de preferencia a empresas namibianas, y sobre todo de nacionales que hubieran estado en desventaja. La parte marina fue más difícil ya que se requieren 15 años para capacitar un capitán. Pero actualmente en el gureso de las pesquerías namibianas hay más del 80 por ciento de tripulaciones namibianas en comparación con el 30 ó 40 por ciento que había en 1990. En los campos de la investigación y la vigilancia, el ministerio adquirió un importante compromiso de contratar y capacitar a namibianos, la mayoría de los cuales carecía de experiencia real en el mar. Debo añadir que Noruega y otros donantes aportaron un excelente apoyo a nuestro proyecto (Apoyo institucional para la planificación, politica y administración de pesquerías).

¿El gobierno apoyó plenamente el proyecto?

El gobierno fue muy eficaz con la asesoría que le dio el proyecto. Lo extraordinario es el sentido de responsabilidd de este gobierno, que tiene que crear una industria sostenible cuando le hace mucha falta obtener ganancias económica a corto plazo.

Namibia es un país surgido de un prolongado período de guerra. Sus industrias están muy subdesarrolladas, el desempleo es superior al 40 por ciento, y la economía y la sociedad se caracterizan por crueles desigualdades que han de atenderse con urgencia. Si alguien tenía motivos para buscar ganancias a corto plazo de sus reservas de peces, era Namibia. En cambio, elgieron el camino largo y difícil de reponer las reservas. Siete Años después de la independencia sigue quedando un largo camino por recorrer, pero hay buenos indicios de que se están restableciendo las reservas.

¿Podría resumir siete años de resultados?

El resultado más asombroso es el nivel de las ganancias económicas. De 150 millones de dólares EE.UU. en 1990, correspondientes a las exportaciones pesqueras, la cifra aumentó a 400 millones en 1997, casi el 25 por ciento de las exportaciones. Puede duplicarse de nuevo, cuando se hayan recuperado las reservas. El segudno resultado más imporjtante ha sido establecer un régimen efectivo de conservación. Con la independencia se decidió recuperar las reservas. Entonces, en 1990 se pescaron sólo 60 000 toneladas de merluza'en 1997 se obtuvieron 120 000 toneladas. Hace 20 años, sin gestión alguna se extraían 400 000 toneladas de merluza anualmente. Y con la reducción de la actividad pesquera, también se han introducido medidas de conservación de especímenes jóvenes, como incrementar la dimensión de las redes e impedir la pesca de arrastre en abguas de menos de 200 metros de profundidad, a fin de proteger los criaderos. Otros resultados han sido la extracción de rentas para los programas oficiales, donde la industria namibiana tiene que pagra las cuotas de pesca más elevadas del mundo, equivalentes a una media del 15 por ciento del valor sobre muelle. Y se ha incrementdo la contribución del pescado a la seguridad alimentaria regional. La pesca de jurel, que rinde de 300 a 400 000 toneladas al año, ha producido un cambio importante en el sur de Africa, adonde se exporta este pescado. Ha hecho bajar el precio de la carne de res y ha mejorado la situación de la seguridad alimentaria entre el pueblo.

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