La FAO exhorta a labrar menos la tierra para detener la erosión de los suelos


Arar puede perjudicar los suelos. Así lo ha estado afirmando durante muchos años una minoría de agrónomos y la FAO actualmente se suma a la exhortación a reducir drásticamente la labranza para detener la degradación de las tierras en todo el mundo.

La labranza mecánica o con bestias de tiro pueden erosionar los suelos

De acuerdo con la Organización: “con la invención de los tractores, se incrementó la labranza y los agricultores comenzaron a pensar que mientras más se arase la tierra, los rendimientos serían mayores. La verdad es que a mayor labranza, la erosión y la degradación de los suelos aumentan, sobre todo en las zonas calientes donde la capa superior del suelo es más delgada”. Los métodos comunes de labranza que se utilizan actualmente producen una grave pérdida de suelos y desertificación en muchos países. La FAO calcula que cerca del 40 por ciento de la degradación de las tierras en todo el mundo se debe a la erosión de los suelos.

La Organización ha lanzado una impresionante advertencia a todos los agricultores: “Hay partes de América Latina y de África que podrían quedar inutilizables si los agricultores no modifican sus prácticas. Cada vez que éstos aran las tierras para eliminar las malas hierbas el suelo se vuelve más vulnerable a la erosión y su estructura se destruye. El arado común con tractores y roturadores compacta el suelo y lo degrada desde el punto de vista biológico. Incluso los sistemas de tracción animal, aunque en menor grado, erosionan la tierra. Es necesario modificar drásticamente la forma en que se labran hoy las tierras”.

La FAO celebra del 22 al 27 de junio un taller en Harare, Zimbabwe, para promover la labranza ecológica. Esta reunión dará inicio a las actividades encaminadas a formular un código de conducta para el tratamiento de las tierras y se elaborará un proyecto regional de labranza ecológica. Participan en la reunión la Organización Alemana de Cooperación Técnica (GTZ), el Consejo Sudafricano de Investigación, un proyecto de la FAO con financiación sueca y la Unión de Agricultores de Zimbabwe.

En 1992 se creó en América Latina la RELACO, una red que fomenta la labranza ecológica, y actualmente hay más de 14 millones de hectáreas de tierras agrícolas de la región sin labrar, donde sólo se interviene en la tierra donde se siembran las semillas. Una de las herramientas creadas especialmente con este propósito es el arado de cincel.

En Africa se practica la labranza mínima sobre todo en las propiedades de mayor dimensión, pero el proyecto regional se va a dirigir también a los pequeños propietarios. Es importante destacar que para éstos, la labranza mínima también reduce los costos de preparación de las tierras. Por ejemplo, los costos de producción por acre de frijol de soja podría disminuir en Argentina 27 dólares EE.UU., 14 dólares EE.UU. en los Estados Unidos y 11 dólares EE.UU. en Brasil, gracias a la introducción de las técnicas de labranza mínima.

De acuerdo al experto de la FAO José Benites, del Servicio de Recursos, Manejo y Conservación de Suelos, los suelos de los países tropicales normalmente no requieren labranza. “La forma de arar más conveniente es la ecológica, que deja una capa protectora de follaje, tallos y varas de la cosecha anterior en la superficie. Esta capa protege la superficie del suelo del calor, el viento y lluvia, y mantiene el suelo más fresco, además de que reduce la pérdida de humedad por evaporación”.

Véase entrevista a Theodor Friedrich, ingeniéro agrónomo de la FAO

22 de junio de 1998

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