Capacitación en Asia en manejo integral de plagas para los productores de algodón


La FAO está por poner en marcha un proyecto de 12 millones de euros para permitir a pequeños campesinos productores de algodón de Asia reducir su consumo de insecticidas a la mitad e incrementar su producción. Este proyecto, financiado por la Unión Europea, impartirá capacitación en manejo integrado de plagas (MIP) a 90 mil pequeños productores de algodón. (Consulte: ¿Qué es el manejo integrado de plagas?) Participarán en el proyecto seis países de Asia: China, la India, Pakistán, Bangladesh, las Filipinas y Viet Nam. Los tres primeros son de los principales países productores mundiales de algodón.

El algodón, valioso cultivo
FAO/17720/A. Conti


En todo el mundo, el cultivo al que se aplican más insecticidas es el algodón. En 1995, se gastaron 1 800 millones de dólares EE.UU. en insecticidas para el algodón, 14 por ciento del total de los 12 mil millones de dólares EE.UU. invertido en estos productos químicos en todo el mundo. Casi el 70 por ciento de la superficie mundial de algodón tratada con insecticidas está en China, la India y Pakistán, lo que convierte a esos países en grandes mercados de la industria de los insecticidas.

Las ventas de insecticidas para el algodón reflejan el alto valor del este cultivo, que los agricultores se empeñan en defender de la invasión de plagas, aun a costos muy altos. Los insecticidas químicos a menudo se utilizan cuando los campesinos y sus asesores no están seguros de que un cultivo esté en buenas condiciones, en lugar de aplicarlos cuando la situación de las plagas realmente merezca una intervención química.

En los últimos años, el uso excesivo de insecticidas en el algodón ha tenido consecuencias devastadoras para los principales países productores de ese cultivo. En 1995, en China, las malas cosechas atribuidas a la utilización exagerada de insecticidas hizo subir 1.10 dólares EE.UU. por libra el precio del algodón en el mercado de productos básicos de Nueva York, por primera vez en 100 años. En el Sudán, el exceso de aplicación de insecticidas produjo un algodón pegajoso que fue imposible comercializar. Los insecticidas además destruyen a los enemigos naturales de las plagas, causando en ocasiones una reproducción explosiva justamente de aquellas plagas que esos insecticidas se venden para combatir.

Los insecticidas son peligrosos para la salud humana

Los insecticidas no sólo son costosos y capaces de perjudicar a los cultivos y el medio ambiente. También pueden ser en extremo peligrosos para las personas, sobre todo para los campesinos de los países tropicales que posiblemente desconozcan lo tóxico de las sustancias químicas que utilizan, y no pueden permitirse la indumentaria de protección necesaria ni podrían utilizarla de todos modos por las elevadas temperaturas. "Muchos de estos insecticidas son derivados de los gases neurotóxicos utilizados durante la segunda guerra mundial", explicó Niek van der Graaff, Jefe del Servicio de Protección Vegetal de la FAO. "Son venenosos para las personas y para las plagas". La FAO ha advertido que existe el peligro de un envenenamiento crónico de las poblaciones rurales.

El proyecto de la UE prevé que se formen 3 800 centros campesinos de instrucción. Estos centros utilizan un planteamiento participativo de aprendizaje para impartir a los campesinos las técnicas de MIP. Los agricultores siembran una parcela experimental y la trabajan, recogen y estudian las plagas y los depredadores benéficos, y vigilan la acción entre ambos. Aprenden a reconocer los distintos tipos de insectos, a asegurar que se reproduzcan los depredadores benéficos y a alternar los diversos cultivos, además de a eliminar físicamente y destruir las plagas.

También aprenden que los insecticidas a menudo matan a los insectos benéficos y también a pequeños mamíferos, lo que le abre campo a la acelerada reproducción de nuevas generaciones de plagas. Éstas también pueden volverse resistentes a los insecticidas utilizados en exceso.

Los proyectos pilotos financiados en Pakistán, la India y China por el Banco Asiático de Desarrollo, han demostrado que los campesinos productores de algodón reducen su consumo de insecticidas a la vez que sus cosechas se incrementan. "Reducir la utilización de insecticidas ahorra dinero que se puede invertir en el sistema de producción agrícola", explicó van der Graaf.

En los años 60, la FAO comenzó a trabajar en los países en desarrollo con métodos de producción que respetan el medio ambiente, y el Servicio mundial de manejo integrado de plagas, de la Organización, actualmente apoya proyectos en distintas partes de Asia y África.

9 de junio de 1999

 

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