Cuatro mujeres rurales relatan su lucha y sus conquistas


 

Vídeo: La mujer nutre al mundo
(Como descargar nuestros archivos)
El Día Internacional de la Mujer se celebra el 8 de marzo, fecha para reflexionar sobre la función de las mujeres en el mundo. Como principal organismo de las Naciones Unidas dedicado a la alimentación y la agricultura, la FAO se concentrará en las mujeres en la agricultura.

En numerosos países en desarrollo las mujeres rurales realizan la mayor parte del trabajo agrícola, desde la preparación de las tierras a la cosecha. Tras ésta, desempeñan una función decisiva en el almacenamiento, la manipulación, la elaboración y la comercialización de los productos agrícolas. Además, en las zonas rurales las mujeres suelen estar a cargo de preparar alimentos nutritivos para sus familias. A escala mundial, la función de las mujeres en la familia y para la seguridad alimentaria de sus países es vital.

Los relatos de cuatro mujeres rurales -de Bolivia, Nepal, Turquía y Zimbabwe- brindan un vívido testimonio de su lucha diaria por mejorar su propia vida y la de sus familias.


p

Martha Vargas prepara las hortalizas del grupo de mujeres para los clientes

p

Las campesinas adquieren fuerza

Hace un año se formó un grupo de mujeres rurales de Bolivia para establecer un sistema de producción y comercialización de hortalizas. Hoy ya no producen sólo para consumo de sus familias, venden hortalizas orgánicas a clientes individuales y a supermercados de la ciudad cercana de Santa Cruz, y por primera vez en su vida están ganando dinero.

Estas 50 mujeres -que formaron la Asociación de Producción Ecológica, ASOPEC- son de familias pequeño campesinas de siete pueblos de la exuberante zona montañosa que rodea a la ciudad de Samaipata. Cultivan 40 distintos tipos de hortalizas orgánicas, desde verduras y hierbas hasta zanahorias y repollos. Ellas siempre han cultivado casi todas estas hortalizas, pero un proyecto de la FAO llevó nuevas variedades e impartió capacitación al grupo en temas de nutrición, elaboración de hortalizas, presentación y comercialización de los productos y contabilidad.

Todos los jueves una mujer de cada pueblo recoge las hortalizas que se hayan producido y las lleva a Samaipata. Ahí se etiquetan y empacan las hortalizas según los pedidos específicos, y luego una de estas mujeres recorre los 120 kilómetros que hay hasta Santa Cruz para hacer personalmente la entrega a los clientes.

"Los clientes están muy contentos -explica Martha Vargas, de 33 años de edad, una de las 50 mujeres-. Obtienen hortalizas frescas, saludables y orgánicas, bien empacadas. Sólo se quejan cuando falta algo". Y a veces algo falta porque el grupo no siempre logra satisfacer la demanda.

"Es muy laborioso cultivar hortalizas. Además tenemos que cocinar, lavar, cuidar la casa, a los niños y atender a nuestros esposos -afirma Vargas, madre de cinco hijos-. Pero también es muy bueno estar en este grupo, he aprendido mucho de la capacitación que recibimos y ahora que gano dinero, mi marido toma más en cuenta lo que digo".

En promedio, el grupo surte pedidos a 18 clientes semanalmente. En una buena semana las mujeres más productivas ganan entre seis y siete dólares EE UU.

En otra iniciativa de la FAO, Martha Vargas y otras 11 mujeres están asistiendo a un curso de capacitación para la elaboración y utilización de plantas medicinales, que también venden. Esto les permitirá obtener mejores precios por estos productos en el mercado.


p

Goma Danuwar (derecha) con uno de sus grupos de silvicultura de arriendo

p

Mujeres transforman la silvicultura en Nepal

Cuando el Gobierno de Nepal puso en marcha un innovador programa de arriendo de tierras degradadas a familias pobres por 40 años para producir madera y piensos, contrató a mujeres del pueblo a fin de promover este nuevo concepto. Ellas recorren muchos kilómetros entre las distintas comunidades para dar a conocer el programa, organizar grupos, impartir capacitación y tomar nota de los problemas.

El programa forestal de arriendo muestra a las personas pobres cómo cultivar pastos para piensos y cómo plantar especies de árboles de rápido crecimiento en las tierras alquiladas. Los participantes crían variedades mejoradas de ganado y establecen fondos rotatorios para financiar el mejoramiento de la aldea. Este programa, que presta asistencia a 11 000 familias de Nepal, tiene tanto éxito que el gobierno quiere ampliarlo al resto del país.

Goma Danuwar, de 31 años de edad, es una mujer soltera que está a cargo de su madre viuda y sus hermanos, y comenzó a participar en el programa trabajando con otras personas de la aldea para transformar una ladera yerma en un paraíso de verdor. Aunque no tiene estudios resultó ser una dirigente natural y llamó la atención de los organizadores del programa. Ahora es promotora de grupos y gana 3 000 rupias (40 dólares EE UU) al mes por supervisar a 36 grupos de arrendatarios forestales en el valle de Panchkhal, 40 kilómetros al oriente de la capital nepalesa, Katmandú.

"Al principio los hombres no querían que sus esposas se fueran a otras partes de Nepal a recibir capacitación -explica Danuwar-, pero eso está cambiando poco a poco. De todo lo que he hecho, lo que más me satisface es que ahora las mujeres estén participando y que las de nuestro distrito ya tengan más confianza".

Hay motivos para celebrar este Día Internacional de la Mujer, en cuya organización participa activamente Danuwar en su distrito.

El programa de arriendo forestal se dirige a la población marginada de aldeanos que quedaron excluidos de la corriente principal del desarrollo: las mujeres, algunas castas, las minorías étnicas y, en especial, las personas sin tierras o con lotes pequeños. Las mujeres locales tienen mucho que ganar con este programa, ya que tradicionalmente son las encargadas de recoger los piensos y cuidar de los animales.

"Miren mi pastizal, está muy cerca de mi casa. Antes tenía que caminar de cuatro a cinco horas para recogerlo -explica Sanu Babu Udas, de 40 años, mostrando a los visitantes la exuberante ladera que hay detrás de su casa-. Ahora también producimos hortalizas, en beneficio de los niños. Y con los piensos tan cerca podemos alimentar a los animales en los establos, de modo que los niños se dedican a estudiar en vez de pastorear al ganado".

La FAO, que desde 1993 viene promoviendo la silvicultura de arriendo para los pobres en Nepal, defiende que la aprovechen las mujeres como importantes agentes del cambio. "Fue muy novedoso utilizar promotoras de grupo -explica Winston Rudder, Representante de la FAO en Nepal-. Son estupendas. Están entusiasmadas. Participan y saben convencer a las otras mujeres... y a los hombres".


p

Gulustan Ircap posa con sus hijos y una de sus nuevas ovejas donadas por TeleFood

p

Gulustan Ircap disfruta de sus primeras ganancias

Nacida en la pobreza y normalmente destinada a morir en ella, Gulustan Ircap afirma que hoy la esperanza resplandece en su vida, en el caserío de Sahgeldi, situado entre las suaves lomas y los abruptos despeñaderos de la alejada región oriental de Turquía. De pronto, resultó ser la orgullosa propietaria de una oveja, cortesía de la campaña TeleFood de la FAO.

Pronto vendería leche y queso y, por primera vez en su vida, obtendría ingresos. Gulustan, madre de cuatro hijos, es una típica "viuda estacional de aldea" de Anatolia, que no tiene nada ni gana nada. Su esposo, Kutbettin, se va en busca de trabajo por día a Estambul, a unos 2 000 kilómetros y un mundo de distancia. "Lo que gana cuando consigue trabajo apenas le basta -explica Gulustan-. Si logra ahorrar algo, lo trae a casa y se queda con nosotros durante los tres meses del invierno".

La pequeña y sonriente Gulustan y sus hijos han sobrevivido, en general, de pan, y leche y queso de una vaca que heredó la familia. A veces obtenían carne de sus vecinos, en el apretado caserío de 375 habitantes. Ahí no hay comercios porque nadie puede comprar nada. Cultivan árboles de donde obtienen los techados de sus chozas de lodo y piedra; el estiércol de las vacas se compacta para utilizarlo como fuente de calor y para cocinar; en la aldea hay una sola bomba de agua para todos.

El proyecto TeleFood de la FAO le dio a Gulustan y a otras 29 mujeres de Sahgeldi cuatro ovejas a cada una, pero una de las ovejas de Gulustan se murió. Ahora, las mujeres ya no sólo crían a sus ovejas, sino que también las engordan porque cultivan forrajes en tierras cercanas del Estado.

Pero las fatigas de Gulustan son la excepción y no la regla en Turquía, país conocido por su destreza y potencial agrícola. Turquía, con los Estados Unidos, la India, Canadá y Francia, son los principales productores de trigo, y Turquía es el principal productor de avellanas. La mitad de la fuerza de trabajo de Turquía se dedica a la agricultura, y produce una gran variedad de alimentos. El hambre se circunscribe a reductos de pobreza.


p

p

Relato de una viuda del sida

En Zimbabwe, casi el 26% de la población adulta tiene el VIH. Debido en parte a esta enfermedad, en algunas zonas como el valle de Zambezi más de un tercio de los hogares rurales están a cargo de mujeres, y esta cifra probablemente ascienda al 50%.

Angelina*, de 42 años de edad, vive en el valle de Zambezi. Quedó viuda a causa del sida, y al frente de su familia a la muerte de su esposo hace cuatro años, que la dejó con siete hijos pequeños que atender. Heredó de su marido las tierras de la familia, de modo que hoy ella toma todas las decisiones relativas a esas tierras y a la economía familiar.

"Antes me quedaba con los niños, pero hoy es un problema -explica-. Tengo que trabajar en el campo". Sus cosechas de algodón, maíz y cacahuetes disminuyeron debido a que se sembraron con retraso, en una parcela más pequeña y sin desyerbar lo suficiente el campo. "El año pasado tenía más dinero para contratar mano de obra, de modo que se desyerbaron más a menudo los cultivos -explica-. Este año tuve que hacerlo yo sola". Además, tuvo que vender un buey para comprar semillas de algodón y alimentos, y pagar las colegiaturas de sus hijos.

Ahora Angelina se beneficia del Proyecto de algodón orgánico del valle de Zambezi, realizado para ayudar a las campesinas a ganar más ingresos. Como ella, muchas otras mujeres son viudas del sida. Se han establecido escuelas agrícolas de campo con apoyo de la FAO, que funcionan como "grupos de apoyo" para las mujeres impartiéndoles capacitación y conocimientos de tecnologías que economizan tiempo. Estas escuelas además tratan de infundir confianza en estas mujeres, ya que no están acostumbradas a tomar importantes decisiones económicas ni de gestión agrícola.

El proyecto además ayuda a las mujeres a ahorrar dinero. "Al cultivar algodón orgánico no hace falta gastar en sustancias químicas", afirma Angelina. Y está aumentando el número de mujeres que participan en el proyecto. En 1999 se eligió a una de las viudas como mejor productora de algodón orgánico de la zona.

* Angelina no es su verdadero nombre

8 de marzo de 2001

 

Más información

Para descargar nuestros archivos, necesita
para RealPlayer
para QuickTime y mp3


Página inicial de la FAO 

 Búsquedas 

¿Sugerencias?: Webmaster@fao.org

©FAO, 2001