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Llevar alimentos al mercado en Nepal
"Yo acostumbraba venir a la ciudad y vender directamente en la calle al cliente, y eso me quitaba mucho tiempo -explica Baral-. Aquí me pagan bien una canasta de hortalizas y puedo regresar enseguida a casa a trabajar". Conforme se prepara para irse, el sol toca las cumbres himalayas a lo lejos. El ambiente comercial del mercado mayorista, un recinto del tamaño de un campo de fútbol, con 105 puestos cerrados de cemento alrededor, contrasta mucho con el caótico panorama a 50 metros de distancia del animado depósito de autobuses de la ciudad, donde antes se descargaban la fruta y las hortalizas. Pero un mercado es algo más que concreto y asfalto, un sistema eficiente de comercialización también necesita ofrecer puntos de recogida en las zonas rurales, donde los campesinos s puedan llevar sus productos y recibir un pago justo de los comerciantes que llegan en camiones, felices de contar con un buen suministro seguro. Este sistema además requiere una sana competencia entre comerciantes, para garantizar al consumidor buenos precios. De 1995 a 2000, en un programa de 3 600 millones de dólares EE UU destinado a construir 19 mercados pequeños de fruta y hortalizas, la FAO ayudó a organizar comités de administración comercial, ofreció capacitación comercial y en manipulación de las hortalizas, y estableció un servicio de información comercial. El proyecto apoyó la creación de pequeños centros de recogida, además del mercado de Pokhara. El Fondo de las Naciones Unidas para el Desarrollo de la Capitalización (FNUDC) y el Gobierno de Nepal financiaron el programa. No sólo los vendedores están contentos con el mercado de Pokhara. Suresh Gupta, de 22 años, ha llegado de Lucknow, India, para probar suerte como mayorista de bananos, cacahuetes y naranjas. Tiene un teléfono celular y una calculadora en su pulcro escritorio, así como un colorido cartel religioso hindú en el muro a sus espaldas. "El nuevo mercado es estupendo -dijo, apenas alzando la vista de una factura que estaba haciendo-. Puedo consultar los precios de Katmandú y Narayangadh, para saber lo que debo pagar y cobrar. Los puestos son muy grandes, el estacionamiento es muy amplio, las personas no se amontonan y colaboran mucho". Un comerciante que estaba cargando naranjas en el asiento trasero de un taxi para llevar a minoristas, muestra igual entusiasmo. "El mercado me conviene mucho porque no tengo que perder tiempo en busca de vendedores en la calle -dice Prem Pudel, 32-. Me está yendo bien, gano más dinero". Bhoj Raj Khanal, gerente del mercado de Pokhara, capacitado por la FAO, está orgulloso de su territorio. "Todos los días llegan mil compradores y vendedores al mercado, pagan sólo cinco rupias por entrar -precio de una taza de té-, con lo que se mantiene el mercado", explica. "No fijamos los precios, pero todas las mañanas indagamos los precios de cinco compradores y vendedores de cada producto y anunciamos los precios medios, que enviamos por fax o correo electrónico a los distintos mercados y difundimos por radio, para que los vendedores puedan ir donde más les convenga". 26 de marzo de 2001
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