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Afganistán: se agrava la crisis alimentaria
Antes de iniciarse la reciente acción militar en Afganistán, el país ya estaba en las garras de una grave crisis alimentaria, debida a tres años de sequía y a dos decenios de guerra y conflicto civil. Ahora, ante los millones de personas que corren el peligro de morir de hambre, especialmente en los próximos meses del invierno, salvar vidas es el desafío más serio que afronta la comunidad internacional. Abdur Rashid, Jefe del Sistema mundial de información y alerta sobre la alimentación y la agricultura (SMIA) de la FAO, señala el sufrimiento de los afganos y los complejos desafíos, a corto y a largo plazo, que la comunidad internacional debe afrontar para ayudarlos.
Describa, por favor, la actual situación de Afganistán En una palabra: catastrófica. En cifras, hay 7,5 millones de personas en condiciones de vulnerabilidad extrema, de las que 1,5 millones son refugiados. Sin embargo, virtualmente toda la población está pasando hambre: 23 millones de personas. Como sabemos todos, se está produciendo una grave tragedia humana. En mayo, durante una misión que llevaron a cabo la FAO y el Programa Mundial de Alimentos, ya se percibió una hambruna en ciernes. Se calculó que haría falta importar 2,2 millones de toneladas de cereales en Afganistán en el año en curso para satisfacer las necesidades básicas. Supusimos que un tercio de ese volumen constaría de importaciones comerciales, pero en las condiciones actuales, las importaciones comerciales de alimentos e insumos agrícolas no son probables. Esto significa que la comunidad de donantes tendrá que subsanar el grueso del déficit. La situación puede convertirse en una catástrofe en todos sentidos. Sólo una enorme distribución de alimentos y de otros tipos de socorro, en particular a los grupos vulnerables, despejará la amenaza en ciernes de la hambruna en el país. Se está dando mucha atención a los 1,5 millones de nuevos refugiados en los países colindantes y personas internamente desplazadas. ¿Y los millones de personas que han decidido quedarse en sus tierras o en sus aldeas? Los refugiados y las personas internamente desplazadas merecen atención, sin duda. Con todo, la población residente, unos 20 millones de personas, también están pasando una gran penuria. Los alimentos que logró producir el país este año apenas si alcanzaron en conjunto para la mitad del año. Sin enormes cantidades de ayuda alimentaria internacional, la población residente, así como los refugiados y las personas internamente desplazadas, corren peligro de morir de hambre. El interés inmediato es salvar vidas, pero también salvar los cultivos del año en curso. Estos momentos son decisivos para la siembra de trigo, a la que corresponde cerca del 80% de la producción de cereales de Afganistán. Si el trigo no se ha sembrado para el mes que viene, faltará el principal cultivo del año próximo y se agravará más todavía la situación del suministro de alimentos. También anticipamos una probable escasez de semillas, porque cuando hay escasez de alimentos, las personas consumen sus reservas de semillas. La población está desplazándose, no se están trabajando las tierras, y los insumos, como los fertilizantes y combustibles importados de los países vecinos, no están llegando debido a la situación actual. Todo indica que el año próximo habrá grandes problemas. ¿Cómo ha afectado la situación actual las actividades de la FAO en Afganistán? En los últimos tres años, la FAO ha venido realizando misiones con el Programa Mundial de Alimentos (PMA) para evaluar las repercusiones de la prolongada sequía en la producción agrícola y el suministro de alimentos del país. La FAO también está llevando a cabo muchas actividades de recuperación, especialmente en los sectores agrícola y ganadero, y estamos realizando con el PMA un programa conjunto de alimentos por semillas, con muy buenos resultados. Desgraciadamente, en las condiciones actuales estas actividades no pueden desenvolverse normalmente. El personal internacional de la FAO que participa en este proyecto, residente en Islamabad, Pakistán, no puede entrar en Afganistán. El personal restante, 36 nacionales, tienen que hacerse cargo de todas las actividades en el país. Su dedicación es absoluta, pero hace falta el complemento internacional. El Programa Mundial de Alimentos está esforzándose por transportar grandes volúmenes de alimentos al país, pero a falta de personal internacional, es difícil supervisar adecuadamente la distribución de los alimentos. Si bien cuando prácticamente toda la población pasa hambre, en cierto sentido los alimentos, por definición, están dirigiéndose a la población "correcta". ¿Qué función desempeña el Sistema mundial de información y alerta sobre la alimentación y la agricultura (SMIA) de la FAO en esta crisis? El SMIA se estableció en 1975, a inicios de la crisis mundial de alimentos de principios de los años setenta. Su función era vigilar constantemente el suministro y la demanda mundial de alimentos a fin de avisar oportunamente de los inminentes problemas del suministro de alimentos en los diversos países. Normalmente realizamos unas 35 misiones al año, con el PMA, en países que sufren desastres naturales o causados por el hombre, con el fin de evaluar su alcance en el suministro de alimentos y calcular las necesidades de importaciones de los mismos, comprendidas las de ayuda alimentaria para la población afectada. Utilizamos información obtenida sobre el terreno y de muchas otras fuentes, así como imágenes transmitidas por satélite, a fin de precisar las zonas donde no ha llovido lo suficiente y hay sequía, y estudiar las condiciones de los cultivos y las situaciones del suministro de alimentos que se estén presentando. En los últimos tres años hemos intensificado las actividades de supervisión en Afganistán debido a la sequía. Un acontecimiento importante observado en la misión de la FAO y el PMA del año en curso en Afganistán fue la eliminación de la producción de amapola, dato confirmado por otra misión compuesta de distintos donantes. Si bien se trata de una acción muy positiva &endash;porque ha liberado al mundo de entre 3 000 y 4 000 toneladas de opio y sus derivados-, ha lesionado enormemente la economía porque ha dejado sin empleo a tantas personas. Unas 480 000 familias se ganaban la vida cultivando amapolas, lo que equivale a tres millones de personas. A menos que los agricultores y el resto de las personas que vivían de la producción de amapola reciban la ayuda adecuada, podrían recurrir de nuevo a esta actividad. A principios de octubre estaban estudiándose las imágenes obtenidas por satélite cada 10 días, a fin de observar la evolución de la vegetación en comparación con los años anteriores. Esta supervisión se complementará con verificación sobre el terreno, lo antes posible. Lo indudable es que este tipo de conflictos no propician la agricultura. Ciertamente se deteriorará la producción agrícola en el país. Desgraciadamente, esta crisis se presenta cuando también en los países colindantes está reduciéndose el suministro de alimentos. La sequía de tres años ha mermado la producción de alimentos en todos esos países, lo que limita gravemente su capacidad de ayudar a los residentes de Afganistán y a los refugiados que han cruzado las fronteras. ¿Qué pasa cuando ceda la acción militar? Es necesario emprender el restablecimiento del sector agrícola y la recuperación de la economía. Guerras anteriores y un conflicto civil persistente han devastado la agricultura y la infraestructura de Afganistán. Los sistemas de irrigación están en ruinas, y prácticamente no hay servicios agrícolas. Miles de hectáreas de tierras agrícolas de primera clase han quedado ociosas por falta de servicios de riego y por la presencia de millones de minas terrestres en el país. Se calcula que restablecer el sector agrícola en todo el país costaría 200 millones de dólares EE UU. Se trata de una empresa abrumadora que será un gran desafío tras la solución del conflicto. Ahora mismo supervisamos atenta y constantemente la situación, que es muy dinámica y exige un enfoque muy flexible. A corto plazo hay que concentrarse en salvar vidas y los cultivos de trigo del año que viene, que deben sembrarse ahora. Después de estas cuestiones inmediatas, la comunidad internacional tiene que ocuparse de la repatriación de los refugiados y del regreso de las personas internamente desplazadas. Después vendrá el restablecimiento de la agricultura y la recuperación económica, a mediano y a largo plazo. Ya estamos organizando respuestas a distintas situaciones para cuando termine el conflicto. Como el 80% de la población vive de la agricultura, la FAO sin duda estará al frente de las actividades de recuperación. 31 de octubre de 2001
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