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Activar el Protocolo de Kyoto
p Pequeños
campesinos en Malawi utilizan cocinas que
economizan combustible, gracias a un proyecto que
incluía gestión de los recursos
forestales para la obtención de leña.
Ejecutan el proyecto la FAO y el Gobierno de
Malawi. (FAO/17806/A. Conti) p El acuerdo alcanzado en la reunión de los signatarios del Protocolo de Kyoto, celebrada en Marrakesh en noviembre, significa que este instrumento, elaborado por 160 países en Japón en 1997, ya está listo para entrar en vigor una vez ratificado por el número necesario de estos países. La reunión de Marrakesh también tiene consecuencias específicas para la agricultura y la silvicultura. El Protocolo de Kyoto es el mecanismo específico de ejecución de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, que establece una reducción en un decenio del 5% de las emisiones de gases de efecto invernadero. Pero el Protocolo no podía entrar en vigor sin su ratificación por 55 países que, en conjunto, fueran responsables del 55% de las emisiones de bióxido de carbono, pertenecientes a la lista de países comprendidos en el Anexo I de la Convención (países industrializados y economías en transición) en 1990. En la reunión de Kyoto quedaron muchos asuntos pendientes. Los detalles quedaron para tratarse en las futuras conferencias de la partes del Convenio. La séptima de estas reuniones fue la de Marrakesh. En las conferencias previas se habían tratado muchos otros detalles y 40 países ya habían ratificado el instrumento, pero de éstos, sólo uno figuraba en el Anexo I: Rumanía. De modo que el 55% parecía un objetivo remoto y se corría el peligro de que el Protocolo sencillamente languideciera. Además, los Estados Unidos ya habían declarado no tener la intención de ratificarlo. Así que para alcanzar el objetivo, prácticamente tendrían que ratificarlo todos los demás países industrializados. Casi todos estaban dispuestos, pero Japón y Rusia no quedaban satisfechos con algunos aspectos del Protocolo.
El otro aspecto fue el mecanismo para un desarrollo limpio, de conformidad con el cual los países industrializados podrían eliminar algunas de sus emisiones financiando en el tercer mundo proyectos que no fueran nocivos para clima. Estos pueden incluir proyectos de desarrollo agrícola y silvicultura sostenible que promuevan el secuestro de carbono, así como la utilización de biocombustibles y otros tipos de energía renovable, para sustituir los combustibles fósiles. Ahora la FAO está movilizando su competencia profesional interdisciplinaria para aprovechar las nuevas oportunidades que brinda el mecanismo para un desarrollo limpio al desarrollo sostenible de la agricultura y la silvicultura. Se trata de una oportunidad que no pueden perderse sobre todo los países rurales.
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