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Senegal recrea el desarrollo popular
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Experto vietnamita comentando un cítrico recién introducido con un agricultor senegalés (Fabio Massimo Aceto/Ag. Grazia Neri) |
En esta población de 40 000 habitantes, situada al sur de Dakar, Mamadou Ndoye, de 68 años de edad, y sus hijos trabajan bajo el sol abrasador regando a mano un huerto comercial. Las cosechas han mejorado gracias a la intervención de expertos vietnamitas en el marco de la cooperación sur-sur comprendida en el Programa Especial para la Seguridad Alimentaria (PESA), de la FAO, que actualmente tiene proyectos en 66 países de bajos ingresos y con déficit de alimentos.
La cooperación sur-sur consiste en que los gobiernos de países en desarrollo más adelantados envíen expertos a países menos desarrollados, a vivir en las zonas rurales y trabajar con los campesinos. A la fecha se han suscrito acuerdos con 25 países, de aportación de expertos para este programa.
Los técnicos vietnamitas enseñaron a los campesinos locales nuevas técnicas, por ejemplo, a plantar naranjos y mandarinos en los bordes de las parcelas de hortalizas, así, las raíces de los árboles crecen por debajo de las de las patatas, cebollas y lechugas y captan el agua sobrante que se filtra entre la arena. Con eucaliptos se han formado barreras para impedir que el viento llene de arena las hojas de las lechugas, lo que reduce su valor comercial.
Las cosechas de col y lechuga pasaron de 15 a 25 toneladas por hectárea, gracias a la utilización de semillas mejoradas y de un mejor sistema de abonar la tierra que consiste en mezclar el fertilizante con el suelo antes de la siembra.
"Las técnicas que impartimos son sencillas y dan resultados rápidos, para que los granjeros se den cuenta de su eficacia -explica Doan Kim Long, agrónomo-. Tienen mucho interés, ponen mucha atención a lo que les decimos y aplican las técnicas".
"El verdadero problema ahora es la falta de mano de obra para regar a mano los cultivos", dice Ndoye, señalando unas tierras cercanas en barbecho que él pondría a producir si fuera posible contar con la mano de obra necesaria o con una bomba. Los bancos comerciales no tienen interés en darle créditos a los pequeños campesinos pobres. Actualmente los funcionarios del Ministerio de Agricultura de la ciudad, estimulados por la cantidad de alimentos que podrían producirse localmente con los nuevos métodos e insumos, han prometido resolver el problema del crédito agrícola.
Por
consejo de los técnicos vietnamitas, el
arroz ahora se siembra en hileras en vez de al
azar, para facilitar el deshierbe (Fabio Massimo
Aceto/Ag. Grazia Neri)
Los vietnamitas han introducido
tecnologías y máquinas sencillas que no
necesitan electricidad ni motores de diesel. Utilizan un
extractor centrífugo de miel que se acciona
manualmente para retirar suavemente la miel del panal,
dejándolo intacto y eliminando las impurezas. Se han
introducido colmenas vietnamitas de concreto.

Otro obstáculo que los técnicos vietnamitas han logrado superar con buen humor y mucha comunicación a señas es el idioma. Los campesinos senegaleses del proyecto hablan wolof. La mayoría de los vietnamitas sólo hablan su lengua, ahora salpicada de algunos términos agrícolas en wolof que han aprendido desde su llegada.
Llegan a Senegal con contratos de dos años, dejando en su país a sus familias, pero comparten alojamiento en casas repartidas en el campo, próximas a las aldeas donde prestan sus servicios. "Nos llevamos bien con los aldeanos -afirma Van Tat Truyen, dirigente de un equipo de campo-. Los entendemos. En Viet Nam pasamos muchos años difíciles".
A Viet Nam ya le está yendo mejor. Hay muchas más personas alfabetizadas que antes, por ejemplo, lo que significa un adelanto considerable en las zonas rurales, donde los campesinos alfabetizados ya pueden seguir las instrucciones escritas de procedimientos como la aplicación de plaguicidas y la gestión de viveros y cultivos. Según las cifras del Banco Mundial, el 95% de los hombres adultos y el 92% de las mujeres adultas en Viet Nam estaban alfabetizados en 1998, en comparación con los respectivos 45% y 26% en Senegal.
No todas las ideas vietnamitas son útiles en Senegal, como las recomendaciones para utilizar el agua, el mayor problema de la agricultura senegalesa.
"¿Por qué no hacer una presa en el río Casamance para elevar el nivel freático y tener acceso al agua? -sugiere Truyen, aludiendo a uno de los ríos más grandes del país-. Aunque la tarea corresponde al Estado, porque hay muchas cosas que no pueden hacer los campesinos".
No es así, explica E. K. Tapsoba, Representante de la FAO en Senegal, que participa activamente en el Programa Especial para la Seguridad Alimentaria en el país.
"Cuesta de siete a ocho millones de francos CFA (10 000 a 11 000 dólares EE UU) por hectárea instalar proyectos hídricos grandes -explica-. Ya se hizo en el norte de Senegal, con financiamiento de instituciones donantes y el Estado. Pero el mantenimiento es costoso y las centrales de bombeo ya están descompuestas".
En la producción de arroz la FAO no alienta a Senegal a tratar de competir con los grandes exportadores de este cereal, como Viet Nam o China. Más bien promueve que los pequeños campesinos produzcan suficiente cereal para autoconsumo, y suficiente excedente para pagar los insumos de la siguiente temporada agrícola, colegiaturas y libros, atención médica y otros gastos necesarios.
La FAO promueve también la utilización de tecnologías sencillas que los pequeños campesinos puedan reparar sin ayuda, como las económicas bombas de pedales, que funcionan con energía humana y son muy populares en Asia y cada vez más en África.
En Ndiemou, una aislada comunidad que cuadruplicó sus cosechas de arroz gracias a la ayuda vietnamita, la campesina Rockhy Sene, de 52 años de edad, recuerda los difíciles periodos de la historia de su aldea y la importancia que tiene para ellos la ayuda para el desarrollo. "En esta aldea ha habido épocas de hambre, incluso hambrunas -relata-. Vivimos en un chaparral y si no se dan nuestras cosechas de cacahuete o mijo, no podemos conseguir trabajo asalariado cerca de nosotros".
"He visto progresar mucho esta zona y quisiéramos seguir adelante, pero no hemos llegado al momento de poder hacerlo solos", concluye.
4 de marzo de 2002
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