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¿Se ocupa la biotecnología de las necesidades de los pobres?
Los cultivos alimentarios de bioingeniería entrañan un auténtico potencial para combatir el hambre - pero sin aprovechar, hasta ahora
La revolución verde de los decenios de 1960 y 1970 disparó la productividad agrícola y contribuyó a sacar del hambre y la pobreza a millones de personas, gracias a la introducción en sistemas agrícolas de todo el mundo de variedades vegetales de alto rendimiento, productos químicos para la agricultura y nuevas técnicas de riego.

Pero hoy, muchos pequeños campesinos siguen atrapados en la agricultura de subsistencia, y 842 millones de personas pasan hambre todos los días, según las estimaciones más recientes de la FAO. Miles de millones de personas no consumen los micronutrientes necesarios, lo que produce formas insidiosas de malnutrición debidas a una alimentación inadecuada. Y en los próximos 30 años, habrá 2 000 millones de personas más que necesitarán alimentos, pero los recursos naturales básicos de los que depende la agricultura se vuelven cada día más precarios.

¿Puede contribuir la "revolución genética" -la utilización de la biotecnología en la agricultura- a resolver estos problemas?

Debate mundial

La ciencia puede ser un ogro o un ángel, según como se mire.

Los detractores de la revolución verde, por ejemplo, le reprochan por haber promovido un uso excesivo del agua, plaguicidas y fertilizantes y de haber creado en los campesinos una dependencia de estos insumos, que en algunos casos han producido graves daños al medio ambiente.

Hoy la presencia cada vez mayor de la biotecnología en la producción agropecuaria es motivo de un debate parecido.

Desde hace milenios existen algunas técnicas que hoy forman parte de la biotecnología, cuyos inicios tal vez datan de cuando nuestros antepasados utilizaron microorganismos para elaborar pan, vino y quesos.

La era actual de la moderna biotecnología fue posible gracias a la utilización de técnicas moleculares para "cortar y pegar" genes de una célula a otra.

Es precisamente esta nueva ciencia de la ingeniería genética lo que está en el centro de la polémica actual en torno a la biotecnología.

Los partidarios de la ingeniería genética consideran esta tecnología esencial en la lucha contra la inseguridad alimentaria y la malnutrición en los países en desarrollo. Los opositores alegan que devastará el medio ambiente, incrementará la pobreza y el hambre, y conducirá a la apropiación empresarial de la agricultura tradicional y el suministro mundial de alimentos.

Un informe de la FAO de reciente publicación, El estado mundial de la agricultura y la alimentación 2004 (SOFA 2004), analiza estos puntos de vista contrastantes sobre la biotecnología.

Pros y contras

Por una parte, existen argumentos convincentes para modificar la constitución genética de los cultivos alimentarios, señala el estudio.

Esta técnica permite aumentar la disponibilidad y la variedad de alimentos, al incrementar la productividad agrícola y reducir las variaciones estacionales del suministro de alimentos.

Se pueden crear cultivos resistentes a las plagas y a las presiones ambientales para reducir los riesgos de que haya malas cosechas a causa de la sequía y de las enfermedades.

Se pueden introducir más nutrientes y vitaminas en las plantas, para combatir las deficiencias de nutrientes que sufren tantas personas pobres del mundo.

Podría lograrse producir cultivos en los suelos de poca calidad en tierras marginales, e incrementar la producción general de alimentos.

La biotecnología también brinda la posibilidad de reducir la utilización de plaguicidas tóxicos y podría asimismo imprimir mayor eficacia a los fertilizantes y a otros insumos para mejorar los suelos.

Por otra parte -advierte la FAO- todavía está en sus inicios la evaluación científica de las repercusiones ambientales y en la salud debidas a la aplicación agrícola de la ingeniería genética, y habrá de analizarse caso por caso.

Además, la Organización hace énfasis en la necesidad de garantizar la distribución general de los beneficios de la biotecnología en la agricultura y no exclusiva entre pocos. En efecto, en SOFA 2004 se señala que aunque la biotecnología pueda beneficiar mucho a los campesinos y consumidores pobres de los países en desarrollo, hasta la fecha ellos han recibido pocos beneficios al respecto, y que en el desarrollo del sector biotécnico "es evidente que se están dejando de lado los problemas de las personas pobres."

Cuestiones de equidad

A diferencia de la revolución verde -producida a través de un programa internacional de investigación agrícola del sector público específicamente destinado a crear y transferir tecnología libremente al mundo en desarrollo en calidad de bienes públicos- la "revolución genética" está impulsada sobre todo por el sector privado, con la mira de crear productos comerciales para el mercado.

"Este hecho suscita graves dudas en cuanto al tipo de investigaciones que se están llevando a cabo y a la probabilidad de que las personas pobres se beneficien de ellas," señala la FAO en SOFA 2004.

El informe indica que si bien tanto el sector público como el privado están haciendo investigación y aplicación en biotecnología con más de 40 cultivos en todo el mundo, existen pocos programas del sector público o del privado dedicados a la atención de los problemas de los pequeños campesinos de los países en desarrollo.

El Director General de la FAO, Dr. Jacques Diouf, explica en el preámbulo del estudio que "Ni el sector público ni el privado han invertido sumas importantes en nuevas tecnologias genéticas aplicables a productos como el caupí, el mijo, el sorgo y el tef, que carecen de interés comercial pero son fundamentales para suministrar alimentos y medios de subsistencia a la población más pobres del mundo".

Tampoco se está prestando atención a los principales cultivos alimentarios de los pobres: trigo, arroz, maíz blanco, patata y yuca, informa SOFA 2004. Ni hay gran actividad biotecnológica con los productos agrícolas cuyas características interesan más a los pobres, por ejemplo: la tolerancia a la sequía y a la salinidad, la resistencia a las enfermedades o un mayor contenido nutritivo.

Preguntas pendientes de respuesta

Es evidente que la biotecnología agrícola tiene un verdadero potencial como nuevo instrumento en la lucha contra el hambre.

Empero, en El estado mundial de la agricultura y la alimentación 2004 se señalan, con todo, diversas preguntas apremiantes que exigen respuesta.

¿Cómo poner la tecnología que está produciendo la revolución genética al alcance de más agricultores de más países?

¿Cuáles son las prioridades de la investigación biotecnológica que podrían beneficiar más directamente a los pobres y quién producirá innovaciones para las mayorías de los países en desarrollo?, dado que este sector tiene un potencial de mercado demasiado pequeño para atraer inversiones cuantiosas del sector privado, y carece de la capacidad científica necesaria para producir sus propios adelantos.

¿Cómo se puede facilitar la creación y el desplazamiento internacional de organismos transgénicos inocuos y promover la distribución de la propiedad intelectual como bien público?

Otro tema importante: ¿cómo lograr que los países -sobre todo los del mundo en desarrollo, inmovilizados por sus limitaciones económicas- tengan sistemas adecuados para evaluar los riesgos ambientales y para la salud humana de la biotecnología, antes de introducir sus técnicas y una vez que se ha iniciado su aplicación en el campo.

En El estado mundial de la agricultura y la alimentación 2004 la FAO trata éstas y otras cuestiones, e indica algunas líneas de acción que podrían emprender los países por su cuenta y la comunidad internacional, con la finalidad de dar a la biotecnología mayor eficacia en la lucha contra en el hambre.

A la derecha figuran los enlaces que proporcionan al lector más información de la FAO sobre biotecnología agrícola.

17 de mayo de 2004

FAO graphic

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Contacto:

George Kourous
Oficial de información, FAO
>> Para información sobre este artículo.
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(+39) 570 53168

Erwin Northoff
Oficial de información, FAO
>> Consultas de la prensa con relación al SOFA.
erwin.northoff@fao.org
(+39) 06 570 53105

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