La acuicultura: del laboratorio a la aldea

Los agrónomos de la India obtienen excelentes resultados en sus laboratorios y granjas experimentales. Pero sólo cuando la tecnología y las técnicas se transfieren con éxito al campesino de la aldea, los resultados se traducen en incremento de la producción nacional, prosperidad rural y mejor nutrición.

El jefe de difusión de la acuicultura del CIFA, Dr. Radheyshyam (izquierda), asesora al piscicultor Nrushingh Charan Panda para hacer un criadero de peces

El Instituto Central de Acuicultura de Agua Dulce (CIFA), en el Estado de Orissa, al oriente de la India, es el centro de este tipo más grande del país y ha obtenido resultados sobresalientes en la cría de carpas en estanques experimentales: de 10 a 15 toneladas anuales por hectárea. Pero el granjero medio de la aldea, aunque utilice jaramugos buenos y fertilice el estanque con desechos domésticos, apenas obtiene entre 2 y 3 toneladas por hectárea al año. Uno de los retos más grandes para el fomento agrícola consiste en superar este tipo de brecha de la producción.

La frondosa planicie costera que se extiende desde el amplio complejo de estanques y laboratorios del Instituto hasta la Bahía de Bengala, a 60 kilómetros de distancia, está salpicada de aldeas. Una de ellas se llama Sarakana y ahí viven 407 familias campesinas con una población de 3 500 habitantes.

En 1986, un enfadado campesino de Sarakana llegó a las oficinas del Dr. Radheyshyam, jefe de capacitación y difusión del CIFA. El campesino había dotado un estanque de pececillos adquiridos en el mercado, pero al ir a pescarlos ya no había nada. Se sentía engañado.

"Le pregunté si estaba seguro de que no hubiera nada en el estanque. Sospechaba lo que había sucedido -explica Radheyshyam-. Fuimos a su aldea y puse algo en el estanque para eliminar a los depredadores que pudiera haber por ahí. Al rato, un pez depredador flotaba en la superficie. Nadie le había dicho al campesino que tenía que preparar cuidadosamente su estanque antes de surtirlo. Los depredadores, ocultos en el lodo del fondo del estanque habían salido para comerse sus crías".

Con la ayuda de Radheyshyam, ese campesino y un socio suyo se dedicaron a la piscicultura con un método científico. Diez años más tarde Sarakana produce pescado y, lo más importante para ese distrito, proporciona alevines de calidad a los nuevos piscicultores de las aldeas cercanas, a la vez que asesoría en piscicultura.

"No le vendo a los malos piscicultores -explica Nrushingh Charan Panda mediante un intérprete-. Si no preparan bien sus estanques, se mueren los pececillos. Luego me echan a mí la culpa y dicen que les vendo crías de mala calidad". Los socios, encargados de 11 estanques, han construido un tanque de cemento para criadero y afirman que todos los días llegan entre 10 y 15 clientes a comprar alevines.

En Sarakana, Nrushingh le ha dado trabajo a toda su familia. Su mujer y sus hermanas se ocupan de la alimentación complementaria, el abono, la extracción y venta de alevines. Sus hijos y sus sobrinos hacen el trabajo más pesado, como pescar. Además la gente de la aldea hoy tiene un mejor régimen alimenticio. "Ahora comemos pescado tres veces por semana. Antes lo consumíamos sólo una vez al mes. Cuando hay un matrimonio en la zona, vendemos mucho pescado", afirmó el campesino, descansando al lado de uno de sus estanques.

El Instituto, fundado con abundante ayuda de la FAO, cuenta con que muchos otros piscicultores, como los de Sarakana, difundan entre otros campesinos la tecnología eficaz y demostrada de la acuicultura.

20 de agosto de 1998  

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