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Guardias naturales para los cultivos en Africa

Lanzar a los depredadores naturales contra las plagas devoradoras de cultivos y dejarlos atacar para proteger las cosechas es una acción que ha tenido éxito en Asia ya desde hace tiempo. Indonesia y las Filipinas vienen a la mente. Pero ahora los grandes promotores de este enfoque, inclusive la FAO, están mirando hacia el rumbo de Africa.

El manejo integrado de plagas (MIP), que también comprende diversos métodos de protección vegetal, como rotación de cultivos y utilización de variedades resistentes a las plagas, se introdujo con éxito en Africa a fines de los años 70. Sudán redujo a la mitad el uso de insecticidas para el algodón y luego comenzó a utilizar una avispa que combatió con éxito espectacular la cochinilla en la franja donde se cultiva la mandioca.

Ghana ha establecido medidas de control para la importación de plaguicidas

 

En los últimos años se ha recobrado impulso. Ghana ha lanzado el MIP como estrategia nacional de protección de los cultivos, que comprende medidas de control sobre la importación de plaguicidas químicos. En los demás países, como Burkina Faso, Cote d'Ivoire y Kenya, cuyos extensionistas han ido recientemente a Filipinas a recibir capacitación, se han tomado medidas para la adopción del MIP.

"Los agricultores africanos están tan contentos como los de Asia de experimentar con plagas naturales -explica el especialista de la FAO Peter Kenmore-. Hay una tradición de innovación local que a menudo no se toma en cuenta, pero tiene muchas posibilidades".

Las novedades que se están dando en Africa le deben mucho al éxito de Asia. Los productores de arroz asiáticos han logrado ahorrar por hectárea gracias al MIP grandes sumas que pueden depositarse en los bancos. Junto con las modificaciones normativas introducidas, los gobiernos de esos países han ahorrado cantidades multimillonarias de dólares. Se calcula que las autoridades de Indonesia ahorraron 120 millones de dólares EE.UU. en los dos primeros años tras la adopción del MIP como estrategia nacional.

En conjunto, se trata de un gran estímulo que trasciende las fronteras. Los donadores y los científicos de la agricultura por igual han difundido este mensaje, pero la creación de proyectos se ha demorado. Y es inevitable que así sea. En parte porque el MIP se desarrolló velozmente en Asia en respuesta a los problemas de producción de la revolución verde. En los años 60 y 70 el uso de semillas mejoradas, fertilizantes químicos, plaguicidas y agua en abundancia incrementó extraordinariamente las cosechas. Pero al mismo tiempo, conforme plaguicidas innecesarios alteraron el orden biológico, fueron llegando la cigarrita del arroz y otros bichos.

Las cosechas de arroz han aumentado enormemente gracias al MIP

 

Esa cigarrita sembró destrucción. Y la aspersión de plaguicidas químicos costosos sólo empeoró la situación. Otros depredadores, como las arañas -puede haber cientos de diferentes especies de insectos en una hectárea de arroz-, que hubieran podido acabar con las cigarritas, fueron eliminados, a la vez que aumentaba la resistencia de la población de especies destructoras.

Se inició la búsqueda de métodos más sostenibles. Defender el equilibrio natural entre plagas y depredadores -a fines de los años 50 comenzaron las actividades que condujeron a la versión inicial del MIP-, así como otros métodos de lucha contra las plagas, como utilización de variedades resistentes, parecieron métodos pertinentes.

El éxito del MIP se dio en Indonesia en 1986-87, al adoptarse como estrategia nacional de protección de los cultivos, a la vez que por decreto presidencial se prohibió el uso de 57 plaguicidas. Esto sucedió después de un brote de cigarritas del arroz que dañó gravemente la cosecha nacional de este cereal e hizo sonar la alarma política del país.

Con todo, tuvo igual importancia la introducción de los centros de capacitación locales para agricultores que permitieron a los campesinos contribuir con su conocimiento autóctono del combate natural contra las plagas al enriquecimiento del MIP. Pronto demostró tratarse de un método efectivo en función de los costos, idóneo para otras regiones del mundo, Africa en particular, continente ignorado en gran medida por la revolución verde y que carecía de los múltiples servicios de extensión agrícola existentes en Asia.

Tiempo después, la Reunión Mundial de MIP celebrada en la FAO en 1993 funcionó como estímulo. Los científicos africanos especializados en protección fitosanitaria así como los encargados de elaborar medidas sectoriales, se interesaron en la experiencia del MIP aplicado en Asia. "Funciona bien, hay que llevarlo a Africa", fue el clamor colectivo, explica Sulayman M'Boob, de la FAO. Los delegados volvieron a sus países para instalar el marco de las iniciativas panafricanas del MIP y se inició la expansión de este método.

Los centros de capacitación locales aprovechan la experiencia de los campesinos

 

Lo que suscitó más interés en las estrategias del MIP fue el uso creciente de plaguicidas en la producción comercial de cultivos, y la gran necesidad de intensificar la producción en un medio internacional que desaprueba los subsidios a gran escala.

Como en el caso de Ghana. En este país está aumentando el consumo de arroz a mayor velocidad que el de cualquier otro alimento básico, pero entre la producción nacional y la demanda hay una distancia enorme. La FAO calcula que a la vuelta del siglo las importaciones de arroz para esta subregión ascenderán a más de 800 millones de dólares EE.UU. de valiosas divisas. Así pues, el MIP, de aplicarse correctamente, ofrece muchas posibilidades de obtener mejores cosechas y ahorrar divisas.

Pero hay muchos obstáculos en el camino. En el caso de Asia, la región ya había recibido durante más de 15 años financiamiento de los donadores. Esto contribuyó a crear servicios de extensión y especialización agrícola que llegaron directamente a los pueblos. "Hoy en día es mucho más difícil encontrar financiamiento para MIP, y sin esos fondos se detendrá toda actividad", explica Gerardus Schulten, director del grupo de la FAO especialista en MIP.

Una posible respuesta sería buscar en el sector privado la inversión futura. Las principales empresas químicas han declarado su apoyo al MIP, que permite utilizar plaguicidas químicos sólo en caso estricto de "necesidad". Pero el verdadero peligro está en que si ellas llegan a participar, tienen poder para modificar los programas y las estrategias de acuerdo a sus propios intereses de aumentar al máximo sus ventas de plaguicidas.

Todos los días se ve en el campo a los distribuidores de plaguicidas químicos promoviendo sus productos. A través de redes muy amplias ofrecen muestras e incentivos para inducir a los campesinos y a los funcionarios públicos a comprar insecticidas. Y no es un fenómeno asiático nada más. Por otra parte, el gasto de grandes sumas de los ingresos públicos en plaguicidas gana muchos amigos y favores. Y para muchos países, comprendidos los de Africa, esto puede frenar el acercamiento a las estrategias del MIP.

Pese a estos problemas, especialistas como Peter Kenmore siguen muy convencidos. "Siempre hay defensores. Algunos pueden interesarse por meras razones técnicas, los políticos pueden incluir el MIP en sus programas para complacer a sus seguidores y ganar votos. Con un medio institucional un poco favorable, pueden marchar bien las cosas y concretarse".

Pero más que nada, Kenmore confía en los campesinos y en los centros de capacitación. "Es una experiencia liberadora crear en conjunto granjas de capacitación, los campesinos descubren el conocimiento. Entienden mejor las cosas y obtienen mejor control de sus campos". Y, más que nada, esto será la vanguardia natural del MIP.

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