Los agricultores se preparan para las condiciones extremas del clima conforme los efectos de El Niño golpean América Latina y Australia


En algunas zonas de los países de América Central y el Caribe, los agricultores han comenzado a contar sus pérdidas conforme recogen sus cosechas, afectadas por el clima seco y las elevadas temperaturas. En América del Sur, las lluvias más abundantes que de costumbre han inundado los campos, sobre todo los de las zonas costeras, dañando en consecuencia los cultivos y la infraestructura. Tanto el grave clima seco como las inundaciones se asocian al fenómeno conocido como El Niño, un calentamiento de las aguas superficiales en las zonas central y oriental del Océano Pacífico cerca de la costa peruana, que afecta la circulación atmosférica en todo el mundo (ver recuadro).

Repercusiones mundiales del calor producido por El Niño en el clima. A la izquierda, las consecuencias de este fenómeno en el invierno del hemisferio norte (de octubre a marzo) y, a la derecha, sus consecuencias de abril a septiembre. Estas consecuencias no se presentan necesariamente al mismo tiempo que el calentamiento del Pacifico. La D indica sequía, la R indica lluvias extraordinariamente voluminosas (no son extraordinarias por su intensidad) y la W indica períodos de calor desacostumbrado.

Las condiciones climáticas extremas desencadenadas por El Niño pueden ser benéficas. Por ejemplo, se piensa que suprimen los huracanes en el Atlántico, y para las zonas áridas son benéficas las “inundaciones” que riegan los cultivos y reponen las reservas hídricas. Pero sus consecuencias en la agricultura, la pesca y la seguridad alimentaria a menudo son desastrosas.

El Niño se ha asociado con la sequía no sólo en algunas partes de América Latina, sino también en el sudeste de Africa, en el Sur de Asia , en Indonesia y en Australia. También se ha asociado con una acusada reducción de las reservas pesqueras, inclusive con el colapso en 1972 de la pesca más grande del mundo, la de anchoveta peruana. El Niño de 1982-83, el más fuerte del siglo en curso, se calcula que haya causado más de 10 mil millones de dólares EE.UU. de daños relacionados con el clima en todo el mundo. Según todos los indicadores, El Niño que está formándose ahora parece que será igualmente grave.

Las autoridades de diversos países latinoamericanos han declarado el estado de urgencia que permitiría adoptar las medidas necesarias para ayudar a mitigar el posible daño causado por El Niño a la producción agrícola. Las lluvias abundantes y las inundaciones han afectado a algunos países de Centroamérica, en particular a Costa Rica, mientras que otros países, por el contrario, han informado de temperaturas extraordinariamente elevadas, clima seco y pérdidas localizadas de cultivos. Las repercusiones de El Niño se han dejado sentir hasta el momento hasta el oriente y el sur de Australia, donde meses de clima seco y caliente han dañado las cosechas de invierno y han hecho bajar mucho el rendimiento de la leche (ver Información sobre el sector Lechero).

El Niño de ahora es uno de los más fuertes de que se tenga noticia en esta época del año, según los autores de la nueva nota de la FAO “An El Niño - Southern Oscillation Primer”. La mayor parte de los indicadores señalan que culminará antes de fines de año.

Informe especial sobre las consecuencias del Niño en América Latina

Desde marzo del año en curso se han observado en extensas zonas del Pacífico temperaturas de la superficie marítima anormalmente elevadas, según un Informe especial reciente del Sistema Mundial de Información y Alerta de la FAO (SMIA). Este sistema ha estado supervisando con mucha atención las consecuencias en la agricultura de la irregularidad del clima que se atribuye al Niño durante los meses pasados y ha estado estudiando el impacto en la situación del suministro de alimentos en diversas partes del mundo. El primer informe de una serie regional es sobre el impacto del Niño en la producción agrícola de América Latina, tal vez la región más vulnerable a los efectos de este fenómeno.

“El impacto general del Niño en los cultivos en América Latina no es alarmante por el momento”, afirma el informe especial. Destaca que a estas alturas no se han establecido nexos inmediatos entre El Niño y las variaciones de la producción agrícola, aunque la situación de Centroamérica debería observarse atentamente ya que los cultivos de la temporada corta de esa subregión son muy vulnerables a las variaciones drásticas del clima.

Hasta el momento, el clima más caluroso de este año y el inicio prematuro de la estación seca han hecho reducir los principales cultivos de temporada en algunas partes de Centroamérica. Se prevé que las consecuencias más intensas se presentarán de diciembre a marzo, temporada que coincide con la carestía de granos. Sin embargo, la irregularidad del clima en esos momentos podría afectar también a los cultivos de café -importante fuente de divisas- que estará en la crítica etapa de floración.

Mientras tanto, en América del Sur, las repercusiones más fuertes del Niño se prevén también para fines de año, coincidiendo con la siembra de los cultivos de cereales de la principal temporada de 1998 y la cosecha del trigo de 1997, en las partes más al sur de la región. En vista de los graves daños causados por El Niño en 1982/83 y como los indicadores actuales señalan que el fenómeno será aun más intenso este año, algunos países sudamericanos, entre ellos Bolivia, Ecuador y Perú, han declarado el estado de urgencia en zonas que probablemente se verán afectadas por las condiciones climáticas extremas. El gobierno de Perú ya ha apartado 19 millones de dólares EE.UU. de ayuda de urgencia para hacerse cargo del posible desastre. Los fondos de urgencia se han asignado para obras públicas y para reforzar la infraestructura agrícola, como limpiar y reparar los canales de riego, mantener el control de los depósitos de agua y fortalecer los puentes, en caso de que ocurriera lo peor.

Se espera que también se dejen sentir las consecuencias del Niño en muchas otras partes del mundo durante el año próximo. Se prevé que aumente el riesgo de una sequía grave en Australia, la India, el noreste de Brasil y el sur de Africa, así como la cantidad de incendios forestales en Indonesia.

En Australia hay mucha preocupación por las condiciones de sequía relacionadas con El Niño que prevalecen en muchas partes del país desde principios de año, con la consecuente caída de la producción de leche. Según el último ejemplar del Dairy Outlook de la FAO, la producción de leche se redujo hasta un 18% en muchas zonas, y las previsiones señalan que las malas condiciones pluviales probablemente persistirán en la mayor parte de Queensland y se pronunciarán todavía más conforme avance el año. En 1983, miles de cabezas de ganado se destruyeron en Australia porque no había cereales para alimentarlas.

El informe hace énfasis en la necesidad de crear soluciones a largo plazo

“Sería un planteamiento demasiado estrecho elaborar una estrategia que sólo se ocupara de reaccionar contra El Niño”, advierte la nota de la FAO. “La discusión en marcha sobre cómo responder al Niño sólo sirve si conduce a soluciones a largo plazo”. El informe hace hincapié en la necesidad de crear mecanismos de respuesta en diferentes niveles, desde el nacional hasta el local, para reaccionar ante las previsiones del tiempo con 24 horas o hasta una semana de adelanto, así como a las previsiones climáticas a más largo plazo. No importa si se trata que el factor extremo sea El Niño o cualquier otra causa.

Según el informe, la estrategia adecuada incorporaría los siguientes puntos: 

  • los servicios meteorológicos nacionales deberían mejorar su capacidad de ofrecer previsiones regionales por temporada para las principales zonas agrícolas, que incluyeran probabilidades realistas y fiables; 
  • los institutos de investigación agrícola nacionales deberían crear instrumentos de decisión o simulación para evaluar las consecuencias del Niño en los sistemas agrícolas y en la infraestructura, de modo que se puedan tomar decisiones adecuadas de gestión, que incorporen consideraciones económicas; 
  • las repercusiones del clima en la agricultura deberían considerarse tanto desde el punto de vista de las oportunidades que ofrecen como el de mitigar las pérdidas. 
22 de septiembre de 1997

Más información: 

 
El Niño: el fenómeno
 

El Niño (se refiere al Niño Jesús), es el nombre que los pescadores peruanos le dan al calentamiento de las aguas superficiales del Océano Pacífico que tiende a verificarse cerca de la Navidad. Se trata de un fenómeno natural recurrente con ciclos más o menos regulares (en promedio cada cuatro o cinco años). El Niño afecta al Pacífico desde Perú hasta Indonesia. El calentamiento local del océano más grande del mundo también produce repercusiones en la circulación atmosférica mundial de los vientos y las corrientes.
Aunque algunos de sus efectos puedan ser benéficos, el fenómeno es más conocido por los estragos que es capaz de causar; pueden perderse las cosechas, reducirse la pesca y peligrar los ecosistemas oceánicos, lo que constituye una amenaza para la seguridad alimentaria en muchas regiones. La perturbación puede producir sequías en el sur de Africa, en partes de la India, en Indonesia, Australia y en ciertas regiones del continente americano, inundaciones en Kenya, Argentina y en los Estados Unidos, monzones erráticos en el sur de Asia y temperaturas en extremo elevadas en Japón y en algunas regiones de Canadá.
Aunque el calentamiento del agua puede durar de 12 meses a 5 años, un desfase entre el fenómeno mismo y muchas de sus consecuencias climáticas más importantes significa que las repercusiones son a largo plazo. El intenso El Niño de 1982-83 devastó a más de 15 países. 
El Niño de este año -originalmente citado como el más fuerte del siglo, por la época del año- ahora se está debilitando y se dice que ha sido el más fuerte desde principios de la década de 1950. Cada vez más expertos han criticado la información de prensa y la interpretación de las predicciones científicas del Niño en curso, calificándolas de alarmistas. El agrometeorólogo de la FAO René Gommes, afirma “Es importante no restar importancia a los riesgos, pero también recordar que han habido "El Niño" sin que hubiera catástrofes y que han habido catástrofes sin El Niño”. Regresar al artículo

 
 

 
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