El Niño sigue perjudicando la producción agrícola en América Latina


Los agricultores de América Latina y los gobiernos de la región siguen batallando contra las condiciones extremas del clima asociadas al fenómeno El Niño, según un Informe especial presentado en febrero por el Sistema Mundial de Información y Alerta sobre la Alimentación y la Agricultura, de la FAO, (SMIA). Se ha denominado El Niño el calentamiento periódico de las aguas del Océano Pacífico en la zona del Perú, que afecta las pautas del clima de todo el mundo.

En muchas partes de América Latina, inundaciones catastróficas han dañado las cosechas, la infraestructura y las propiedades, mientras que en otras zonas se ha presentado una grave sequía. Muchos gobiernos han declarado el estado de excepción y han solicitado ayuda internacional. El informe advierte que los países de la región tal vez necesiten importar cantidades considerablemente mayores de granos en 1997-98, que los 30 millones de toneladas del año agrícola anterior.

 

El índice de la oscilación meridional (SOI) indica la fuerza del fenómeno El Niño. Mide la distancia respecto a las condiciones normales (con valor de cero) de la diferencia de la presión atmosférica entre Tahiti y Darwin, Australia. Los valores negativos considerables se atribuyen a El Niño. Las cifras del SOI muestran que El Niño alcanzó un máximo extraordinariamente alto y prematuro entre marzo y junio de 1997, pero en general ha seguido las mismas pautas que el fenómeno de 1982-83.

Ha sufrido daños la agricultura de subsistencia tanto como la comercial en toda la región. En América Central, la sequía ha sido el principal problema asociado a El Niño. La falta de lluvias ha mermado gravemente las cosechas de arroz, maíz, café, tabaco, plátanos, frijoles, yuca y muchos otros productos alimentarios. Se teme que también se vaya a reducir la siembra de cultivos del primer ciclo agrícola, que en casi todos los países debería iniciarse en marzo. El sector ganadero también se ha visto gravemente perjudicado por la sequía, a causa de los daños que han sufrido los pastizales.

Más al sur, en gran parte de Sudamérica, el problema no ha sido que haya llovido poco, sino demasiado. Aunque se prevé que las abundantes lluvias produzcan cosechas copiosas en Argentina, las inundaciones están sembrando el caos en otros países. Al mismo tiempo, la sequía está causando muchos daños en las zonas noroeste y central de esta subregión.

Las temperaturas de las aguas superficiales durante el actual fenómeno de El Niño subieron extraordinariamente de junio a agosto de 1997, pero disminuyeron hacia fines de año y eso hizo pensar a algunas personas que estaba por terminar el fenómeno. Sin embargo, los especialistas en meteorología afirman que parece estar cobrando fuerzas de nuevo. En febrero El Niño se mantuvo estable en los niveles elevados de enero que, sin embargo, fueron ligeramente inferiores que los de 1982-83, cuando alcanzaron cifras sin precedentes.

"Es muy difícil precisar en esta ocasión cómo va a evolucionar la situación -afirmó el agrometeorólogo de la FAO René Gommes-. Aunque no se han dado todos los efectos previstos -no se ha iniciado la tan temida sequía en el sur de África-, tanto los agricultores como las autoridades de los países deberían seguir preparándose para las condiciones extremas de clima asociadas con El Niño".

11 de marzo de 1998

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