El desempleo se traduce en miseria y muerte para los elefantes de AsiaDesde hace más de 4000 años los elefantes de Asia han sido
capturados, domesticados y puestos al servicio del hombre. El elefante, el animal más
grande que haya domado el ser humano, ocupa un sitio especial en la imaginación colectiva
como gigante delicado, obediente e inteligente. Tradicionalmente, casi todos los elefantes
domesticados se han utilizado como transporte de personas y de bienes. Pese a su volumen,
los elefantes se desempeñan mucho mejor en los terrenos montañosos que los caballos, y
también avanzan con más facilidad entre el lodo y las marismas que serían muy
difíciles para otras especies.
Pero una nueva publicación de la FAO afirma que casi en toda el Asia Meridional y del Sudeste, el elefante está atravesando una crisis profunda pero todavía sin reconocer. La población de elefantes se ha reducido de cientos de miles a apenas 16 mil elefantes en 11 países, y siguen desapareciendo velozmente. Gone astray: the care and management of the Asian elephant in domesticity es obra de Richard C. Lair, que ha vivido con los elefantes domesticados y los ha estudiado durante 20 años. La deforestación deja a los elefantes sin morada y sin trabajoEl progreso es la razón fundamental del problema de los elefantes. El desarrollo acelerado ha producido una enorme deforestación. Esto destruye el hábitat de los elefantes salvajes y también de los domesticados, y deja sin empleo a los propietarios de estos animales, ya que la tala de árboles se ha convertido en la principal ocupación de los elefantes que trabajan hoy en día. Desgraciadamente "más que un retiro pacífico, el quedarse sin utilidad de los elefantes en los países asiáticos que se están desarrollando aceleradamente... ha hecho disminuir su número y deteriorarse mucho las condiciones en que se los mantiene", dice en la obra citada. Los dueños tradicionales de elefantes ya no quieren tenerlos cuando dejan de servirles como medio de subsistencia. Las personas ricas pueden tener elefantes como símbolo de su elevada condición social, sin que tengan utilidad alguna pero también sin saber cómo cuidarlos, o pueden pasar a la industria del turismo. Los domadores poco expertos causan la muerte de elefantes y personasLa amenaza más terrible para los elefantes es el rápido deterioro de
la calidad de los domadores que se ocupan de cuidarlos y controlarlos. Muchos criadores
tradicionales han abandonado esta ocupación y sus hijos con frecuencia eligen otras
ocupaciones.
Para formar a un domador de elefantes maestro se requieren 20 años de trabajo. Pero cada vez más a menudo los domadores son jóvenes sin experiencia. Esto ha hecho morir a muchos hombres y también a muchos elefantes, muertos por la falta de un domador experto capaz de controlarlos. El máximo veterinario de elefantes de Tailandia, el Dr. Preecha Phongkum, opina que mueren unos 200 domadores al año sólo en su país, aunque apenas se informa a las autoridades de la muerte de unos 50 de ellos. En Myanmar los elefantes viven como antesEn la obra citada se describe la situación de los elefantes domésticos en 11 países asiáticos, y en Occidente. Sólo en Myanmar los elefantes siguen viviendo como en los viejos tiempos, porque cuentan con selvas frondosas que les proporcionan alimento y trabajo. Un grupo de criadores tradicionales, casi todos autóctonos, mantienen a muchos elefantes al estilo antiguo. El aspecto negativo de esta situación es que en ese país se explota mucho a los elefantes, aunque la Empresa Maderera de Myanmar, propietaria de la mitad de los seis mil elefantes del país, ha comenzado a aplicar algunas medidas modernas de conservación. En Indonesia prevalece una singular situación. Desde fines del decenio de 1950, el gobierno reubicó a millones de campesinos pobres que practicaban el método de roza y quema en Sumatra. La explosión demográfica expulsó a los elefantes de sus selvas cada vez más pequeñas, y comenzaron a saquear los cultivos y, en ocasiones, a matar personas. Se calcula que los elefantes salvajes aumentaron de menos de 300 a más de cuatro mil. Por último, el gobierno se vio obligado a atrapar algunos elefantes. El problema fue que Indonesia había perdido la tradición del cuidado de elefantes quizá hacía unos 80 años y no tenía un solo domador. En 1986, el ministerio de asuntos forestales de Indonesia importó dos elefantes y cuatro domadores de Tailandia. Para 1996 se había atrapado unos 600 elefantes silvestres y se prevé capturar otros 900 para el año 2001. El gobierno es propietario y se hace cargo de casi todos los elefantes, muy pocos de los cuales trabajan y producen ingresos. En Tailandia actualmente está disminuyendo constantemente la población de elefantes domesticados. En 1994, según las estadísticas nacionales, Tailandia tenía unos 3 565 elefantes domesticados, cifra considerablemente inferior en comparación con los 5 232 ejemplares censados en 1980. A principios de siglo, quizá el 90 por ciento de Tailandia estaba cubierta de selvas con gran densidad de copas. Actualmente ese país tiene menos de 15 por ciento de bosques naturales y se han talado sus árboles más valiosos por sus maderas. Desde una prohibición establecida en 1990 contra la tala de árboles, la única actividad maderera consiste en desplazar troncos talados ilegalmente, tarea brutal que según un experto utiliza a entre mil y 1 500 elefantes. La tala ilegal ha obligado a muchos escrupulosos propietarios de elefantes a vender sus ejemplares, muchos de los cuales han caído en manos de los "empresarios" sin escrúpulos que no aman a los elefantes. Hay muchos accidentes y están bien documentados los casos de elefantes a los que se suministran anfetaminas para que trabajen más. (Véase Tribulaciones de lo elefantes domesticados de Tailandia) En Gone Astray se exponen las obvias medidas iniciales de conservación: mejorar las leyes, realizar registros más completos y detallados, y ofrecer atención veterinaria de prevención para la mayor cantidad posible de elefantes. Lair hace hincapié en que "El mayor obstáculo para un cuidado y conservación efectivos es la falta absoluta de información, de modo que el primer objetivo ha de ser recopilar enérgicamente información para conocer el alcance y la verdadera índole de la crisis". Ud. puede obtener ejemplares de Gone Astray enviando un fax al Sr. M. Kashio, al (662) 280-0445, o escribiéndole a FAO Regional Office for Asia and the Pacific, Maliwan Mansion, 39 Phra Atit Road, Bangkok 12000, Tailandia. Es posible comunicarse con el autor, Richard Lair, al teléfono (66-2) 251-7640 o por correo electrónico a RLAIR@LOXINFO.CO.TH 30 de diciembre de 1998 Más información:
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