Alimentos y combustibles en un mundo más caliente


La agricultura, víctima y villano del cambio climático, es la clave del debate sobre cómo atenderlo

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Tierras agrícolas anegadas en Bangladesh tras las tormentas. El cambio climático puede acarrear acontecimientos meteorológicos extremos. (FAO/9367/T. Page)

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Los científicos discrepan sobre el alcance, es más, aun sobre la existencia misma del cambio climático. Pero hay un gran consenso en que las actividades humanas repercuten en el clima, que las temperaturas medias aumentarán 1° C para 2030, y que esto repercutiría considerqablemente en la agricultura.

El aumento de temperatura incrementará la evaporación del agua de las plantas y el suelo, agravará los problemas de agua que ya padecen muchos de los países de clima más cálido (y más pobres). En algunas partes pueden propagarse las plagas y las enfermedades de la fauna y la flora, así como las de las personas, que ya sufren las poblaciones rurales. Los ciclones podrían intensificarse, en perjuicio de las comunidades de pescadores de las costas.

Las pautas del aumento de la temperatura son tan inciertas como su alcance. El aumento de la temperatura probablemente no sea uniforme, ni aun regionalmente. Por ejemplo, en el norte de Europa. Gran parte de esta región tendrá un clima más benigno y una estación agrícola más prolongada, pero los países que hoy beneficia la Corriente del Golfo, de aguas tibias que llegan del Caribe, pueden perder todo o parte de ese beneficio ya que la modificación de la temperatura del agua puede interferir con los mecanismos que controlan su curso. De modo que Irlanda, el Reino Unido y algunas partes de Francia podrían volverse más frías.

Las perspectivas del mundo en desarrollo son igual de imprecisas. En un estudio realizado en 1996 por la FAO sobre los efectos del cambio climático en la producción de cereales, en las mejores circunstancias posibles para 2060 habría 12 millones de personas menos en peligro de sufrir hambre, pero en las peores circunstancias habría 300 millones más de personas con hambre en el mundo.

Pero el calentamiento del planeta podría tener algunas repercusiones positivas. Lo curioso es que esto incumbe al bióxido de Carbono, o CO2, el más conocido de los gases de invernadero. Este gas promueve el crecimiento vegetal, ya que las plantas están formadas en parte de carbono.

En los últimos 100 años se ha duplicado la productividad agrícola, y entre el 10% y el 20% de este aumento puede obedecer al efecto positivo del bióxido de carbono en la agricultura. Esta circunstancia podría encubrir gran parte de los efectos negativos del cambio climático en la agricultura entre hoy y 2030. Las zonas templadas también gozarán de una temporada de cultivo más prolongada. La modificación de las temperaturas marinas pueden producir efectos imprevisibles en las pesquerías, y habrá nuevas plagas y enfermedades. Pese a todo, podría irle bien a los países templados.

Después de la reciente reunión celebrada en Marrakesh, ya puede entrar en vigor el Protocolo de Kyoto.
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Pero las verdaderas repercusiones se dejarán sentir en las zonas donde la producción de alimentos a menudo ya es marginal. La reducción más voluminosa de la producción de cereales se dará en los países en desarrollo, equivalente a alrededor del 10%, según el estudio de 1996. Este documento concluye que los países más perjudicados serán los más pobres, que tienen menos medios para hacerle frente a esta situación. Otros estudios más recientes sobre este tema confirman esta desalentadora perspectiva.

La agricultura ¿víctima o villano?

La agricultura misma es responsable de cerca de un tercio de las emisiones de gases de invernadero, casi todas de bióxido de Carbono, o CO2, el gas más importante del efecto de invernadero. A la agricultura compete determinar el volumen de este gas en la atmósfera.

Los vegetales eliminan el bióxido de carbono de la atmósfera y, a través de la fotosíntesis, lo transforman en su estado sólido, carbono, que forma gran parte de los vegetales. Desde el punto de vista del cambio climático, esto se llama secuestro de carbono. Otra forma de secuestro de carbono es enterrar el CO2 en el suelo, para reducir el efecto de invernadero. Pero al ararse las tierras, el bióxido de carbono se libera de nuevo a la atmósfera.

Las opciones son la agricultura de labranza cero y la agricultura de conservación, en las que se elimina el uso del arado. Los agricultores, en cambio, dejan los residuos de los cultivos en el suelo, para protegerlo del viento, promover la actividad biológica y producir materia orgánica. Estas técnicas reducen considerablemente la emisión de bióxido de carbono. En 2000, las emisiones mundiales de CO2, sin contar las emisiones naturales, fueron de casi 23 900 millones de toneladas. Las tierras agrícolas, con una gestión adecuada, podrían secuestrar entre 1 640 y 2 240 millones de toneladas de carbono. En los Estados Unidos, la utilización de mejores prácticas agrícolas podría secuestrar el equivalente al 10% del total de emisiones de carbono del país.

El "mecanismo para un desarrollo limpio" previsto en el Protocolo de Kyoto (ver el artículo adjunto) permite a los países más ricos compensar parte de sus emisiones mediante el financiamiento de un desarrollo "limpio" en los países menos ricos.

" La gestión sostenible de los bosques y las plantaciones, así como la agricultura de conservación serían buenas posibilidades -afirma Wulf Killman, Presidente del Grupo Interdepartamental de Trabajo sobre el Cambio Climático-. Es probable que la silvicultura sea de los principales beneficiarios del mecanismo para un desarrollo limpio. Los árboles almacenan mucho carbono, así como los productos de madera. Pero la agricultura también tiene potencial para el secuestro de carbono".

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El metano es un fuerte gas de invernadero y gran parte lo produce el ganado. Este proyecto en Viet Nam promovió la utilización de digestores de biogás, lo que permite a las familias campesinas utilizar el metano para cocinar. (FAO/20220/L. Dematteis)

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No sólo carbono

La agricultura también produce otros dos gases de invernadero:

  • El metano es un gas de invernadero mucho más fuerte que el bióxido de carbono, y el 40% del gas metano producido por el hombre procede de la agricultura. La descomposición de la materia orgánica en los arrozales acuáticos produce gran parte de este gas, aunque en los próximos años podría disminuir este volumen, gracias una mejor gestión de las variedades de arroz. Pero del 22% al 27% de las emisiones mundiales de metano proceden del ganado, mismas que se incrementarán.
  • El óxido nitroso procede de la descomposición del fertilizante y del estiércol y la orina del ganado. La agricultura produce el 80% de las emisiones de óxido nitroso producidas por el hombre. Esto puede reducirse con una aplicación más eficiente de los fertilizantes minerales.

La biomasa, tema incandescente

Pero la mayor parte de las emisiones de gases de invernadero procede de los combustibles fósiles que se queman, la mayor parte ajenos a la agricultura. Hasta el 20% del comsumo de combustibles fósiles podría sustituirse a corto plazo utilizando biomasa como combustible, y la agricultura y la silvicultura pueden producirla. "La biomasa es cualquier material orgánico, no fósil, de origen biológico, incluso los residuos de los cultivos y de la agricultura, madera y desechos animales -explica Gustavo Best, Secretario del Grupo Interdepartamental de Trabajo sobre el Cambio Climático-. La biomasa emite carbono al extraerle energía, pero al producir más biomasa, se secuestra el carbono y se convierte en materia vegetal. Lo mismo pasa, en teoría, con los combustibles fósiles, sólo que hay que esperar unos millones de años".

La energía de biomasa ya está con nosotros. En Brasil, seis millones de automóviles funcionan parcialmente con alcohol de caña. China ya tiene 10 millones de digestores de estiércol, que proporcionan un combustible limpio para cocinar y fertilizante orgánico. Los combustibles de madera proporcionan el 6% de la energía primaria del mundo, y en los países en desarrollo más del 60%. Las variedades de pastos de rápido crecimiento, las oleaginosas y los residuos agrícolas tienen un gran potencial. El mecanismo para un desarrollo limpio del Protocolo de Kyoto podría alentarlo.

La agricultura contribuye al cambio climático, pero con la tecnología disponible sería posible colocar a la agricultura del lado positivo del balance del cambio climático. El reto consiste en lograrlo.

4 de diciembre de 2001

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