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¿Puede combatirse el hambre con huertos en las azoteas?
Aminata Diop atiende su
microhuerto Aminata Diop, de 30 años de edad, va y viene apresuradamente entre recipientes elevados de tomates, lechuga, frijol y calabazas instalados en la azotea de la casa de sus padres, en un suburbio de Dakar. Las plantas no crecen en la tierra sino en recipientes con agua dotada de los nutrientes necesarios. Se sostienen con una mezcla de grava y cáscaras de cacahuete o mediante perforaciones en placas de espuma de poliestireno, que flotan en el agua de la bandeja. La Sra. Diop aprendió a establecer y atender su microhuerto en un curso de capacitación para campesinos de cinco días de duración realizado por la FAO. Una caja de un metro cuadrado sostenida en una base de madera, con un costo de construcción de alrededor de siete dólares EE UU, puede producir de 40 a 50 kilogramos de tomates al año. El vivero del proyecto proporcionó las plántulas. "Los vecinos están impresionados de cuántos alimentos obtenemos con este sistema -afirma-. Y son alimentos buenos y limpios, que no han pisado los animales, como hubiera ocurrido si hubiéramos cultivado hortalizas en los lotes vacíos del barrio. Es cierto que hay que comprar la solución de nutrientes, pero la familia economiza en la compra de alimentos", añade. Ngouda Ba, experto técnico de la FAO a cargo del proyecto de los microhuertos, explica que los sitios de demostración están marchando bien en cinco lugares de Dakar, ciudad con dos millones y medio de habitantes. Señala que gracias al alcance internacional de la FAO, el proyecto se inició el año pasado con un experto colombiano en microhuertos que acudió para ayudar a los senegaleses a establecer el programa. "Ahora estamos formulando una estrategia para difundir esta simple tecnología más allá de los sitios experimentales de Dakar", explica. El sistema de microhuertos no daña el medio ambiento porque utiliza materiales reciclados y no malgasta el agua. En un espacio que de otra forma quedaría sin aprovechar se producen alimentos que contribuyen a la nutrición familiar y ofrecen algunos ingresos adicionales. Los expertos afirman que los huertos pueden producir mejores ingresos que los de la mano de obra ocasional. Las investigaciones de la FAO han demostrado que los consumidores pobres de las ciudades gastan del 60% al 80% de sus ingresos en alimentos, lo que los expone particularmente a las alzas de los precios de los alimentos. Como está previsto que para el año 2005 viva en ciudades más de la mitad de la población mundial, asegurar un suministro regular de alimentos inocuos y económicamente accesibles será una de las principales cuestiones de la seguridad alimentaria del futuro. 14 de enero de 2002
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