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Nuevos instrumentos más eficaces
Para determinar las necesidades de ingestión de energía, primero hay que medir el gasto de la misma
Anteriormente, las necesidades de consumo de energía se fundaban en datos imprecisos del consumo de alimentos. Algunos sujetos informaban haber consumido menos alimentos de los considerados malos y más de los clasificados como buenos. Otros trataban de dar las respuestas que buscaban los investigadores. Y como las personas interrogadas no siempre tenían el peso ni el nivel de actividad óptimos, no tenía sentido utilizar esa información para elaborar las recomendaciones. Cuando se realizó la consulta de 1981, los
expertos en nutrición aceptaban un nuevo enfoque
basado en el gasto y no en la ingestión de
energía. Hoy el método estándar
consiste en basar el cálculo en la tasa del
metabolismo basal (TMB), que es el índice del consumo
de energía del cuerpo en reposo. Esta cifra se
combina con un cálculo de los niveles de actividad
física para determinar el gasto general de
energía. Pero hay ciertas limitaciones.
Los expertos se dieron cuenta de estas limitaciones hace 20 años y pidieron más inversión en investigación y la creación de nueva tecnología. Uno de los resultados es un refinado instrumento para calcular las necesidades de ingestión de calorías, llamado "método del agua" porque utiliza agua enriquecida con dos isótopos que funcionan como marcadores. En vez de medir el consumo de oxígeno para revelar el gasto de energía, como los métodos anteriores, esta técnica mide el índice de producción de bióxido de carbono. Los sujetos toman agua con los dos isótopos, uno que se expele en el bióxido de carbono exhalado y los líquidos del organismo, y el otro principalmente en éstos. Algunas semanas después, los científicos analizan la saliva y la orina del sujeto. Los técnicos pueden obtener una medida muy exacta de la producción de bióxido de carbono y, por lo tanto, del consumo de energía al determinar la diferencia en la velocidad con que ambos marcadores salen del cuerpo.
Este método tiene varias ventajas: no requiere que la persona objeto del estudio esté en reposo ni calcular su actividad física. Y como se mide la producción de bióxido de carbono durante varias semanas, se determina con mayor exactitud el consumo medio de energía. Desafortunadamente, por su alto costo y la necesidad de cierto nivel de capacitación técnica, queda por determinarse su idoneidad para los países en desarrollo. "Va a pasar mucho tiempo antes de que se difunda este método en los países en desarrollo", anticipa Barbara Burlingame, Oficial Superior de Nutrición. Con todo, su lugar entre los instrumentos de los expertos en nutrición está garantizado, dado que esta prueba ha ayudado mucho a entender el consumo de energía en los niños y a que gran parte de la población del mundo en desarrollo tiene menos de 15 de edad. 17 de enero de 2002
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