Las mujeres de Afganistán: núcleo oculto de un país devastado por la guerra

El derrocamiento de los talibán ofrece la oportunidad de ayudar al grupo menos visible de Afganistán: las campesinas


Durante décadas se ha pasado por alto a las mujeres afganas.
(PAM/Nina Berman)

Desde hace varios decenios las mujeres afganas han pasado inadvertidas, la guerra, las leyes y las costumbres vigentes las han despojado de sus derechos y oportunidades. Se les han negado los derechos humanos fundamentales, los servicios públicos más elementales y aun la ayuda para el desarrollo.

La eliminación del burka, la posibilidad de que las mujeres asistan a la escuela y el regreso de las mujeres instruidas a puestos de autoridad, como maestras, médicos y funcionarias del gobierno, es apenas la mitad de la lucha por restaurar la normalidad.

En un país en que el 85 por ciento de la población vive de la agricultura, las mujeres del medio rural son la clave de la lucha por la autosuficiencia y la democracia. Este sector nunca tuvo los derechos ni las oportunidades que sus hermanas de las ciudades perdieron en el régimen talibán.

La derrota de éste y el interés mundial sin precedentes en Afganistán brindan la oportunidad de reconocer en las mujeres la clave de la reconstrucción de este país.

Las mujeres: clave de la reconstrucción

En Afganistán existe una de las mayores concentraciones en todo el mundo de hogares encabezados por mujeres debido a la sequía, la guerra, las minas terrestres y la emigración por motivos económicos. El 60 por ciento de la población está compuesto por mujeres. En algunas familias, todos los hombres se han ido y las mujeres han quedado aisladas en una sociedad patriarcal tradicional. En otras familias los hombres han sucumbido a la drogadicción, problema cada vez mayor que merma todavía más la capacidad de las familias para subsistir.

Sin embargo, a lo largo de los decenios de crisis, las campesinas afganas han desempeñado una importante función en la subsistencia del país. Ellas se ocupan de la producción pecuaria, es decir, de la cría de los animales, así como de la producción de lácteos, de cereales, de la elaboración de la fruta y de la atención a las aves de corral. Aunque la mayoría son analfabetas, cuentan con conocimientos específicos de veterinaria que las ayudan a mantener sanos a sus animales y a proteger los ingresos y la alimentación de sus familias.

Las lecciones de la experiencia

"Es evidente que la economía afgana es rural, que está centrada en la familia y que las mujeres desempeñan una función fundamental. Hay que asegurar que estén a la vanguardia de la reconstrucción de Afganistán".

 

La FAO ha sido la principal organización agrícola en Afganistán desde 1994, dedicada sobre todo a la reproducción de semillas y a la sanidad pecuaria. La experiencia más importante procede de un programa conjunto de la FAO y el PNUD iniciado en 1995, para dar a las comunidades conocimientos y aptitudes para atender al ganado. Mediante la formación de técnicos veterinarios de sexo femenino en las comunidades, el programa se convirtió sin darse cuenta en catalizador de los esfuerzos por ayudar a las mujeres, en particular en materia de sanidad y producción animal.

"El propósito no era capacitar a las mujeres -explica Terence Barker, director del programa hasta 2000-. Pero pronto se hizo palpable que los sistemas de producción pecuaria a escala familiar estaban a cargo de las mujeres".

Pero como estaba prohibido que los veterinarios trataran con las campesinas, en 1996 el programa contrató a dos veterinarias que no habían podido ejercer su profesión debido a las tradiciones culturales. Fueron las primeras de 15 instructoras superiores, que pudieron capacitar a otras mujeres como auxiliares veterinarias.

 Hombres y mujeres aprenden juntos

El curso de capacitación se llevó a cabo en Pakistán a fin de poder capacitar juntos a los hombres y las mujeres. "Al principio, los hombres participantes no confiaban mucho en el proyecto -recuerda Barker-. Pero el planteamiento participativo exigía que se dieran cuenta de lo que significaba atender a los animales preñados y sus partos &endash;la importancia de lo cotidiano- y descubrieron que las mujeres, mujeres analfabetas, eran tan competentes como los hombres".

El programa aprovechó las concesiones de los talibán al personal médico femenino, que permitía a las mujeres trasladarse a las zonas rurales. "Nuestras veterinarias siempre llevaban vacunas y jeringas -relata Baker-. En las inspecciones en los retenes, mostraban las jeringas, decían que eran médicos y las dejaban pasar".

Este programa dio tan buenos resultados que diversificó sus actividades a la instalación de locales de incubación de aves de corral, y hacia actividades de hilado y tejido, y de instrucción en nutrición. Se capacitó a más de 3 000 mujeres en todo el país, y los talibán incluso le pidieron a Barker establecer en Kabul una clínica veterinaria atendida por mujeres. Pero los donantes no consideraron prioritario capacitar a las mujeres rurales, de modo que se redujo la financiación.

Un programa de la FAO preparó a mujeres como instructoras para capacitar a otras mujeres como auxiliares veterinarias.
(PAM/M. Win)

Sin embargo, sigue funcionado el programa de cría de aves de corral. Actualmente hay 40 instructoras trabajando con campesinas de 15 distritos de cinco provincias de Afganistán. "Ahora estamos dedicados a atender a las mujeres que están regresando a sus lugares de origen, a las viudas y a las personas indigentes -explica el Dr. Shaukat Safi, que supervisa la capacitación-. Pero ya podemos ampliar nuestras actividades".

El programa de fomento ganadero ha quedado contenido en la iniciativa Poverty Eradication and Community Empowerment (PEACE), que promueve el desarrollo desde las bases y la reconciliación.

Los derechos de las mujeres, fundamentales para un cambio verdadero

Los proyectos pecuarios, contenidos en el conjunto de Programa para las mujeres, fueron "un importante acontecimiento para la FAO en Afganistán", explica Sissel Ekaas, titular de la Dirección de Género y Población de la FAO. "Mediante el programa pecuario conocimos la importancia de las mujeres en las zonas rurales, y este conocimiento sienta las bases de otras actividades futuras".

Añade que con la devastación de la sociedad afgana las mujeres seguirán desempeñando una importante función en el desarrollo agrícola en el futuro. En realidad, conforme procede la reconstrucción, es probable que más hombres emigren a las zonas urbanas en busca de trabajo mejor remunerado, y las mujeres se queden en el campo.

La FAO está en una posición incomparable para aprovechar su experiencia y apoyar a las campesinas afganas con programas de reconstrucción y diversificación de la economía rural. Las Naciones Unidas están solicitando financiación para un amplio programa de reconstrucción del país. La FAO está coordinando las actividades de restablecimiento agrícola, con proyectos especiales para ayudar a las familias campesinas y a las familias nómadas a comprar ganado y cuidarlo.

"Estamos buscando 40 millones de dólares en 2002 para dar ayuda agrícola urgente y a más largo plazo -explica Anne Bauer, jefe de operaciones urgentes de la FAO y coordinadora de la Organización en lo relativo a Afganistán-. Pero hay que pasar rápidamente de la ayuda humanitaria al desarrollo a largo plazo. Es evidente que la economía afgana es rural, que está centrada en la familia y que las mujeres desempeñan una función fundamental. Hay que asegurar que estén a la vanguardia de la reconstrucción de Afganistán".

21 de enero de 2002

 

 Más información

Informes de las Naciones Unidas:

Artículos:

Otros sitios relacionados en Web

 

 


 Página inicial de la FAO 

 Búsquedas  

 

¿Sugerencias? Webmaster@fao.org

©FAO, 2002