Carne de caza, recurso en peligro

El comercio de animales salvajes es un peligro para las especies y priva de alimentos a las comunidades pobres


La carne de caza es una importante fuente de proteínas para las comunidades rurales
(TRAFFIC/Simon Milledge)

La próxima vez que usted vaya a comer a un restaurante en África y encuentre carne de caza en el menú, piénselo antes de pedir. Es posible que la carne que le sirvan sea de una presa de los cazadores comerciales, cuyas actividades están privando a las comunidades africanas de importantes recursos naturales y al mundo de elementos insustituibles de la biodiversidad.

"Además de la pérdida de hábitat, el comercio de carne de caza posiblemente sea el mayor peligro para los animales salvajes en África", explica Douglas Williamson, experto de la FAO en animales salvajes. La carne de estas especies procede de animales que viven en los bosques, desde gorilas hasta roedores.

Las devastadoras repercusiones del comercio de carne de caza se dejan sentir en todo el mundo, pero la paradoja de África es que en ese continente existen los niveles más elevados de inseguridad alimentaria a la vez que su biodiversidad es de la más abundante y vulnerable del planeta. En los medios marginales de este continente, lo que constituye un peligro para la vida silvestre también lo es para la seguridad alimentaria de la población. La cacería comercial priva a las poblaciones locales de alimentos muy importantes.

No sólo gorilas

Imágenes impresionantes de gorilas muertos han puesto de relieve la situación que prevalece en África Occidental, donde los bosques, ya agotados por la tala, tienen hoy menos especies de mamíferos grandes que las sabanas. Pero la vida silvestre de todo el continente corre peligro. "La muerte de lo que los ecologistas llaman animales 'carismáticos' obtiene publicidad -afirma Williamson-. Pero el incremento de la demanda de carne de caza y la disminución de las poblaciones de animales salvajes se traducen en un peligro también para otras especies de menor tamaño".

La fauna silvestre desempeña importantes funciones ecológicas en los ecosistemas boscosos. Las semillas de algunos árboles, por ejemplo, no germinan sin pasar primero por el sistema digestivo de los elefantes. En consecuencia, la extinción de las especies autóctonas puede modificar en forma imprevisible los ecosistemas.

"Las comunidades rurales viven de la carne de caza porque localmente es muy costoso obtener otros tipos de carne -explica Williamson-. Pero el crecimiento de la demanda en las ciudades está impulsando este comercio, y la moda urbana de la carne de caza se nutre de la pobreza rural. En pocas palabras, un hombre rico proporciona rifles y poco dinero a cazadores locales, y después se va a la ciudad con una fortuna en carne".

 

"En un incidente ocurrido en Mozambique, los cazadores comerciales mataron más presas en una noche de lo que consumió una aldea completa en un año. Pero no les importa, porque no viven ahí."

Otros productos y actividades forestales que producen ingresos también se ven en peligro por el comercio ilegal y en auge de la carne de caza, como las partes de animales utilizadas con fines medicinales y rituales, los safaris fotográficos y la cacería de trofeos, eje de la multimillonaria en dólares industria turística de África Oriental y Meridional.

Supervivencia de los más codiciosos

Las estadísticas del comercio de carne de caza son difíciles de recopilar porque esta actividad suele ser ilegal y algunos informes que llegan a producirse no son oficiales o son inexactos. Pero un informe de la FAO elaborado en 1997 cita cifras de más de 1,2 millones de toneladas de carne de caza (sin contar la de elefante) obtenida sólo en un mes en Nigeria. Y un estudio realizado en 2001 por TRAFFIC -organización dedicada a la vigilancia del comercio de animales salvajes- en el oriente y el sur de África revela que los cazadores comerciales llevan a cabo una abundante matanza que no está sujeta a reglamentos.

El incremento de la demanda y la disminución de las poblaciones de animales salvajes hacen insostenible la cacería. "El periodo en que más se caza es durante la estación seca, cuando es menos densa la vegetación y se facilita la cacería -explica Williamson-. En un incidente ocurrido en Mozambique, los cazadores comerciales mataron más presas en una noche de lo que consumió una aldea completa en un año. Pero a los cazadores comerciales no les importa, porque no viven ahí".

Por eso ha aumentado el comercio de carne de caza, añade. "Ahora compete al Estado la gestión de los animales salvajes, antes a cargo de los sistemas tradicionales de la comunidad -explica-. Así que nadie se siente dueño de los bosques y se considera "justo" que cace el primero que llegue o el que pueda pagar el soborno más cuantioso".

Sostenibilidad de la caza

La carne de caza es una industria enorme, pero muchos países en desarrollo no cuentan con la capacidad necesaria para cobrar impuestos o imponer reglamentos para la cacería, y el soborno a funcionarios nacionales y locales mal remunerados es un problema. Además, la protección de los animales salvajes en general se ha realizado a través de leyes punitivas y selectivas, orientadas a la protección de algunas especies selectas, sin tomar en cuenta las necesidades de las poblaciones humanas circundantes.

En los dos últimos decenios se han modificado estas actitudes y la FAO está ayudando a promover el diálogo entre las organizaciones dedicadas a la conservación del medio ambiente, la utilización comercial de los recursos forestales y el desarrollo rural. El pasado mes de septiembre la FAO copatrocinó en Camerún un seminario sobre carne de cacería, y está colaborando con otros organismos de las Naciones Unidas y organizaciones ecologistas para aplicar en África Occidental un importante proyecto para designar los bosques legado de la humanidad -zonas de valor insustituible que requieren protección internacional- y alentar la gestión de la vida salvaje por parte de la comunidad.

En esto estriba la clave para solucionar la crisis de la carne de caza, afirma Williamson. "Si las comunidades no se hacen cargo de administrar los recursos forestales, aumentará el peligro para los animales salvajes -prosigue-. Si las comunidades son las principales beneficiarias de esos recursos, tendrán el incentivo para administrarlos adecuadamente".

18 de febrero de 2002

 

Los residentes de la aldea de Riroda, de la República Unida de Tanzanía, tienen la responsabilidad total de su bosque desde 1995. Haga clic aquí para escuchar a Pascarina Omani y a sus vecinos hablar de las transformaciones que la propiedad colectiva de los recursos ha producido en su comunidad. (en inglés, 1,2 MB, 1mn, QuickTime)

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