![]() |
|
|
|||
| |
![]() |
|
|||
|
|
Recurrimos a las conmemoraciones y en general, a la historia, para encontrar inspiración pero sobretodo para reafirmar lealtades doctrinarias y éticas y para emprender nuevos caminos. Vano ejercicio sería que recurriéramos a éstas en un afán cosmético o en un ejercicio de rutina burocrática. Lo primero lleva al cinismo y a un ejercicio frívolo de la función pública. Lo segundo conduce a la parálisis y a una perspectiva sin futuro. En la esencia de toda propuesta ética -y la lucha contra el hambre evidentemente lo es- hay una combinación de libertad y justicia social que inscribe una consigna básica: cambiar para consolidar. No se trata de simular cambios, sino de reconocer que éstos no ocurren en el vacío sino que son producto de un determinado itinerario social que abreva de nuestros legados históricos. Los cambios cuando son profundos son siempre el riguroso producto de un conjunto de experiencias, voluntades y procesos que convergiendo en un momento determinado marcan el parteaguas de una época. A cinco años de efectuada la Cumbre, sabemos que no estamos avanzando a la velocidad requerida para reducir a la mitad la desnutrición en la que viven 826 millones de personas en todo el mundo. Hasta el momento, sólo hemos alcanzado una reducción de 39 millones, lo que representa una disminución anual de 6 millones. Debiera ser de 22. Aunque ciertos países han logrado progresos notables, otros en cambio han sufrido reveses, algunos de ellos graves. Al paso que vamos será difícil cumplir la meta para el año 2015 que nos propusimos en 1996 y refrendamos recientemente en el mes de junio. El incumplimiento en los objetivos de largo plazo se debe a diversos fenómenos: Uno de ellos, es cierto, es que los recursos con los que contamos son insuficientes. Pero otro es la falta de voluntad política. Estoy seguro que podemos alcanzar la meta de reducir la desnutrición en un 50% si hacemos de la Alianza Internacional contra el Hambre una realidad. Tal y como ésta fue planteada en la Cumbre Mundial de la Alimentación, Cinco Años Después, esta Alianza será posible si los gobiernos, los organismos de la sociedad civil, el sector privado y las organizaciones internacionales promovemos una acción coordinada que nos permita actuar como uno solo en busca de un objetivo común. En esta ocasión, la oficina Regional de la FAO para América Latina y el Caribe tiene el honor de recibir a don Patricio Aylwin, quien se ha caracterizado por su genuina preocupación frente al drama de la pobreza y la desigualdad y ha sido un decidido constructor de iniciativas internacionales para superar un problema que en la actualidad aqueja a más 800 millones de seres humanos. Recordamos la insistencia con la que durante y después de su mandato presidencial Patricio Aylwin planteó la necesidad de dar contenido a una "justicia social internacional". Su llamado contribuyó a la convocatoria de la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Social celebrada en Copenhague en marzo de 1995. Tras haber formado un gobierno de reconciliación nacional que permitió a Chile caminar por el sendero de la democracia y la legalidad, así como reinsertarse en el mundo, don Patricio presidió, por encargo del BID, la CEPAL y el P.N.U.D., la Comisión Latinoamericana y del Caribe sobre Desarrollo Social, que presentó a la Cumbre de Copenhague un importante informe sobre la pobreza y la desigualdad social en nuestra región. En la trayectoria de don Patricio Aylwin vemos un ejemplo. En su compromiso con el combate al hambre y la desnutrición, bien podemos hallar un referente ético que nos oriente a dar los pasos que hoy son necesarios para reconocer el derecho a la alimentación como un derecho humano incluso de igual jerarquía frente a los derechos civiles y políticos, tal y como fue previsto en su origen por la Carta de las Naciones Unidas y ha sido refrendado a través del Pacto de Derechos Económicos y Sociales. En su genuina preocupación como estadista se puede encontrar un ejemplo para establecer un compromiso duradero que permita hacer del derecho de cada ser humano a contar con alimentos en cantidad y calidad suficientes una realidad. En este compromiso ético frente al hambre y la desnutrición vemos un referente. Pues como señala Amartya Sen "resulta difícil entender una perspectiva de libertad que no tenga a la equidad como elemento central". También vemos en él a un estratega político con visión de largo plazo. Vemos en él al constructor de alianzas. Vemos en él al conciliador. Vemos al político capaz de animar coaliciones de futuro, a partir de grupos con visiones muy distintas. Y es ese mismo impulso, aquel que alguna vez sirvió al elevado propósito de la transición democrática en Chile, el mismo que debe hoy orientar a los gobiernos del mundo, a las organizaciones sociales, al sector privado y a los organismos internacionales a impulsar con decisión una Alianza Internacional contra el Hambre. Sumemos voluntades para combatir un problema de todos. Sumemos libertad con justicia. Justicia concreta que no es para administrar la miseria en economías estancadas ni para beneficiar a unos cuantos cuando se encuentra la senda del crecimiento. Justicia que no es concesión ni dádiva sino obligación sustantiva del Estado y su sociedad. Y libertad que es desarrollo. Muchas gracias. |
||||
|
OPINION | CENTRO DE PRENSA | EVENTOS PROYECTOS | REDES DE COOPERACION TECNICA | PUBLICACIONES PROGRAMAS ESPECIALES | CONVENIOS | ORGANOS ESTATUTARIOS |
|||||
|
©
1998-2002 Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la
Alimentación
|
|||||