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Agricultura orgánica y biodiversidad


Por cientos de años, la agricultura contribuyó de manera considerable a la diversidad de especies y de hábitats, dando origen a muchos de los paisajes de hoy. Sin embargo, durante el último siglo, la agricultura moderna intensiva, como consecuencia de los altos insumos de plaguicidas y fertilizantes sintéticos y de la especialización del monocultivo, ha tenido un impacto nocivo sobre la diversidad de los recursos genéticos de las variedades de cultivos y de razas de animales, sobre la diversidad de las especies silvestres de la flora y de la fauna y sobre la diversidad de los ecosistemas. La Lista Roja de especies en peligro de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN) del año 2000 resalta la pérdida del hábitat como la mayor amenaza a la que se enfrenta la biodiversidad, con las actividades agrícolas afectando al 70 por ciento de todas las especies de aves amenazadas y al 49 por ciento de todas las especies de plantas.

En 1996, como consecuencia del aumento de la pérdida de biodiversidad de la agricultura en una escala global, la Convención sobre Diversidad Biológica desarrolló un programa de trabajo sobre el tema. Este programa sostiene, entre otros conceptos, que se deben alentar aquellas prácticas agrícolas que detengan la degradación y restablezcan y aumenten la diversidad biológica, entre las que se encuentra la agricultura orgánica.

La agricultura orgánica depende de la estabilización de los agroecosistemas, del mantenimiento del equilibrio ecológico, del desarrollo de los procesos biológicos hasta su nivel óptimo y de relacionar las actividades agrícolas con la conservación de la biodiversidad. Las especies salvajes brindan una serie de servicios ecológicos dentro de los sistemas orgánicos: la polinización, el control de plagas y el mantenimiento de la fertilidad del suelo. Por tal motivo, niveles más elevados de biodiversidad pueden fortalecer las funciones esenciales para los sistemas agrícolas y, por ende, para el desempeño agrícola. La promoción del aumento de la biodiversidad funcional constituye una estrategia ecológica clave para lograr mantener la sostenibilidad de la producción en granjas orgánicas. Los sistemas orgánicos también utilizan menor cantidad de insumos externos y no usan fertilizantes químicos, plaguicidas, organismos genéticamente modificados ni medicamentos sintéticos. Por el contrario, los sistemas están diseñados para poder aplicarse en armonía con la naturaleza, con el fin de determinar los rendimientos agrícolas y la resistencia contra las enfermedades. La agricultura orgánica apunta a optimizar la calidad en todos los aspectos de la agricultura y del medio ambiente, mediante el respeto de la capacidad natural de las plantas, de los animales y del paisaje.

Por ejemplo, el control biológico de las plagas en las granjas orgánicas se basa en el hecho de mantener poblaciones sanas de predadores y parásitos de plagas. Un estudio que se llevó a cabo en California, en el que se comparaban los campos de tomates convencionales con los orgánicos, mostró la existencia de una mayor cantidad de enemigos naturales y una riqueza de especies más elevada en los campos de tomates orgánicos. No se registró una diferencia significativa por daño alguno en el follaje o en el fruto del tomate, lo que refleja que el sistema orgánico alcanza los mismos niveles de control de plagas sin tener la necesidad de aplicar plaguicidas químicos.

De esta manera, la agricultura orgánica está abocada y comprometida a la conservación y al aumento de la biodiversidad dentro de los sistemas agrícolas, tanto desde una perspectiva filosófica como desde el punto de vista pragmático de mantener la productividad.

Una gran cantidad de estudios científicos, en su mayoría de Europa y de América del Norte, demuestra que la biodiversidad en las granjas orgánicas es más elevada que en las convencionales. Por lo general, la biodiversidad se evalúa en tres niveles distintos:

  • La diversidad genética: la variación entre los ejemplares y entre las poblaciones dentro de una especie.
  • La diversidad de las especies: las distintas clases de plantas, de animales y de toda otra forma de vida dentro de una región o de una comunidad.
  • La diversidad del ecosistema: la variedad de hábitats que se encuentran dentro de un área (por ejemplo, praderas, pantanos y bosques).

Es así que en la agricultura orgánica, la biodiversidad es a la vez instrumento y objetivo. El equilibrio ecológico natural, debajo y arriba de la tierra, es importante a su éxito. Un suelo saludable es la base para la producción de alimentos; y la diversidad de plantas y animales previene plagas y enfermedades. Aunque la agricultura orgánica esta comprometida con la conservación y mejora de la biodiversidad, muchos sistemas hoy se limitan a la substitución de insumos. Para aprovechar el potencial real de la agricultura orgánica en la biodiversidad, se requiere un cambio más drástico en los sistemas de producción, basado en un mejor entendimiento de las funciones del ecosistema.

Ese es uno de los retos que tiene hoy día la agricultura orgánica para poder transformarse de un sistema productivo de una minoría hacia un sistema adoptado por la mayoría de los productores agrícolas. Ese podría ser también uno de los retos de ese Día de la Alimentación 2004 para hacer conciencia en los países latinoamericanos del potencial que tiene la agricultura orgánica para conservar la biodiversidad.

Para mayor información puede consultar la página Web de la FAO sobre Agricultura Orgánica en la siguiente dirección:
http://www.fao.org/organicag/default-s.htm

contacto: Florence Tartanac
Oficial de Agroindustria

 


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