![]() |
||||
|
|
Retos
para la pesca mundial de captura Por
Jorge Csirke, INTRODUCCION Hace 52 años, cuando la FAO (FAO, 1945) hizo su primer estudio sobre el estado de la pesca a nivel mundial, la producción pesquera marina ascendía a un total de 17.7 millones de toneladas. De éstas, el 94% (16.6 millones de toneladas) correspondía a desembarques provenientes del Atlántico y el Pacífico Norte, donde ya existían pesquerías bastante desarrolladas, con algunas pesquerías importantes que habían dado o estaban dando signos de sobre-explotación. Inclusive, informes técnicos de principios del presente siglo ya daban cuenta de la existencia de importantes pesquerías sobre-explotadas. Es decir, a pesar de desarrollo tecnológico todavía incipiente, ya desde ese entonces existían algunas pesquerías donde el número de embarcaciones, el número de pescadores y el esfuerzo de pesca aplicado eran mayores que el necesario, y se estaba tratando de capturar más de lo que era biológica y económicamente sostenible. Por ejemplo, algunas pesquerías de arenque, bacalao, eglefino, y salmón ya habían dado signos de sobre-explotación (como son la disminución excesiva de las tasas de captura y las tallas medias de los ejemplares capturados). Estas, en muchos casos, dieron también signos claros de recuperación luego de las paralizaciones forzadas de la pesca causadas por las dos guerras mundiales. Los casos de estas pesquerías representaron así una confirmación empírica del efecto contraproducente de la pesca excesiva y, luego, del efecto beneficioso de cierto tipo de medidas de regulación pesquera. También, es interesante señalar que casi un tercio del total desembarcado en esa época era destinado a la producción de harina y aceite de pescado. Proporción que, como podremos constatar de las estadísticas actuales de captura por tipo de utilización, no ha cambiado mucho con el desarrollo reciente de la pesca mundial. Aunque ha habido una cierta variabilidad en el porcentaje de las capturas mundiales que son destinadas a la producción de harina y aceite de pescado, este se ha mantenido alrededor del 30% en los últimos años. Hace medio siglo ya se reconocía que había algunos recursos pesqueros importantes que estaban siendo sobre-explotados, pero también se daba cuenta del tremendo potencial de desarrollo de la pesca a nivel mundial. En los estudios de la época se señalaban las posibilidades de aumentar las capturas mediante la explotación de recursos poco o virtualmente no explotados en las zonas tradicionales de pesca del Atlántico Norte, del Pacífico Norte, del Océano Indico y de otras áreas, pero, sobre todo, se llamaba la atención al gran potencial de captura de zonas que en ese entonces eran poco exploradas y prácticamente inexplotadas. Entre éstas, destacaban las zonas frente a las costas de centro y sur América, especialmente frente a Perú y Chile, en el Caribe, frente a las costas occidentales de África y alrededor de Australia, Nueva Zelanda, y las Islas del Pacífico Sur. Estas regiones del mundo son precisamente las que han contribuido al mayor incremento de las capturas mundiales en los últimos años. Años más tarde, en 1971, cuando la captura total de especies marinas estaba bordeando los 60 millones de toneladas por año, la FAO (Gulland, 1971) estimó que el potencial pesquero mundial, basando en la explotación de las especies marinas de interés comercial conocidas, era de 100 millones de toneladas por año. Estudios más recientes tienden a confirmar y precisar más esta cifra. DESARROLLO DE LA PESCA La producción pesquera marítima mundial ha tenido un rápido crecimiento en los últimos decenios. En el decenio de los años 1950 la pesca marítima aumentó con una tasa de crecimiento promedio del 6.8% anual, la que subió al 7.4% en el decenio de los años 1960. Esta tasa de crecimiento bajó al 1.7% anual en el decenio de los años 1970 - sobre todo por el fuerte descenso de la captura de anchoveta peruana (Engraulis ringens) - y luego aumentó a 3.6% anual en la década de los años 1980, sobre todo debido a las mayores capturas de 5 especies principales: el colín de Alaska (Theragra chalcogramma), el jurel chileno (Trachurus murphyi), la anchoveta peruana (E. ringens), la sardina japonesa (Sardinops melanostictus) y la sardina sudamericana (S. sagax). En lo que va del presente decenio, la producción marítima pesquera ha aumentado a una tasa promedio del 1.8% anual, que la ha llevado a un total de 91.90 millones de toneladas en 1995. De estas, 7.16 millones de toneladas son producto de la acuacultura marina y 84.74 millones de toneladas son capturas marinas propiamente dichas. Más del 54% de estas capturas mundiales corresponden a especies pelágicas, donde destacan especies como la anchoveta peruana y el arenque del Atlántico, la sardina japonesa, la sardina sudamericana, la caballa y el jurel chileno, entre otras. El 20% de las capturas marinas mundiales corresponde a especies demersales, donde destacan el colín de Alaska, el bacalao del Atlántico, el eglefino, los lanzones o ammodytes, el carbonero y las merluzas, congrios y otras especies. Otras especies de peces, crustáceos y moluscos representan el 26% restante. Debido a su tamaño y características organolépticas, y la capacidad de rendir altos volúmenes de producción por unidad de área y tiempo o costo de operación, son las especies pelágicas las que con mayor frecuencia son utilizadas para la producción de harina y aceite de pescado. También, son las capturas de especies pelágicas las que han mostrado la más alta tasa de crecimiento en los últimos decenios, aunque todo parece indicar que los volúmenes de captura tenderán a estabilizarse, e inclusive podrían disminuir en los próximos años. Como ya ha ocurrido desde hace un par de decenios con las capturas de crustáceos y peces demersales. La proporción entre peces pelágicos y peces demersales tiende a cambiar de un océano a otro y es de destacar que esta proporción es mucho más alta, y en los años pasados ha tenido una clara tendencia ascendente en el Mediterráneo y el Mar Negro, donde ha alcanzado valores de hasta 3.4 a 1, con 2.1 a 1 en 1994. Estos valores son mucho mayores que los encontrados para el Océano Atlántico, el Océano Pacífico y el Mar Indico. En parte, los valores tan altos en la relación pelágicos/demersales para el Mediterráneo y el Mar Negro son una consecuencia combinada de la sobre-explotación y consecuente disminución de muchos de los recursos demersales y el proceso de eutroficación por el aporte de fertilizantes agrícolas y otras descargas de origen urbano e industrial que han contribuido a un aumento de la productividad de estos mares cerrados en beneficio de las poblaciones pelágicas costeras. En el Océano Pacífico tienden también a predominar los peces pelágicos, debido principalmente a la existencia de plataformas continentales relativamente más angostas que en los otros océanos, y la presencia de importantes zonas de afloramiento costero que favorece el crecimiento y desarrollo de recursos pelágicos. En los últimos años, la producción pesquera mundial total aumentó de 86.58 millones de toneladas en 1985, a 97.97 millones de toneladas en 1990 y a 112.91 y 115.90 millones de toneladas respectivamente en 1995 y 1996. Buena parte de este aumento se debió a la acuacultura, tanto marítima como en aguas continentales, que en total ha subido de una producción total de 8 millones de toneladas en 1985 a 21 millones de toneladas en 1996. Como sabemos, la acuacultura es uno de los principales consumidores de la harina de pescado producida por la pesca de captura. La pesca total de captura también aumentó, de 78.85 millones de toneladas en 1985 a 92.10 millones de toneladas en 1994, para disminuir ligeramente, a 91.97 millones de toneladas en 1995. Ello debido principalmente a la fluctuación de la pesca marítima de captura, que luego de aumentar de 73.20 a 85.29 millones de toneladas entre 1985 y 1994, disminuyó ligeramente, a 84.74 millones de toneladas en 1995. Se estima que la pesca marítima de captura se mantendrá alrededor de los 85 millones de toneladas en 1996 y 1997, con una alta probabilidad de que disminuya nuevamente en 1998 si los efectos del fenómeno de El Niño 1997-98 se demuestran tan intensos como anticipado por algunos expertos. PERSPECTIVAS Y RETOS Como vemos, con sus 85 millones de toneladas por año, la pesca marítima de captura ya está alcanzando su máximo potencial de 100 millones de toneladas estimado hace unos años. Por lo tanto, las posibilidades de expansión en base al aumento directo de los volúmenes de producción son bastante limitadas. Sobre todo, si se considera la posibilidad de expandir las capturas de especies tradicionales, aunque el aumento de las capturas de especies no tradicionales también tiene sus problemas y limitaciones. La mayor parte del potencial de expansión de las capturas marinas mundiales se basa en la posibilidad de desarrollo de pesquerías que al momento parecen poco viables. Este es el caso de los recursos de mictófidos o peces linterna, el krill Antártico, y algunas poblaciones de cefalópodos que todavía se mantienen como poco o no explotadas, aunque tienen un potencial teórico de captura de varias decenas de millones de toneladas. Sin embargo, su desarrollo como pesquerías de esa magnitud esta limitado por diversas consideraciones de tipo tecnológico y económico, aunque también podrían tener cierta influencia otras consideraciones, de tipo ecológico o de opinión pública, basados en criterios de conservación o en otras motivaciones. Además, de concretarse, el desarrollo de estas pesquerías tendrá que hacer frente a retos y restricciones semejantes a los que tienen y tendrán que hacer frente las pesquerías tradicionales. Entre éstos, podemos identificar varios tipos de retos y restricciones que son característicos de la pesca de captura, y que se refieren a:
Estado de explotación y viabilidad de la pesca De la revisión periódica del estado de los recursos pesqueros mundiales que hace la FAO (FAO, 1995, 1996 & 1997), se deduce que aproximadamente el 70% de los recursos pesqueros mundiales sobre los cuales se tiene información se encuentran ya plenamente explotados, están sobre-explotados o han sido deprimidos por la pesca excesiva. Del 30% restante, la gran mayoría se encuentra moderadamente explotada, existiendo muy pocas poblaciones que se puedan definir claramente como sub-explotadas, y menos aún al estado virgen. Paralelamente, de un análisis reciente del grado de desarrollo de las principales pesquerías mundiales se estimó (Grainger y Garcia, 1996) que el 35% de las 200 principales pesquerías del mundo habían alcanzado o se encontraban en un estado de decadencia (con rendimientos decrecientes), el 25% había alcanzado su fase de maduración (con rendimientos muy próximos a los máximos sostenibles) y el 40% estaban todavía desarrollándose, con un porcentaje despreciable de pesquerías en estado de sub-desarrollo. Como vemos, la situación ha cambiado significativamente con respecto a lo que se observaba hace unos 20 ó 30 años, cuando todavía se daba cuenta de una cierta cantidad de recursos vírgenes o virtualmente inexplotados.Esta situación indica que las posibilidades de aumentar efectivamente la producción pesquera mundial son limitadas. Inclusive, debido al alto número de poblaciones silvestres plenamente explotadas, sobre-explotadas o seriamente deprimidas, hay la posibilidad de que la producción pesquera mundial pueda disminuir si no se toman algunas acciones correctivas y medidas adecuadas de ordenación pesquera para recuperar y/o elevar la abundancia de las poblaciones deprimidas o sobre-explotadas, y para mantener la producción de aquellas que ya se encuentran plenamente explotadas. Este, en concreto, es el primer reto que tiene la pesca mundial de captura en el futuro. Es decir, mantener la producción de aquellas poblaciones silvestres que se encuentran plenamente explotadas, y recuperar aquellas poblaciones deprimidas o sobre-explotadas. En segundo lugar está el reto de incorporar a las cadenas productivas de la pesca mundial a aquellas pocas poblaciones marinas que todavía se mantienen como recursos no explotados, o muy poco explotados. En el primer caso, para el mantenimiento de la producción de las poblaciones silvestres plenamente explotadas y la recuperación de aquellas que están deprimidas por la sobre-explotación, se requiere de la adopción y aplicación de medidas adecuadas y muy concretas de ordenación pesquera. En el segundo caso la tarea es no menos difícil, ya que se trata de desarrollar pesquerías que se demuestren tecnológica y económicamente viables, y ambiental y ecológicamente aceptables. Dadas las nuevas orientaciones y prioridades del desarrollo sostenible, en todos los casos será necesario tomar en cuenta no solamente la condición de las poblaciones que se explotan y su utilización, sino también la conservación del ambiente, el efecto que tiene o puede tener la pesca sobre el medio ambiente y otras especies del ecosistema, así como el efecto de las condiciones cambiantes de clima. Condiciones que ahora reconocemos tienen un efecto determinante en la fluctuación y productividad de muchas poblaciones de peces. Para asegurar un aumento de la producción pesquera mundial o para, por lo menos, asegurar su mantenimiento a los niveles actuales, será indispensable introducir mejoras en la investigación, la ordenación y la utilización de los recursos pesqueros, prestando la debida atención a los impactos e interacciones con el ambiente, a los cambios más recientes en los acuerdos y disposiciones internacionales, así como a las nuevas corrientes de opinión y áreas de interés y presión internacional que, en algunos casos, pueden frenar el ulterior desarrollo de la pesca de captura y la acuacultura. Sobre todo cuando exista la percepción de que este desarrollo podría dañar el ambiente, la bio-diversidad, la conservación de especies protegidas, o la calidad de la vida de uno a más grupos de interés dentro de la población mundial. Por ello, para aumentar la producción pesquera mundial se requeriría no solamente expandir las actividades productivas. Será también necesario que tanto a nivel nacional como a nivel internacional se desarrollen y apliquen mejores medidas y sistemas de monitoreo de las pesquerías y del estado de los recursos pesqueros, y que los gobiernos y operadores de la pesca sean más efectivos en reducir la presión de pesca en pesquerías sobre-dimensionadas, reducir los descartes o desperdicios, y reducir los efectos no deseables de la pesca (incluida la acuacultura) sobre el ambiente y/o sobre otras especies no objetivo o que están protegidas. Esto incluye el adoptar, cumplir y hacer cumplir una serie de medidas y dispositivos legales que puede tener alcances nacionales o internacionales, y que ya han sido o están siendo discutidos en diversos foros. Fuentes de preocupación nacional e internacional En los últimos años hemos sido testigos de una serie de iniciativas que han tenido resonancia internacional, y que han estado dirigidas a controlar o reducir el impacto de la pesca en áreas donde se producen o se sospecha que se producen interacciones negativas entre la pesca y otras poblaciones de especies marinas, como las tortugas marinas, los delfines, focas, lobos, ballenas y otros mamíferos marinos, los albatros, pingüinos, cormoranes y otras aves marinas, los tiburones, etc. En algunos casos, aunque no siempre, estas poblaciones de peces, reptiles, aves o mamíferos marinos han estado en peligro de extinción o han sido seriamente deprimidas por la explotación directa o indirecta, y por ello, en opinión de uno o más grupos de interés, merecen o deben ser protegidas. En algunos casos, estas iniciativas que tienen el objetivo loable de proteger a cierto grupo de especies, e inclusive al hombre, tienen o han tenido algunos efectos colaterales no siempre deseables sobre la pesca, o el mismo ecosistema que tratan de proteger. Así, también, el desarrollo de ciertas pesquerías ha tenido efectos negativos sobre otras especies no objetivo y sus pesquerías, o sobre el posible desarrollo de otras actividades económicas como el turismo y el desarrollo urbano o industrial que, muchas veces, pueden encontrar en la pesca y los centros pesqueros un obstáculo para su expansión. Por ejemplo, se dice que la moratoria impuesta a la caza de ballenas y otros mamíferos marinos ha llevado al aumento efectivo de las poblaciones de muchas de estas especies, con el consiguiente aumento de los avistamientos en ciertas zonas costeras, donde el turismo ecológico orientado a la observación de la naturaleza ha desplazado, frenado, o hecho redundante el desarrollo de las actividades de pesca. Así mismo, el aumento de las poblaciones de ballenas ha incrementado la presión bajo forma de una mayor mortalidad natural por predación, sobre los recursos de krill, calamares, y otros organismos marinos que les sirven de alimento. Esto sin lugar a dudas reducirá el potencial de captura de estas poblaciones, y podría inclusive llegar a frenar el posible desarrollo de estas pesquerías si se opta por asegurar a las ballenas y otros mamíferos marinos una adecuada provisión de alimento natural. Algo parecido podría ocurrir en los casos de poblaciones de pingüinos y otras aves y animales marinos que, seguro justamente, diversos movimientos de opinión tratan de proteger y reconstituir. Las medidas de protección de los delfines en las pesquerías de atún con redes de cerco también han tenido el efecto esperado de reducir considerablemente la mortalidad de estos mamíferos marinos, aunque ello ha contribuido a encarecer y hacer más difícil las operaciones de pesca. Privilegiándose además la pesca de atún con palangre, que tiende a capturar un mayor porcentaje de individuos de tallas pequeñas y juveniles. Los dispositivos para proteger y asegurar el escape de las tortugas de las redes de arrastre de camarón también han demostrado ser efectivas en la protección de las tortugas marinas, aunque tienden a hacer menos rentables y más laboriosas las faenas de pesca de camarón, tanto por la disminución de la fauna de acompañamiento utilizable, como por la operación y el costo adicional de los nuevos aditamentos. Estos son sólo algunos ejemplos de cómo ciertas disposiciones o acuerdos internacionales que tienden a mejorar la condición del medio ambiente y la conservación de especies marinas pueden tener, a corto o mediano plazo, un efecto negativo en el crecimiento y desarrollo de algunas pesquerías. Sin entrar en el mérito de estas medidas, es de destacar que estas reflejan sólo algunas de las tendencias de opinión y política internacionales que seguramente continuarán influenciado el desarrollo de la pesca en los próximos años. Por ello, los planes de expansión de la pesca de captura y la acuacultura deberán dar mayor atención a los aspectos no estrictamente productivos y de rentabilidad, como son aquellos dictados por la creciente preocupación e interés internacional por los aspectos ecológicos y ambientales. En la misma línea, más recientemente, se han producido algunos movimientos de opinión, sobre todo en el norte de Europa, contra algunas pesquerías pelágicas dedicadas a la producción de harina y aceite de pescado del tercer mundo, acusándolas de capturar grandes volúmenes de jureles, sardinas y otras especies comestibles para alimentar aves, cerdos, camarones y otros animales en países desarrollados o destinados a los países desarrollados, privando así de una fuente importante de proteínas a los sectores menos privilegiados en los países de origen. Aunque válidas en su origen, posiciones de este tipo no parecen tener debidamente en cuenta algunos factores socioeconómicos, nutricionales, de distribución y abundancia de los recursos pesqueros, de las posibilidades de captura, procesamiento y distribución, balanza de pagos, así como de la ley de la oferta y la demanda y otras leyes de mercado, que por lo general son las que rigen la marcha de toda actividad productiva. Como medio para hacer frente a esta nueva orientación de la política internacional y las corrientes de opinión con respecto a la conservación del ambiente y los recursos naturales, se ha planteado el establecimiento de un sistema de ecocertificación. El mismo tendría por finalidad garantizar que los productos pesqueros provengan de recursos que han sido explotados siguiendo los criterios comúnmente aceptados de explotación racional y pesca responsable, y en el pleno respecto del ambiente y en ecosistema que los rodea. Aunque hay algunas dudas y incertidumbres sobre los aspectos legales, de autoridad, objetividad e independencia, relativos a los mecanismos y procedimientos para acordar esta ecocertificación, se reconoce que un sistema supervisor de este tipo podría servir para mejorar el estado de explotación en que se encuentran muchos recursos pesqueros, y para mejorar las prácticas de ordenación pesquera en vigor en muchos países. Ambiente La variabilidad del ambiente que hace fluctuar en forma impredecible la abundancia y posibilidades de captura de muchos recursos pesqueros es otra fuente de incertidumbre y riesgo importante, y a pesar de ello tiende a ser pasada por alto en los programas de inversión y desarrollo de la pesca de captura. Muchas veces con consecuencias desastrosas. Al hablar de la pesca y los factores ambientales en pleno bienio 1997-98 no podemos dejar de referirnos a un fenómeno que ha marcado el desarrollo y la forma de analizar y enfocar algunas de las pesquerías más importantes del mundo. Me refiero al fenómeno de El Niño, que es con seguridad el fenómeno ambiental que en la historia reciente ha causado los impactos mayores y mejor definidos sobre los volúmenes de pesca mundial, sobre todo por su influencia sobre los recursos pesqueros y la pesca en el Pacífico oriental tropical y sub-tropical. El Niño, como todo cambio climático, tiene algunos efectos negativos y otros positivos sobre la pesca y los recursos pesqueros, y estos lógicamente dependerán de las áreas y las especies que se tomen en cuenta, y del estado de explotación en que se encuentren y las medidas de ordenación pesquera que se adopten. Sin embargo, por su efecto negativo sobre algunos recursos pelágicos importantes con una contribución significativa a la producción mundial, el balance en términos de producción total suele ser negativo. Por ejemplo, hay numerosas evidencias y estudios que indican que las poblaciones de anchoveta peruana (Engraulis ringens) que se explotan en Perú y Chile, y que por muchos años han representado la principal fuente de materia prima para la producción de harina y aceite de pescado en estos dos países, son afectadas seriamente por los fenómenos de El Niño. También hay evidencias de que la gravedad y duración de estos efectos están estrechamente relacionados con la intensidad y duración del fenómeno, así como con el nivel de explotación al que se sometan estas poblaciones. Es así que fenómenos de poca intensidad y/o breve duración como los de 1963, 1965, 1986, han tenido efectos negativos menores sobre la anchoveta, los que se manifestaron sobre todo en cambios de breve duración en la distribución de los cardúmenes y ligeras caídas en los niveles de biomasa y las capturas. Sin embargo, ahora sabemos que fue la acción combinada de la sobre-pesca y las fuertes anomalías causadas por el fenómeno de El Niño de 1972-73 lo que causó el colapso de la pesquería de anchoveta a principios de los años 1970s, causando una marcada disminución de los niveles de biomasa y de las capturas que duró varios años. A consecuencia de ello, la población de anchoveta peruana se encontrara ya seriamente deprimida, y a un nivel poblacional sumamente bajo cuando ocurrió el fuerte fenómeno de El Niño 1982-83, que redujo a la población de anchoveta a sus mínimos históricos, haciendo temer por la su eventual recuperación (Csirke et al, 1996; Csirke & Gumy, 1996). Bajo estas circunstancias, es muy probable que las poblaciones de anchoveta peruana que se capturan en el Pacifico Sud-oriental sean afectadas muy seriamente por el fenómeno de El Niño 1997-98, y que se produzca una marcada disminución de sus niveles de biomasa y las capturas consiguientes. Aunque el fenómeno esta todavía en pleno proceso de desarrollo, ya se han observado claros cambios en la distribución y fallas en el reclutamiento, con la consiguiente disminución de las biomasas y las posibilidades de pesca. Dada la intensidad del fenómeno de El Niño 1997-98 todavía en curso, es de esperar una disminución en las capturas de algunas otras especies importantes, sobre todo de sardinas, anchovetas y otros pelágicos menores en el Pacífico Centro y Sur-oriental, muchos de los cuales se utilizan para la producción de harina y aceite de pescado. En menor grado también es de esperar que se afecten las capturas de otras especies pelágicas, como atunes, picudos, dorados, etc., además de una serie de especies demersales y costeras de menor importancia relativa a nivel global. Hay además otras fuentes de variabilidad ambiental que son mucho más difíciles de definir e identificar, de duración y periodicidad no bien conocida o documentada y que, sin embargo, causan grandes fluctuaciones en los recursos pesqueros. Entre estos estan los que ahora se conocen como los cambios decadales, de una duración y amplitud más amplia. Se ha hablado tambien de la sincronia en la fluctuación de algunas poblaciones en regiones muy apartadas entre si, las que, de estar relaciuonadas, reforzarín la teoria de una teleconección por via ambiental. Sin embargo, en todos los casos, el efecto de la pesca se suma al posible efecto de los cambios ambientales sobre los recursos, haciendo que algunas causas de fluctuación de las capturas y los colapsos de algunas pesquerías se potencien o magnifiquen. Por lo general, la pesca excesiva, al sumarse al efecto del ambiente, hará que las fases de incremento de la abundancia de los recursos sean menos marcadas, y se trunquen o reviertan antes. Hará también que las fases de declinación se adelanten y la abundancia decline mas rápidamente, haciendo además que los períodos de baja abundancia sean mas pronunciados y prolongados.
REFERENCIASCsirke, J., R. Guevara-Carrasco, G. Cárdenas, M. Ñiquen & A. Chipollini, 1996. Situación de los recursos anchoveta (Engraulis ringens) y sardina (Sardinops sagax) a principios de 1994 y perspectivas para la pesca en el perú, con particular referencia a la región norte y centro de la costa peruana. Bol. Inst. Mar Perú, Callao, 15(1): 1-23.Csirke, J. & A. A. Gumy, 1996. Análisis bioeconómico de la pesquería pelágica peruana dedicada a la producción de harina y aceite de pescado. Bol. Inst. Mar Perú, Callao, 15(2): 25-68. FAO, 1945. Five technical reports on food and agriculture: fisheries. Report of the Technical Committee on Fisheries. Submitted to the United Nations Interim Commission on Food and Agriculture. Washington: pp 175-216. FAO, 1995. Review of the state of the world fishery resources: marine fisheries. FAO Fisheries Circular No. 884: 105p. FAO, 1996. Examen de la situación de los recursos pesqueros mundiales. Recursos marinos. FAO Documento Técnico de Pesca No. 335: 147 p. FAO, 1997. Review of the state of world fishery resources: marine fisheries. FAO Fisheries Circular No. 920: 173p. Grainger, R.J.R. & S. Garcia, 1996. Chronicles of marine fishery landings (1950-1994): trend analysis and fisheries potential. FAO Fisheries Technical paper No. 359: 51p. Gulland, J.A. (ed.), 1971. The fish resources of the ocean. Fishing News (Books) Ltd.: 255p
OPINION | CENTRO DE PRENSA | EVENTOS PROYECTOS | REDES DE COOPERACION TECNICA | PUBLICACIONES PROGRAMAS ESPECIALES | CONVENIOS | ORGANOS ESTATUTARIOS | |||
|
© 1998 - 2002
Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación
|
||||