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27a Conferencia Regional de la FAO
para América Latina y el Caribe, La Habana Cuba

por Cristián Becerra
Programa de Jóvenes Profesionales

La importancia de la Conferencia Regional de la FAO radica en permitir el delineamiento del plan de acción de la Oficina Regional durante el período de los próximos dos años acorde a las necesidades de los países miembros, planteadas a través de sus Ministros de Agricultura. Uno de los puntos importantes de esta 27a Conferencia Regional fue la ratificación de las cuatro áreas prioritarias identificadas en la 26a conferencia regional, del año 2000 celebrada en Mérida, México, y las cuales también han sido identificadas en otras regiones. Estas son: seguridad alimentaria, sustentabilidad de los recursos naturales, condiciones del comercio internacional, y la construcción de alianzas productivas para el desarrollo rural.

Los temas más relevantes de las recomendaciones que se hicieron, tienen que ver con un comercio internacional agropecuario más justo, el desarrollo de alianzas productivas, el establecimiento por parte de la FAO de un fondo fiduciario para la seguridad alimentaria y la inocuidad de los alimentos como una manera fomentar la movilización de recursos, y la importancia de lanzar una alianza mundial contra el hambre.

En su discurso el Director General de la FAO indicó que durante los próximos años la mundialización y liberalización de los mercados agrícolas, los movimientos de capital y el desarrollo tecnológico representan desafíos para que los países en desarrollo sean capaces de mejorar las condiciones de vida de su población. En este contexto, consideró imprescindible que la nueva ronda de negociaciones que se está desarrollando en el ámbito de la OMC, ofrezca a los países en desarrollo mayores oportunidades de participar en un comercio internacional más justo.

Durante la conferencia se enfatizó que los subsidios a la agricultura en los países desarrollados y las barreras que estos mismos países ponen al comercio internacional juegan un papel esencial en las dificultades para lograr la trayectoria necesaria en función de las metas planteadas en la Cumbre Mundial sobre la Alimentación. Los excedentes de producción originados por los subsidios provocan la caída en los precios de los productos agrícolas, lo que desalienta la inversión productiva en el sector y por lo tanto provoca un menor ritmo de crecimiento, menores ingresos y mayores dificultades de acceso a los alimentos. Este mismo proceso se ve agravado por las dificultades adicionales que enfrentan los países de la Región para participar en los mercados altamente protegidos de los países desarrollados. Se recalcó que para alcanzar las metas de la Cumbre Mundial sobre la Alimentación es indispensable la eliminación de los subsidios a la agricultura en los países desarrollados, e introducir cambios profundos en el sistema de comercio mundial para lograr superar los obstáculos que actualmente plantea un mundo globalizado, tomando en cuenta los intereses de los países en desarrollo importadores de alimentos y de los países menos adelantados.

Se atribuyó fundamental importancia a este tema para los países de América Latina y el Caribe y señaló que el logro de un sistema de comercio más libre y equitativo puede apoyar el desarrollo económico en la Región y por lo tanto contribuir a resolver los problemas de seguridad alimentaria, desarrollo rural y generación de empleo. El comercio internacional constituye un componente básico del desarrollo y el logro de la competitividad en los sistemas productivos exige flujos de recursos financieros y técnicos, así como la formación de capacidades que pueden verse altamente favorecidas a través de la cooperación internacional, tanto de las agencias especializadas como entre países.

En este marco se recalcó que las actuales condiciones de globalización e integración de mercados plantean nuevos desafíos a los controles sanitarios. La conferencia recomendó que la FAO favorezca el desarrollo de capacidades nacionales, subregionales y regionales, tanto técnicas como de servicios de laboratorio y otros instrumentos sanitarios, a fin de enfrentar de mejor manera los requisitos de inocuidad de alimentos, equivalencias y otros aspectos sanitarios que inciden en la comercialización. Con esta finalidad, recomendó la instrumentación de proyectos de cooperación en estos ámbitos, coordinando las acciones con los organismos internacionales especializados.

Se reconoció la importancia del establecimiento de alianzas estratégicas para la mejor inserción de los productores agrícolas en las cadenas productivas y enfrentar mejor los problemas de acceso a mercados, las dificultades de financiamiento, la falta de infraestructura, el limitado acceso al desarrollo tecnológico y la deficiente capacidad institucional. Las alianzas productivas pueden acercar a los agricultores con los consumidores, favoreciendo así una mayor participación de los productores agrícolas en el proceso de agregación de valor.

La FAO deberá asistir a los países en la realización de estudios prospectivos sobre acciones para el desarrollo de cadenas productivas, a través de talleres, reuniones y eventos con los actores representativos de las esferas gubernamentales, empresariales, y la participación de los pequeños productores que propicien de manera efectiva las relaciones de intercambio entre los diversos actores. Además deberá impulsar oportunidades de negocios e inversiones entre los pequeños productores organizados, para mejorar los niveles de competitividad, a través de la promoción de foros y rondas de negocios, así como incentivar el establecimiento de centros de gestión empresarial entre asociaciones de pequeños productores y/o agroempresas, orientados particularmente a la formación técnica y al desarrollo de capacidades negociadoras de los propios agentes productivos.

Se acordó instar a los gobiernos de los países de la región para que con la asistencia de la FAO instrumenten políticas coherentes en la formación de alianzas productivas, considerando el efecto sinérgico positivo que generan los diferentes tipos de alianza cuando se aplican con equidad.

Para satisfacer los requerimientos de financiamiento del desarrollo necesario para alcanzar las metas de seguridad alimentaria, la Conferencia planteó que es necesario incrementar tanto los fondos privados como los recursos públicos. Con este fin hay que establecer alianzas estratégicas y perfilar mecanismos e incentivos apropiados para movilizar financiación pública y privada, con arreglo a dos líneas principales de actuación:

  • fortalecimiento de la voluntad política mediante alianzas para la seguridad alimentaria y el desarrollo rural, en las que participen todos los sectores de la sociedad: los gobiernos, el sector privado y las organizaciones de la sociedad civil;
  • movilizar fondos privados y públicos hacia el desarrollo agrícola y rural, a fin de invertir la tendencia negativa de la asistencia bilateral para el desarrollo exterior, que descendió un 43 por ciento en términos reales entre 1990 y 1999, y la proporción de la cartera del Banco Mundial y las instituciones financieras regionales, que registró un retroceso del 40 por ciento en el mismo período.

La ampliación del financiamiento privado interno podría favorecerse a través de un estímulo a la inversión derivado del mejor acceso a los mercados. Por otra parte, el financiamiento público debe ser analizado para favorecer una mayor eficiencia en el gasto. A este respecto, la FAO estableció el pasado año un Fondo Fiduciario para la Seguridad Alimentaria y la Inocuidad de los Alimentos de carácter especial. Este desempeñará una función catalítica en el aumento de las inversiones en el desarrollo agrícola y rural, mediante proyectos piloto de producción de alimentos y generación de ingresos en las comunidades rurales pobres, como por ejemplo:

  • programas para la erradicación de las plagas y enfermedades transfronterizas de los animales y las plantas;
  • transferencia de tecnología, en particular mediante la cooperación Sur-Sur;
  • fortalecimiento de la capacidad para preparar estudios de viabilidad de proyectos financiables.

El Fondo Fiduciario ha conseguido hasta ahora movilizar un 20 por ciento de la contribución voluntaria establecida como objetivo, de 500 millones de dólares EE.UU. Se espera que participen tanto los países desarrollados como en desarrollo, naturalmente de acuerdo con sus medios y sus compromisos políticos, a fin de asegurar que este fondo sea verdaderamente universal.

Finalmente, en la conferencia se dio a conocer la propuesta de crear una Alianza Mundial Contra el Hambre que asegure el cumplimiento de las metas de la Cumbre Mundial sobre la Alimentación. Esta gran coalición no sólo debe convocar la acción de los gobiernos y los estados, sino también incorporar la creatividad y la energía moral de las sociedades y los pueblos de América Latina y el Caribe. Para alcanzar una operación eficaz en la Alianza Mundial Contra el Hambre, es necesario lograr un compromiso de recursos financieros específicos, es decir, un porcentaje del Producto Nacional Bruto de los países desarrollados destinado específicamente al combate del hambre. Dicho compromiso debería tener un orden de magnitud correspondiente a la dimensión del problema. La ayuda para esta finalidad debería ser canalizada a través de Naciones Unidas, en particular, a través de la FAO, evitándose condicionalidades políticas. Los recursos se asignarían por regiones y países, de acuerdo a la incidencia de la pobreza. La utilización de estos recursos sería supervisada por la FAO, a través de los mecanismos que se consideren adecuados. Además, estos recursos se someterían a un estricto sistema de monitoreo y se evaluaría su impacto en la reducción del hambre.

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